Miércoles, 22 de Enero 2020
Suplementos | Sabemos, o deberíamos saber con certeza, que el ser humano fue creado para la felicidad

Yo los he elegido

La verdadera felicidad ha de ser nuestra meta, y esta felicidad verdadera, como lo afirma la Sagrada Biblia, la encontramos sólo y únicamente en Dios y en su enviado Jesucristo...

Por: EL INFORMADOR

     Sabemos, o deberíamos saber con certeza, que el ser humano fue creado para la felicidad. Ser feliz es tu destino y el mío, querido hermano(a) lector(a).
La verdadera felicidad ha de ser nuestra meta, y esta felicidad verdadera, como lo afirma la Sagrada Biblia, la encontramos sólo y únicamente en Dios y en su enviado Jesucristo, por medio de su Santo Espíritu: “Sólo Dios hace al hombre feliz”.
     Sin embargo, nuestra propia naturaleza, tan inclinada a la autosuficiencia, a la sobrevaloración de nuestras capacidades; nuestra naturaleza, tan proclive a la independencia, a buscar sin la ayuda de nadie, o tan sólo de unos cuantos, las soluciones a los problemas, las respuestas a las interrogantes de la vida; nuestra naturaleza, tan tendiente a hacernos creer que el ser humano tiene el poder y es capaz de hacer cosas grandes al margen de Dios, nos hace, inclusive, hacerlo a un lado y hasta olvidarnos de Él --y no digamos de su Plan de vida--, y terminamos por buscar el apoyo de aquello que esté de acuerdo con nuestra manera de pensar, o que nos ofrece soluciones fáciles, que no impliquen sacrificio, simplistas y también, por ende, falsas.
     Esto se ve agravado por la gran penetración que han alcanzado muchos medios de comunicación, los cuales se han infiltrado en nuestro medio y en nuestra cultura --tal vez sin intención de hacerlo, sino simplemente por vender sus servicios al mejor postor-- y difunden tanto anuncios publicitarios, como los mismos contenidos de su programación, sin una autocrítica seria y bien fundada, sin un análisis y discernimiento que pueda prever la influencia de formas de pensar o estilos de vida, de costumbres, incluso de tipo religioso, de otras culturas totalmente ajenas.
     Exaltan éstas exageradamente y promueven  el culto al “yo”, a las capacidades del ser humano, y basan su éxito en ello, contribuyendo así a que a las personas --con el tiempo, como es lógico-- se transformen en auténticos egoístas, egocentristas, pagados de sí mismos, y --en el clímax del  proceso-- en sus propios “dioses”,  dizque  capaces de alcanzar la perfección por ellos mismos.
     Y, ¿qué decir de la proliferación de institutos, escuelas y diferentes empresas que se autodenominan de capacitación y desarrollo humano, que organizan cursos, seminarios, simposiums, en los que precisamente adiestran a los participantes con base en esas corrientes de pensamiento, la mayoría con principios muy lejanos al Evangelio y otros francamente anticristianos?

     Cuánto daño han causado a las propias personas, pues con el tiempo se llegan a convertir en vanidosas, orgullosas, soberbias, amargadas, antisociales; lo mismo a sus familias, puesto que basta con que alguno de los demás miembros no esté de acuerdo con ellos, para que se provoquen divisiones que a la larga suelen ser dramáticas y definitivas; dañan también a la sociedad, puesto que al aferrarse a sus propias ideas, cierran la puerta a toda convivencia y llegan a rechazar a su propia cultura, viviendo, por ende, en un continuo choque con los demás, que causa mucho daño al entramado social y al progreso pacífico de éste.
     El origen de todo suele ser una visión antropológica equivocada, que quizá ni siquiera la persona es responsable de ella, ya que la heredó de su familia. Y en ello está involucrada la creencia de que fueron él o sus padres quienes eligieron su fe, su religión, su Iglesia, su Dios, y no Dios quien los eligió a ellos...
     Y es que el Cristianismo es la única religión en la que es Dios quien elige a sus fieles, a sus seguidores; y si no se es consciente  y se vive congruentemente con ello, sin duda se llegará a perder la verdadera fe, ese don que recibimos en nuestro Bautismo, y andaremos “eligiendo” al “dios” que más nos convenga, y pagando por ello toda clase de consecuencias.
     Jesús nos lo recuerda de manera muy clara en el Evangelio de hoy: “No son ustedes los que me han elegido, soy Yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca...”.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx

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