Cultura
Dramaturgos jaliscienses, alejados de los espectadores
Desairan la mesa incluida en el programa de la décima Semana Internacional de la Dramaturgia Contemporánea
GUADALAJARA, JALISCO (16/MAY/2012).- La dramaturgia jalisciense no convoca a las grandes audiencias ni a los creadores de la ciudad. Los autores Ricardo Delgadillo, Jorge Fábregas y Teófilo Guerrero esperaron 10, 15, 20, 25, 30, 35 minutos. Los directores de teatro, quienes deberían ser los primeros en llegar, faltaron a la cita. Sólo tres escuchas, sin contar a dos reporteros y a los organizadores de la mesa, fueron puntuales.
El teatrista Luis Cordero y los estudiantes del Instituto Cultural Cabañas (ICC), Miriam Novoa –de artes plásticas- y Carlos Méndez –de artes escénicas-, llegaron temprano, a las 10:00 horas del sábado, como marcaba el último día del programa. Ellos también tuvieron que esperar más, pero el gran público, no llegó.
Los dramaturgos decidieron sentarse, justo a tiempo, porque Miriam Novoa estaba a punto de levantarse para preguntar: ¿por qué no comienzan? Los interesados ya llegaron, y los otros tal vez lo hagan después, como el escritor jalisciense, radicado en California desde 1959, Alonso Hernández.
Dramaturgia jalisciense, el nombre de la mesa incluida en el programa de la décima Semana Internacional de la Dramaturgia Contemporánea, comenzó con la intervención de Teófilo Guerrero, quien dijo que no hay dramaturgia en Jalisco, sino “intentos”. “Estamos alejados de ese boom de los dramaturgos mexicanos”, añadió el autor de Café para intelectuales.
Este comentario, pero en la voz del dramaturgo hidalguense Enrique Olmos de Ita, le molestó a Guerrero, quien reconoció que el joven autor tenía razón. Y explicó que también falta frescura en los trabajos, ya que algunos repiten los esquemas de la primera mitad del siglo XX. Él habla más que todos sus compañeros en la mesa, moderada por Mario Cantú.
Cantú puso, como dicen, el dedo en la llaga porque considera que hay un distanciamiento entre los dramaturgos y los directores. Esa relación está rota, al menos en Jalisco. El organizador de este encuentro, Boris Schoemann, le pidió a Mario contar su experiencia en Monterrey, “ciudad que parece estar despertando”, calificó.
Monterrey. “Ahí va, despertando”. Y Guadalajara, según los ponentes, es “una ciudad de diálogo roto”.
Los minutos pasan, el recuento de las tragedias de los dramaturgos sigue, pero hay más público. Ya no son tres escuchas, sino nueve, más los organizadores y los dramaturgos invitados, entre ellos Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (LEGOM), tapatío que no participó en la mesa, y Verónica Musalem.
Otra vez, Boris Schoemann. No se detuvo. Buscó el diálogo. Y cuestionó si el conservadurismo tapatío es responsable de la autocensura de los dramaturgos y de la manera “antigua” de escribir de ciertos autores. Fábregas respondió: “Nos ha faltado ser originales, tan simple como eso”.
La autocensura está en los creadores, quienes se limitan porque quieren los apoyos de las instituciones, dijo el autor de Viaje de tres.
Schoemann lo logró. Comenzó el diálogo. Alonso Hernández preguntó por qué no escriben cosas nuevas. La respuesta fue evadida. Los dramaturgos recurrieron a los ejemplos de sus trabajos arriesgados. Sin embargo, Ricardo Delgadillo reconoció que ellos están alejados de los espectadores, los subestiman, pero saben que el público les lleva varios pasos adelante.
La mesa acabó sin aplausos, pero con dramaturgos que hablaron casi dos horas con los pocos asistentes de su trabajo, de los directores, de los actores y de los espectadores. El diálogo se logró. Boris Schoemann sonrió.
EL INFORMADOR / MAYRA TORRES DE LA O
El teatrista Luis Cordero y los estudiantes del Instituto Cultural Cabañas (ICC), Miriam Novoa –de artes plásticas- y Carlos Méndez –de artes escénicas-, llegaron temprano, a las 10:00 horas del sábado, como marcaba el último día del programa. Ellos también tuvieron que esperar más, pero el gran público, no llegó.
Los dramaturgos decidieron sentarse, justo a tiempo, porque Miriam Novoa estaba a punto de levantarse para preguntar: ¿por qué no comienzan? Los interesados ya llegaron, y los otros tal vez lo hagan después, como el escritor jalisciense, radicado en California desde 1959, Alonso Hernández.
Dramaturgia jalisciense, el nombre de la mesa incluida en el programa de la décima Semana Internacional de la Dramaturgia Contemporánea, comenzó con la intervención de Teófilo Guerrero, quien dijo que no hay dramaturgia en Jalisco, sino “intentos”. “Estamos alejados de ese boom de los dramaturgos mexicanos”, añadió el autor de Café para intelectuales.
Este comentario, pero en la voz del dramaturgo hidalguense Enrique Olmos de Ita, le molestó a Guerrero, quien reconoció que el joven autor tenía razón. Y explicó que también falta frescura en los trabajos, ya que algunos repiten los esquemas de la primera mitad del siglo XX. Él habla más que todos sus compañeros en la mesa, moderada por Mario Cantú.
Cantú puso, como dicen, el dedo en la llaga porque considera que hay un distanciamiento entre los dramaturgos y los directores. Esa relación está rota, al menos en Jalisco. El organizador de este encuentro, Boris Schoemann, le pidió a Mario contar su experiencia en Monterrey, “ciudad que parece estar despertando”, calificó.
Monterrey. “Ahí va, despertando”. Y Guadalajara, según los ponentes, es “una ciudad de diálogo roto”.
Los minutos pasan, el recuento de las tragedias de los dramaturgos sigue, pero hay más público. Ya no son tres escuchas, sino nueve, más los organizadores y los dramaturgos invitados, entre ellos Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio (LEGOM), tapatío que no participó en la mesa, y Verónica Musalem.
Otra vez, Boris Schoemann. No se detuvo. Buscó el diálogo. Y cuestionó si el conservadurismo tapatío es responsable de la autocensura de los dramaturgos y de la manera “antigua” de escribir de ciertos autores. Fábregas respondió: “Nos ha faltado ser originales, tan simple como eso”.
La autocensura está en los creadores, quienes se limitan porque quieren los apoyos de las instituciones, dijo el autor de Viaje de tres.
Schoemann lo logró. Comenzó el diálogo. Alonso Hernández preguntó por qué no escriben cosas nuevas. La respuesta fue evadida. Los dramaturgos recurrieron a los ejemplos de sus trabajos arriesgados. Sin embargo, Ricardo Delgadillo reconoció que ellos están alejados de los espectadores, los subestiman, pero saben que el público les lleva varios pasos adelante.
La mesa acabó sin aplausos, pero con dramaturgos que hablaron casi dos horas con los pocos asistentes de su trabajo, de los directores, de los actores y de los espectadores. El diálogo se logró. Boris Schoemann sonrió.
EL INFORMADOR / MAYRA TORRES DE LA O