Cultura
Arte contra el cambio climático
La obra de 35 artistas hace reflexionar sobre la oposición entre el ser humano y la natrualeza
LONDRES,INGLATERRA.- La Royal Academy se ha decidido este año a explorar el cambio climático como motivo para el arte. El resultado es Earth, una exposición colectiva que se inaugura en Londres en sincronía con la inminente Cumbre del Clima de Copenhague.
Earth incluye obras de 35 artistas. Algunos de renombre, como Tracey Emin o Antony Gormley. Otros minoritarios, primerizos o desconocidos. El resultado es inevitablemente desigual pero sugerente.
Lo primero que sorprende de Earth es que se desparrama fuera de los muros del edificio que la acoge. Y lo hace gracias a una escultura gigante de Marcos Lutyens y Alessandro Mariantoni: un armatoste de aluminio que representa la estructura molecular del dióxido de carbono por entre las estatuas de la fachada y que sin duda llamará la atención de los ejecutivos de Mayfair.
Dentro, no todas las obras tienen que ver expresamente con el cambio climático. Algunas muestran tan sólo una vaga conciencia ecologista o abordan el tema de un modo tangencial. Lo que no quiere decir que carezcan de interés. Al contrario.
Sucede con Amazonian field, de Antony Gormley. Una obra que data de 1992 y que consiste en un ejército de pequeñas figuras de terractoa hacinadas en el interior de una habitación. Son efigies casi sin perfilar. Apenas unas cuencas vacías y un costillar. Pero interpelan de un modo inquietante al espectador y lo sitúan frente al miedo neomalthusiano a la superpoblación y hacia la posibilidad de una catástrofe ecológica.
Diamantes en Groenlandia
La obra de Mona Hatoum titulada Hot Spot presenta una bola del mundo deshumanizada donde los meridianos son tubos de acero y los continentes, tubos de neón. Puntos calientes en el debate político y fronteras sujetas a los designios del deshielo polar.
Un deshielo explorado también por Sophie Calle, cuyo North Pole aborda el cambio climático desde un punto de vista personal: enterrando en el hielo de Groenlandia el anillo de compromiso y un retrato de su madre esperando, según dice, que el hielo no se deshaga y que “un estudioso de los glaciares no lo encuentre dentro de miles de años y se pregunte por la presencia del diamante en la cultura esquimal”.
Hay obras que flirtean con el apocalipsis. Como 100 years, de Kris Martin: una bolita de color dorado que incorpora un dispositivo explosivo y que está programada para su autodestrucción. Otras -como el tríptico de flores y pájaros de Tracey Emin- prefieren subrayar la fragilidad de la vida y su vulnerabilidad.
Earth incluye obras de 35 artistas. Algunos de renombre, como Tracey Emin o Antony Gormley. Otros minoritarios, primerizos o desconocidos. El resultado es inevitablemente desigual pero sugerente.
Lo primero que sorprende de Earth es que se desparrama fuera de los muros del edificio que la acoge. Y lo hace gracias a una escultura gigante de Marcos Lutyens y Alessandro Mariantoni: un armatoste de aluminio que representa la estructura molecular del dióxido de carbono por entre las estatuas de la fachada y que sin duda llamará la atención de los ejecutivos de Mayfair.
Dentro, no todas las obras tienen que ver expresamente con el cambio climático. Algunas muestran tan sólo una vaga conciencia ecologista o abordan el tema de un modo tangencial. Lo que no quiere decir que carezcan de interés. Al contrario.
Sucede con Amazonian field, de Antony Gormley. Una obra que data de 1992 y que consiste en un ejército de pequeñas figuras de terractoa hacinadas en el interior de una habitación. Son efigies casi sin perfilar. Apenas unas cuencas vacías y un costillar. Pero interpelan de un modo inquietante al espectador y lo sitúan frente al miedo neomalthusiano a la superpoblación y hacia la posibilidad de una catástrofe ecológica.
Diamantes en Groenlandia
La obra de Mona Hatoum titulada Hot Spot presenta una bola del mundo deshumanizada donde los meridianos son tubos de acero y los continentes, tubos de neón. Puntos calientes en el debate político y fronteras sujetas a los designios del deshielo polar.
Un deshielo explorado también por Sophie Calle, cuyo North Pole aborda el cambio climático desde un punto de vista personal: enterrando en el hielo de Groenlandia el anillo de compromiso y un retrato de su madre esperando, según dice, que el hielo no se deshaga y que “un estudioso de los glaciares no lo encuentre dentro de miles de años y se pregunte por la presencia del diamante en la cultura esquimal”.
Hay obras que flirtean con el apocalipsis. Como 100 years, de Kris Martin: una bolita de color dorado que incorpora un dispositivo explosivo y que está programada para su autodestrucción. Otras -como el tríptico de flores y pájaros de Tracey Emin- prefieren subrayar la fragilidad de la vida y su vulnerabilidad.