Cultura
El público perfecto para Fernando de León
Fernando de León, es también autor de ''Apuntes para una novísima arquitectura''
GUADALAJARA, JALISCO (09/MAY/2012). - La primera actividad del quinto Foro de Novela Negra está por comenzar: la presentación del libro Mudo espío, del tapatío Fernando de León. Son las siete de la tarde -del pasado martes-, el calor ya cedió al viento, que mueve las hojas en el segundo patio del Museo de la Ciudad, ubicado en Independencia 684.
El escritor, quien desde hace tres años radica en la Ciudad de México, mira a los asistentes -más de 20 personas- mientras espera la indicación para pasar al estrado, donde estará acompañado por otro autor, Mariño González, y la organizadora del encuentro de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Vanessa García Leyva.
En las primeras filas, pero no en la primera ni en la segunda, están sentados tres niños -los hermanos Saavedra: Álvaro, de seis años; Juan Pablo, de siete; y Luis Antonio, de 11-, quienes actúan como el mejor de los públicos en una presentación literaria: guardan silencio y están atentos.
Ellos revisan el programa del encuentro, impreso en una hoja puesta sobre un palito de madera, que como una paleta funciona de abanico. Guardan silencio, cuando De León pasa al estrado para hablar de sus cuentos, pero antes es turno para que Mariño González comente Mudo espío.
González revela el final de uno de los relatos, pero advierte que su acto no borrará la sorpresa de los lectores, "pues lo que ahí se devela es a penas una pequeñísima trama de las contenidas en Mudo espío".
Los niños comentan algo para sí mismos, pero el comentario ni siquiera se alcanza a escuchar en la otra fila. Actúan como los adultos cuando destacan o critican algo que ocurre en el estrado.
De León, autor también de Apuntes para una novísima arquitectura, toma la palabra y consigue la atención total de los tres pequeños.
El invitado al encuentro dice que debería "estar contraindicado que los escritores hablen de su libro porque distorsionaría una imagen, que de principio no se tiene. Incluso, podría empezar a decir que se llama -el libro- Mudo espío por unos poemas de Carlos Pellicer".
Álvaro, Juan Pablo y Luis Antonio no parecen niños, pues no corren ni juegan con las hojas de los árboles; ellos permanecen sentados, asienten a las palabras del escritor y como los mejores asistentes a las presentaciones del libro: aplauden y no preguntan porque todo está claro.
Al finalizar, la madre de los niños les compra un ejemplar. Los tres van con el autor para la firma del libro. De León es su tío y ellos el mejor público.
EL INFORMADOR / MAYRA TORRES
El escritor, quien desde hace tres años radica en la Ciudad de México, mira a los asistentes -más de 20 personas- mientras espera la indicación para pasar al estrado, donde estará acompañado por otro autor, Mariño González, y la organizadora del encuentro de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Vanessa García Leyva.
En las primeras filas, pero no en la primera ni en la segunda, están sentados tres niños -los hermanos Saavedra: Álvaro, de seis años; Juan Pablo, de siete; y Luis Antonio, de 11-, quienes actúan como el mejor de los públicos en una presentación literaria: guardan silencio y están atentos.
Ellos revisan el programa del encuentro, impreso en una hoja puesta sobre un palito de madera, que como una paleta funciona de abanico. Guardan silencio, cuando De León pasa al estrado para hablar de sus cuentos, pero antes es turno para que Mariño González comente Mudo espío.
González revela el final de uno de los relatos, pero advierte que su acto no borrará la sorpresa de los lectores, "pues lo que ahí se devela es a penas una pequeñísima trama de las contenidas en Mudo espío".
Los niños comentan algo para sí mismos, pero el comentario ni siquiera se alcanza a escuchar en la otra fila. Actúan como los adultos cuando destacan o critican algo que ocurre en el estrado.
De León, autor también de Apuntes para una novísima arquitectura, toma la palabra y consigue la atención total de los tres pequeños.
El invitado al encuentro dice que debería "estar contraindicado que los escritores hablen de su libro porque distorsionaría una imagen, que de principio no se tiene. Incluso, podría empezar a decir que se llama -el libro- Mudo espío por unos poemas de Carlos Pellicer".
Álvaro, Juan Pablo y Luis Antonio no parecen niños, pues no corren ni juegan con las hojas de los árboles; ellos permanecen sentados, asienten a las palabras del escritor y como los mejores asistentes a las presentaciones del libro: aplauden y no preguntan porque todo está claro.
Al finalizar, la madre de los niños les compra un ejemplar. Los tres van con el autor para la firma del libro. De León es su tío y ellos el mejor público.
EL INFORMADOR / MAYRA TORRES