Cultura
Actum toca los corazones tapatíos con su locura de amor
El dramaturgo Jorge Ángeles presenta monólogo en el Teatro Rabinal
GUADALAJARA, JALISCO (11/NOV/2012).- Hay que guardar silencio. Poner atención con bastante celo al escenario. Que no existan distracciones. Jorge Ángeles está ahí, listo para infiltrar su pasión en el inconsciente de los ojos que esperan el primer movimiento. El diálogo primogénito.
El dramaturgo y actor, Jorge Ángeles está en Guadalajara con Actum. ''El amor, esa locura'', obra que presentó la noche del viernes junto a su Teatro Rabinal en el centro de la ciudad, por la calle Prisciliano Sánchez.
No había ni muchos ni pocos. Dieciséis personas acudieron a contemplar el trabajo que Teatro Rabinal realiza desde hace 26 años, bajo la batuta de Jorge Ángeles. Actum inició en la oscuridad del cuarto escénico.
Actum inició en la oscuridad del cuarto escénico. Las siluetas aparecían con una iluminación bohemia y misteriosa. Juan Ramón González fue el primero en poner los pelos de punta. Las cuerdas de su violonchelo musicalizarían el acto, y anunciaban el monólogo basado en el libro de Roland Barthes ''Fragmentos de un discurso amoroso''.
Jorge Ángeles se desprendió de su nombre. Dejó de ser él para pasar a un individuo cualquiera, pero jamás ordinario como los demás. El actor estaba listo para hablar de lo bello y asqueroso del amor. De los celos que carcomen la razón, y del abandono que se entrega a un silencio estridente y solitario.
El escenario: una alfombra carmín, un acordeón y una botella de alcohol. Al fondo, Juan Ramón y su instrumento. En la esquina Guyphytsy Aldalai, con una voz que agudizaba los momentos críticos del discurso romántico, pero jamás de cursilería color rosa.
Jorge Ángeles eligió ''Fragmentos de un discurso de amoroso'', para exhibir la forma en cómo se agrupan los jirones de un amor imposibilitado en el perfil de un personaje que narra situaciones de relaciones enfermizas, pretensiones amorosas, separaciones y duelos.
Actum, es la palabra con la que este personaje identifica su permanente intento por acercarse al objeto amado y que por la propia naturaleza del amor se sostiene de un solo lado; así el actor solitario hace uso de lo que sabe del amor, desde aquel de la infancia, el incondicional y el de la vida.
El dramaturgo y actor, Jorge Ángeles está en Guadalajara con Actum. ''El amor, esa locura'', obra que presentó la noche del viernes junto a su Teatro Rabinal en el centro de la ciudad, por la calle Prisciliano Sánchez.
No había ni muchos ni pocos. Dieciséis personas acudieron a contemplar el trabajo que Teatro Rabinal realiza desde hace 26 años, bajo la batuta de Jorge Ángeles. Actum inició en la oscuridad del cuarto escénico.
Actum inició en la oscuridad del cuarto escénico. Las siluetas aparecían con una iluminación bohemia y misteriosa. Juan Ramón González fue el primero en poner los pelos de punta. Las cuerdas de su violonchelo musicalizarían el acto, y anunciaban el monólogo basado en el libro de Roland Barthes ''Fragmentos de un discurso amoroso''.
Jorge Ángeles se desprendió de su nombre. Dejó de ser él para pasar a un individuo cualquiera, pero jamás ordinario como los demás. El actor estaba listo para hablar de lo bello y asqueroso del amor. De los celos que carcomen la razón, y del abandono que se entrega a un silencio estridente y solitario.
El escenario: una alfombra carmín, un acordeón y una botella de alcohol. Al fondo, Juan Ramón y su instrumento. En la esquina Guyphytsy Aldalai, con una voz que agudizaba los momentos críticos del discurso romántico, pero jamás de cursilería color rosa.
Jorge Ángeles eligió ''Fragmentos de un discurso de amoroso'', para exhibir la forma en cómo se agrupan los jirones de un amor imposibilitado en el perfil de un personaje que narra situaciones de relaciones enfermizas, pretensiones amorosas, separaciones y duelos.
Actum, es la palabra con la que este personaje identifica su permanente intento por acercarse al objeto amado y que por la propia naturaleza del amor se sostiene de un solo lado; así el actor solitario hace uso de lo que sabe del amor, desde aquel de la infancia, el incondicional y el de la vida.