Cultura
Cancillería de Ecuador celebra Día de Muertos al estilo mexicano
El Día de los Muertos en México no es una conmemoración dolorosa, sino una celebración alegre y llena de colorido
QUITO, ECUADOR (13/NOV/2011).- La cancillería de Ecuador abandonó por un momento su sobrio talante diplomático para dar paso a una colorida y alegre celebración mexicana del Día de los Muertos, de la que inclusive el propio presidente Rafael Correa fue testigo.
El protocolo y la alfombra roja que se extiende sobre el mármol de la marquesina del edificio para las ceremonias diplomáticas dieron paso al zapateado del ballet mexicano Xochiquetzal, al son de ritmos mexicanos, uno de los eventos de la conmemoración.
Diplomáticos y visitantes quedaron sorprendidos este sábado al ver viejos bailando, un simulacro de procesión a la Virgen de Guadalupe, acompañada de cánticos religiosos, al pie de un colorido altar en homenaje a los muertos, levantado a un costado de la marquesina.
Este año, el altar fue arreglado en homenaje al fallecido actor mexicano Mario Moreno 'Cantinflas', muy popular en Ecuador, en coincidencia con el centenario de su nacimiento.
Compartieron ese honor, su compatriota el escritor Carlos Monsiváis, muy apreciado en círculos intelectuales ecuatorianos, y el filósofo nacional Bolívar Echeverría, que hizo carrera en México, ambos fallecidos hace poco.
El altar testimoniaba la creencia popular mexicana de que los muertos vuelven en su día de recordación y que hay que brindarles y compartir con ellos todo aquello que les gustaba en vida.
Por este motivo, en el caso de 'Cantinflas', al pie de su retrato se colocó una botella de tequila; en el de Monsivais, libros y en el de Echeverría una cerveza, además de frutas, pan, tamales y flores y calaveras.
Para los mexicanos, la muerte es el comienzo de una nueva vida a la que se llega después de un largo trajinar por este mundo, según explicó el embajador de México en Quito, Ernesto Campos Tenorio.
'Por ello, el Día de los Muertos en México no es una conmemoración dolorosa, sino una celebración alegre y llena de colorido por el reencuentro con las almas, donde la muerte adquiere caracteres vivos y deja de ser temible', agregó el diplomático.
Según Campos Tenorio, el Día de Muertos encuentra en los pueblos de México una expresión de 'verdadero fervor por lo mágico, lo histórico y lo maravilloso'.
Hizo notar la similitud de costumbres entre ambos países al honrar a sus muertos, de manera especial en la comida: en México, el pan de muerto y el chocolate caliente, en Ecuador las guaguas y la colada morada y las visitas a las criptas para depositar flores.
La diferencia, agregó el embajador, radica en que en México la celebración es además una fiesta llena de alegría, colorido y vida de derroche de colores, olores, sabores y luz, en la que 'se ríen' de la muerte.
Cada año, la Embajada de México en Quito celebra el Día de los Muertos en algún lugar de la capital ecuatoriana, pero este año fue la primera ocasión en la que el acto se realizó en un lugar tan sobrio y simbólico para Ecuador como la cancillería local.
El colorido altar llamó la atención del presidente Correa, quien salía de una reunión en la cancillería y se acercó a observarlo, acompañado del titular de esa cartera, Ricardo Patiño, que vivió en México, con ocasión de sus estudios universitarios de postgrado.
El festejo terminó con un brindis de chocolate caliente y tamales mexicanos a los presentes, lo que llevó a éstos a señalar la coincidencia con costumbres ecuatorianas, salvo en el modo de recordar a los muertos, porque en Ecuador se guarda riguroso luto.
El protocolo y la alfombra roja que se extiende sobre el mármol de la marquesina del edificio para las ceremonias diplomáticas dieron paso al zapateado del ballet mexicano Xochiquetzal, al son de ritmos mexicanos, uno de los eventos de la conmemoración.
Diplomáticos y visitantes quedaron sorprendidos este sábado al ver viejos bailando, un simulacro de procesión a la Virgen de Guadalupe, acompañada de cánticos religiosos, al pie de un colorido altar en homenaje a los muertos, levantado a un costado de la marquesina.
Este año, el altar fue arreglado en homenaje al fallecido actor mexicano Mario Moreno 'Cantinflas', muy popular en Ecuador, en coincidencia con el centenario de su nacimiento.
Compartieron ese honor, su compatriota el escritor Carlos Monsiváis, muy apreciado en círculos intelectuales ecuatorianos, y el filósofo nacional Bolívar Echeverría, que hizo carrera en México, ambos fallecidos hace poco.
El altar testimoniaba la creencia popular mexicana de que los muertos vuelven en su día de recordación y que hay que brindarles y compartir con ellos todo aquello que les gustaba en vida.
Por este motivo, en el caso de 'Cantinflas', al pie de su retrato se colocó una botella de tequila; en el de Monsivais, libros y en el de Echeverría una cerveza, además de frutas, pan, tamales y flores y calaveras.
Para los mexicanos, la muerte es el comienzo de una nueva vida a la que se llega después de un largo trajinar por este mundo, según explicó el embajador de México en Quito, Ernesto Campos Tenorio.
'Por ello, el Día de los Muertos en México no es una conmemoración dolorosa, sino una celebración alegre y llena de colorido por el reencuentro con las almas, donde la muerte adquiere caracteres vivos y deja de ser temible', agregó el diplomático.
Según Campos Tenorio, el Día de Muertos encuentra en los pueblos de México una expresión de 'verdadero fervor por lo mágico, lo histórico y lo maravilloso'.
Hizo notar la similitud de costumbres entre ambos países al honrar a sus muertos, de manera especial en la comida: en México, el pan de muerto y el chocolate caliente, en Ecuador las guaguas y la colada morada y las visitas a las criptas para depositar flores.
La diferencia, agregó el embajador, radica en que en México la celebración es además una fiesta llena de alegría, colorido y vida de derroche de colores, olores, sabores y luz, en la que 'se ríen' de la muerte.
Cada año, la Embajada de México en Quito celebra el Día de los Muertos en algún lugar de la capital ecuatoriana, pero este año fue la primera ocasión en la que el acto se realizó en un lugar tan sobrio y simbólico para Ecuador como la cancillería local.
El colorido altar llamó la atención del presidente Correa, quien salía de una reunión en la cancillería y se acercó a observarlo, acompañado del titular de esa cartera, Ricardo Patiño, que vivió en México, con ocasión de sus estudios universitarios de postgrado.
El festejo terminó con un brindis de chocolate caliente y tamales mexicanos a los presentes, lo que llevó a éstos a señalar la coincidencia con costumbres ecuatorianas, salvo en el modo de recordar a los muertos, porque en Ecuador se guarda riguroso luto.