Cultura

Antonio Deltoro: catador del tiempo

Los Árboles que Poblarán el Ártico es la más reciente publicación del poeta, quien reflexiona al respecto de sus procesos creativos

GUADALAJARA, JALISCO (17/DIC/2012).- Estaba un día el poeta Antonio Deltoro en su casa de la Ciudad de México, cuando escuchó de pronto el canto de unas aves que le pareció poco familiar. “Ese canto aquí es nuevo”, pensó el poeta, y comprendió después que provenía de extraños habitantes: de pájaros originarios de territorios cálidos. Su reflexión continuó hacia los efectos cada vez más tangibles del calentamiento global, y a cómo “algo que aparentemente se presenta como atractivo, puede ser terrible en el fondo”. De ahí surgió el poema Primavera, y es uno de sus versos el que otorga el nombre al nuevo poemario de Deltoro: Los Árboles que Poblarán el Ártico (Dirección de Literatura UNAM, Ediciones Era, 2012).   

Cada poema que ahí se incluye tiene su propia historia, contó el autor de Algarabía Inorgánica, Los Días Descalzos y Balanza de Sombras, con el que obtuvo el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes de 1996.

“En cada uno empiezo desde cero; surge con una intuición y no tengo determinado a dónde va a llegar al final; poco a poco se va haciendo a partir de una línea, de un verso o el tema del poema”, explica. Sus creaciones emanan ya sea en los gatos, el sueño de una noche, los chilangos o las sensaciones en una tranquila tarde de lectura.   

Cuando Deltoro reunió un buen número de ellos, comenzó un proceso más minucioso: el de la revisión, edición y la búsqueda de elementos en común. “En la poesía, como decía Borges, hay álgebra y corazón”, expresó Deltoro en entrevista telefónica: “hay algo que es matemático y muy racional, y al mismo tiempo algo que es muy intuitivo, que es sentimental. Esa unión de sentimiento y de dominio del lenguaje, es lo que hace un poema”.

—¿Cuál diría entonces que son los elementos en común en este conjunto de poemas?

—Creo que es el hecho de que todos están escritos a mi edad: entre los 60 y los 65 años. Estoy agradecido como siempre de vivir; vivo como todo el mundo, cada día de una manera nueva, y sin embargo, tengo mucho tiempo atrás de mí. No sólo el tiempo de mi vida sino el de mis antepasados, y el de toda la gente que habló en este idioma que hablamos nosotros. Es decir, envejecer significa convertirse –si uno no es tonto— en un catador del tiempo; se disfruta el tiempo de una manera diferente. Y en la vida, lo mismo que en el título del libro que es aparentemente festivo, de pronto ahí está la muerte. En muchos poemas del libro está eso: la consciencia de que se está vivo pero que algún día no se estará.

—Ciertamente el aspecto de la edad está muy presente en este poemario; destaca el cómo se ven distintas las cosas e incluso cierto desencanto de la vida…

—Es un desencanto, no en la vida, sino en mí mismo. Es decir, uno está lleno de fe, de proyectos y de pronto se cumplen unos y no se cumplen otros. En este libro está eso: los deseos no cumplidos pero también los cumplidos, y trato de valorarlos. Quise vivir en París en un momento dado, pero no pudo ser. También viví en Valencia, y ahora estoy en la Ciudad de México, un lugar que también para mí fue –y todavía es— un sueño.

—Incluso le dedica un poema a los chilangos…

—Es una reivindicación. Es decir, los chilangos es algo despectivo pero al mismo tiempo es la conversión de algo despectivo en una realidad. En la realidad de vivir en una ciudad como esta: agresiva, peligrosa y difícil.

—También los sueños y los paisajes son elementos constantes en el poemario. ¿Son quizá parte de sus obsesiones; de su manera particular de abordar lo íntimo?


—Sí. Todos soñamos todas las noches, incluso si no lo recordamos. Los sueños de cada uno son particulares e irrepetibles noche a noche. Eso es una riqueza absoluta de la que no nos damos cuenta. Puede ser la riqueza de lo terrible, pero es una riqueza. Los paisajes están basados en paisajes vividos: mi casa, la Ciudad de México, si voy al mar, está el mar; Cuernavaca, que fue mi lugar vacacional, que para mí significa infancia.

—¿El Yo de su poesía se refiera a usted mismo, o se trata de un Yo más cercano a la ficción?

—Lo que pasa es que ese Yo, que soy yo mismo, es también una ficción, porque si empiezo a escribir, ya soy otra persona y nunca somos lo mismo. Es decir, esa división entre ficción y realidad es una división que alguien que escribe o alguien que lee, no se la cree absolutamente.

—¿Cómo inscribe este libro en el conjunto de su obra?

—En primer lugar creo que este poemario es un poco más libre que los otros. Me atreví a meter poemas que quizá no hubiera metido antes: escritos en verso medido, imitando canciones… Hay una gran variedad de formas y de tonos. Pero en este poemario, junto a los otros, veo que es mío, es decir, que soy yo el que lo está escribiendo y viviendo, y que simplemente, lo que pasa es que he vivido más años y tengo la muerte más próxima.

—Recientemente editó, en colaboración con Christian Peña, la antología de poesía mexicana “El Gallo y la Perla”. ¿Qué puede decir, después de ese ejercicio, respecto a la poesía mexicana?

—Al hacer esa antología yo me di cuenta –cosa que dudaba antes— de que hay algo que se puede llamar poesía mexicana, es decir, que se distingue la poesía mexicana en algunos poemas y en alguna actitud de la poesía en lengua castellana. Y que estamos en un país que ha sido acompañado y cantado por los poetas, y eso es fantástico. Y que existe una forma mexicana de vivir y que es muy diversa, y va desde Villaurrutia y Gorostiza, hasta Renato Leduc, Maples Arce y Carlos Pellicer. Por eso se llama la antología El Gallo y la Perla, porque hay desde poemas muy gritones y festivos, como algunos de Tablada, hasta poemas de un color gris perla de Villaurrutia y Gorostiza; y que López Velarde, por ejemplo, cultiva ambos registros.

—En el mercado editorial la poesía es un género más bien marginado, ¿cómo lidian con eso los poetas?

—Como los cantantes de ópera. A la ópera va muy poca gente, pero la gente que va, sabe mucho de ópera, y es muy aficionada y es fiel. Ese tipo de lectores tenemos los poetas. En cambio entre los lectores que tiene la narrativa, puede haber lectores muy preparados y muy serios, pero también hay lectores que solamente leen en vacaciones.

—En su caso también escribe ensayo…


—En ensayo escribo fundamentalmente sobre poesía y sobre poemas. Hay una cosa que decía Antonio Machado y que existe desde Baudelarie, que es que nosotros los poetas modernos tenemos el deber de poner no sólo en verso las cosas, sino también ser capaz de ponerlas en prosa. Octavio Paz decía que el poeta actual es un poeta crítico.

FRAGMENTO

Primavera


Me suenan a milagro,
pero en estos cantos
anida otra catástrofe.

¿Qué hacen silbando aquí?
Vienen de abajo,
en dirección contraria
a las barrancas;

¿conquistando la cima?
Su aparición
parece buena señal
para la piel friolenta
y los frutales,
pero algo me dice
que son malas noticias.

Los pájaros de voz más grave
volarán hacia el norte
desplazando, a su vez, cantos nativos.

Los seguirán los árboles
que poblarán el Ártico.

Un sueño

Soñé que llevaba un pelo en la mano extendida, que era mi único tesoro y contraseña y era rico en París y en sus calles, pero soñé que no tenía casa ni brújula, era de noche e iba a dormir otra vez a la intemperie,
oía el río y no lo encontraba, exiliado en París,  lejos del Sena.

Corazón


Paso a paso
el paso
del tiempo
paso a paso:

no hay sonido
más íntimo
ni redoble
más violento
paso a paso.

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