Domingo, 07 de Junio 2026
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Cultura

Adrián Guerrero devela las geometrías ocultas de Orozco

El artista presenta en Madrid “El orden inquieto”, una exposición que desarma una célebre litografía del muralista jalisciense para revelar las estructuras que marcaron el arte y la arquitectura en México

FaustoSalcedo

Una litografía realizada por José Clemente Orozco hace casi un siglo, una frase de Luis Barragán repetida durante décadas en escuelas de arquitectura y una obsesión por la geometría como herramienta para leer el mundo convergen en “El orden inquieto”, la exposición que el artista jalisciense Adrián Guerrero presenta actualmente en Madrid. 

La muestra, inaugurada el pasado 7 de mayo en S Gallery y curada por Óscar Manrique, parte de una pregunta que Guerrero lleva años persiguiendo: ¿Qué fue lo que vio Orozco detrás de sus imágenes? Más aún, ¿qué estructuras invisibles sostienen algunas de las obras más influyentes del arte mexicano?

La respuesta llegó mediante el dibujo, la observación paciente y el despiece de una sola obra: “Pueblo Mexicano”, litografía creada por Orozco durante el periodo en que vivió en Nueva York a finales de los años veinte.

“Esa pieza la vengo siguiendo desde hace muchos años. Todos los que estudiamos arquitectura la vimos porque es una de las imágenes que siempre nos muestran. De hecho, Luis Barragán tenía una copia colocada en su casa-estudio y para muchos de nosotros esa imagen terminó siendo casi una referencia obligada”, explicó el artista y arquitecto, en entrevista con EL INFORMADOR.

“Empecé a desglosarla y me encontré con una cantidad enorme de proporciones que después aparecen en la arquitectura moderna de Guadalajara. No sé si fue algo consciente o inconsciente, pero al ir desarmando la obra comenzaron a aparecer referencias a Fernando González Gortázar, a Pedro Castellanos, a Julio de la Peña y a otros personajes fundamentales de la arquitectura tapatía. Es una pieza que ha trascendido más allá de Orozco”, agregó.

Adrián Guerrero. El artista (a la derecha), presente en la inauguración de su muestra “El orden inquieto”. CORTESÍA

La exposición surge de esa exploración; en lugar de presentar una reinterpretación directa de Orozco, Guerrero desmonta la litografía pieza por pieza para revelar las estructuras geométricas que la sostienen. Las fragmenta, las desplaza y las reorganiza. De esa operación nacen nuevas composiciones que conservan la memoria de la obra original mientras construyen un lenguaje propio.

“Conforme la fui desarmando me encontré con una serie de proporciones y relaciones que siguen presentes en la cultura visual mexicana. Me interesa entender cómo una sola imagen puede contener tantas posibilidades y cómo esas mismas estructuras reaparecen después en la arquitectura, la fotografía o incluso el cine. Es fascinante descubrir que una obra aparentemente cerrada sigue generando lecturas distintas décadas después de haber sido creada”, reflexionó.

La investigación también llevó al artista hasta otro personaje clave: Jay Hambidge. Durante su estancia en Nueva York, Orozco entró en contacto con este artista y teórico estadounidense, creador de la llamada Simetría Dinámica, un sistema basado en proporciones matemáticas y relaciones geométricas utilizado para organizar ritmo, tensión y movimiento dentro de una composición. Aunque Orozco nunca adoptó estas ideas como una estética visible, sí las incorporó como método de trabajo, y ese descubrimiento se convirtió en otro de los ejes de “El orden inquieto”.

“Me interesó mucho entender qué fue lo que vio Orozco cuando estuvo allá. Hay una frase de Luis Barragán que me gusta muchísimo: ‘No hagan lo que yo hice, sino vean lo que yo vi’. Entonces, más que intentar repetir a Orozco, me interesaba tratar de entender qué descubrió él en Nueva York, qué encontró en Jay Hambidge y en la Simetría Dinámica. Retomé esas matemáticas y esas construcciones geométricas para intentar hacer una lectura de lo que él estaba observando en ese momento. Me gusta pensar esta investigación como un intento por mirar a través de sus ojos”.

Intención. La muestra desglosa pieza por pieza una litografía de Orozco. CORTESÍA
La muestra “El orden inquieto” se inspira en la pieza “Pueblo Mexicano”. CORTESÍA

Experiencia enriquecedora

Cabe señalar que la exposición marca un momento importante dentro de la trayectoria profesional de Adrián; aunque había trabajado previamente con la galería madrileña, esta es la primera ocasión en que presenta una exposición individual en Europa.

La propuesta nació a principios de año, cuando S Gallery -Calle Ferraz 78, Madrid- le planteó desarrollar un proyecto específico para el espacio; el resultado son doce piezas de gran y mediano formato reunidas bajo un título que resume buena parte de la filosofía de la muestra.

La recepción del público ha superado sus expectativas, y aunque evita hablar en términos triunfalistas, reconoce que la experiencia ha resultado enriquecedora. 

“Hace muchos años aprendí a no esperar nada. Entonces, suceda lo que suceda, trato de verlo como algo positivo. Pero viéndolo en retrospectiva puedo decir que fue una experiencia muy buena. Ya se movió obra, pude dar conferencias, convivir con otros artistas y compartir este proceso de investigación. Además, llegar a Madrid es casi como sentirse en casa. Hay muchos mexicanos, estudiantes y personas interesadas en el arte latinoamericano. Eso volvió la experiencia todavía más especial”.

Más allá de la exposición, la investigación también llevó a Adrián a reflexionar sobre la influencia que figuras como Orozco y Barragán siguen ejerciendo sobre las nuevas generaciones de artistas y arquitectos. “Creo que no se puede hablar de la producción artística contemporánea de Guadalajara sin esos dos orígenes tan importantes que son Orozco y Barragán. Una obra conduce a la otra. No puedes hablar de Gabriel Figueroa sin ciertos ecos de Orozco. No puedes hablar de Barragán sin hablar de Orozco. Son parte del ADN cultural de la ciudad. Habrá generaciones que intenten alejarse de esa influencia, pero incluso esa negación termina haciéndolos presentes”, finalizó.

La exposición permanecerá abierta hasta el próximo 15 de junio, pero las preguntas que la originaron parecen lejos de agotarse, pues cada nueva lectura abre otra, cada geometría revela una más, y cada fragmento vuelve a demostrar que las grandes obras nunca terminan de decir lo que tienen que decir. 

El ejemplo lo da Adrián Guerrero: una litografía creada en Nueva York hace casi cien años, todavía puede seguir generando preguntas desde una galería en Madrid.

Lenguaje. De la fragmentación, nacen nuevas composiciones geométricas. CORTESÍA

Equilibrio, orden y estabilidad

Durante siglos, la geometría fue asociada con conceptos como equilibrio, orden y estabilidad. En las piezas de Guerrero aparece también como tensión, movimiento e incertidumbre. La estructura existe, pero nunca permanece inmóvil. “Me apasiona dibujar geometría. Me interesa muchísimo el orden al que puedes llegar. Incluso dentro del aparente desorden siempre existe una estructura detrás”, compartió Adrián. 

“Creo que por eso conecté tanto con esta pieza de Orozco. Cuando uno observa sus murales ve personajes, narrativa, dramatismo y movimiento, pero detrás existe una construcción geométrica impresionante. Si observas con atención los bocetos de Orozco aparecen líneas conductoras por todas partes. Yo ya no puedo ver la obra de Orozco sin mirar también esa estructura que la sostiene”.

Esa fascinación atraviesa buena parte de su trayectoria, y aunque actualmente es conocido sobre todo por su trabajo pictórico, Guerrero comenzó dentro de la cerámica y ha transitado por disciplinas tan diversas como la fotografía, el grabado, el dibujo y la escultura. “Creo que por naturaleza soy muy inquieto. Mi trayectoria comenzó en la cerámica y después fui moviéndome hacia la fotografía, el dibujo y la pintura. Luego regresé a la cerámica. Más tarde al grabado. Todo el tiempo estoy cambiando de disciplina porque me interesa muchísimo crear a partir de las posibilidades que ofrece cada material. Ahora que conozco más oficios, cuando surge una idea me pregunto cuál es el lenguaje adecuado para desarrollarla”, compartió.

Esa condición multidisciplinaria también se percibe en “El orden inquieto”. Las piezas conservan una fuerte raíz arquitectónica, pero dialogan al mismo tiempo con el dibujo, la pintura y la construcción espacial: la influencia de su formación como arquitecto resulta imposible de ocultar. “Estudié arquitectura. No puedo negar la cruz de mi parroquia”, dice entre risas.

“Siempre camino entre tres o cuatro proyectos distintos y la geometría ha sido un pilar dentro de mi trabajo. Aunque cambie de materiales o disciplinas, siempre regreso a ella. Es una herramienta que me permite pensar, ordenar y construir relaciones entre las piezas”.