Cultura
Betina González, el premio por volver a la novela
La autora argentina presenta Las poseídas, con el que ganó el VIII Premio Tusquets Editores de Novela
GUADALAJARA, JALISCO (27/MAY/2013).- El proceso de articulación de la novela Las poseídas (Tusquets, 2013) fue fácil para la escritora Betina González porque la prosa fluyó en todo momento; pero difícil por la intensidad de la trama, en la que la autora escribía desde el punto de vista emocional de la narradora y personaje, María de la Cruz López.
Las poseídas significa otro triunfante regreso de Betina González al ring de la novela, pues la hizo ganadora del VIII Premio Tusquets Editores de Novela. No es la primera vez que la doctora en literatura latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh y actualmente profesora en la Universidad de Buenos Aires, se lleva un galardón, ya que con su primer libro, Arte menor, ganó el Premio Clarín de Novela en 2006. Además, su libro La conspiración de la forma se llevó el Premio Lozano de la Universidad de Pittsburgh.
La escritora rumió por muchos años la idea principal de la novela. Quería escribir una historia de iniciación sobre el mundo de las chicas, pero no se atrevía a hacerlo porque no encontraba la veta que le diera originalidad y desapego con el proceso creativo de sus anteriores libros.
La mecha se encendió cuando leyó el libro Los hermosos años del castigo, de la escritora suiza Fleur Jaeggy, una novela que ocurre en un internado para chicas y que la escritora supo resolver con solvencia. “Pensé que en español no estaba narrado el mundo de las escuelas para chicas. Ahí es cuando me lancé a escribirlo”.
El primer borrador estuvo listo a los nueve meses y pulirlo le tomó casi dos años. Sin embargo, fue un periodo fructífero, cargado de intensidad, ya que escribía sin cortapisas: “En general, escribo todos los días, pero no escribo muchas páginas. Me fijo mucho en el lenguaje y escribo la prosa bastante depurada”.
El libro la consumió. El personaje que más trabajo le costó crear fue Felisa Wilmer, una chica recién llegada de Londres que ingresa en un colegio religioso para niñas en la zona norte de Buenos Aires. Su actitud rebelde, su comportamiento inadecuado, su independencia y su gusto artístico llaman la atención. Dar vida a López —narradora y amiga Felisa— fue sencillo.
“La novela para mí es la voz. Cualquier novela es encontrar una voz y montarse a esa voz. Yo tuve la suerte de encontrar esa voz muy rápido y que fluyera de una manera muy fácil para mí. En cambio, el personaje de Felisa me presentaba muchos más problemas, porque por un lado lo iba a presentar filtrado por la voz de María de la Cruz, pero por el otro también tenía que poder hablar. Hay varios momentos en la novela en que hay como algunos minimonólogos de Felisa”, dijo.
Por otro lado, la escritora afirmó que se siente muy cómoda con la generación de escritores argentinos a la que pertenece, “porque me parece que tienen una relación más lúdica con la tradición literaria. No sienten el peso terrible de la tradición literaria argentina de Borges, Cortázar, Bioy, como que asumimos esa tradición y tenemos una relación sana”, así lo asegura en este regreso.
FRASE
"Las poseídas para mí es un punto de inflexión en mi escritura porque me parecía que en los otros dos libros todavía le pagaba tributo a cierto realismo local "
Betina González, escritora.
Las poseídas significa otro triunfante regreso de Betina González al ring de la novela, pues la hizo ganadora del VIII Premio Tusquets Editores de Novela. No es la primera vez que la doctora en literatura latinoamericana por la Universidad de Pittsburgh y actualmente profesora en la Universidad de Buenos Aires, se lleva un galardón, ya que con su primer libro, Arte menor, ganó el Premio Clarín de Novela en 2006. Además, su libro La conspiración de la forma se llevó el Premio Lozano de la Universidad de Pittsburgh.
La escritora rumió por muchos años la idea principal de la novela. Quería escribir una historia de iniciación sobre el mundo de las chicas, pero no se atrevía a hacerlo porque no encontraba la veta que le diera originalidad y desapego con el proceso creativo de sus anteriores libros.
La mecha se encendió cuando leyó el libro Los hermosos años del castigo, de la escritora suiza Fleur Jaeggy, una novela que ocurre en un internado para chicas y que la escritora supo resolver con solvencia. “Pensé que en español no estaba narrado el mundo de las escuelas para chicas. Ahí es cuando me lancé a escribirlo”.
El primer borrador estuvo listo a los nueve meses y pulirlo le tomó casi dos años. Sin embargo, fue un periodo fructífero, cargado de intensidad, ya que escribía sin cortapisas: “En general, escribo todos los días, pero no escribo muchas páginas. Me fijo mucho en el lenguaje y escribo la prosa bastante depurada”.
El libro la consumió. El personaje que más trabajo le costó crear fue Felisa Wilmer, una chica recién llegada de Londres que ingresa en un colegio religioso para niñas en la zona norte de Buenos Aires. Su actitud rebelde, su comportamiento inadecuado, su independencia y su gusto artístico llaman la atención. Dar vida a López —narradora y amiga Felisa— fue sencillo.
“La novela para mí es la voz. Cualquier novela es encontrar una voz y montarse a esa voz. Yo tuve la suerte de encontrar esa voz muy rápido y que fluyera de una manera muy fácil para mí. En cambio, el personaje de Felisa me presentaba muchos más problemas, porque por un lado lo iba a presentar filtrado por la voz de María de la Cruz, pero por el otro también tenía que poder hablar. Hay varios momentos en la novela en que hay como algunos minimonólogos de Felisa”, dijo.
Por otro lado, la escritora afirmó que se siente muy cómoda con la generación de escritores argentinos a la que pertenece, “porque me parece que tienen una relación más lúdica con la tradición literaria. No sienten el peso terrible de la tradición literaria argentina de Borges, Cortázar, Bioy, como que asumimos esa tradición y tenemos una relación sana”, así lo asegura en este regreso.
FRASE
"Las poseídas para mí es un punto de inflexión en mi escritura porque me parecía que en los otros dos libros todavía le pagaba tributo a cierto realismo local "
Betina González, escritora.