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Viernes, 16 de Noviembre 2018

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Suplementos | Es la hora de empezar a caminar, manda la liturgia al orden en el culto de la Iglesia

Ya viene el Señor

A este tiempo de preparación se le ha llamado Adviento --ad, para; ventus, venida-- , con el sabio intento de que la Navidad no encuentre desprevenido a los que de veras esperan a Cristo

Por: EL INFORMADOR

     Es la hora de empezar a caminar, manda la liturgia al orden en el culto de la Iglesia.
     Hoy empieza el nuevo año de la Iglesia, que no coincide con el inicio del año civil.
     Comienza con cuatro semanas de preparación a la gran alegría del nacimiento del Salvador.
     A este tiempo de preparación se le ha llamado Adviento --ad, para; ventus, venida-- , con el sabio intento de que la Navidad no encuentre desprevenido a los que de veras esperan a Cristo.
     Porque hay quienes más bien esperan los chocolates, las piñatas, las posadas muy mundanas. O también, y con razón, esperan el aguinaldo, los regalos o las vacaciones de fin de año. Y se desata la fiebre del consumismo, comprar cuanto se puede más allá de lo indispensable.
     Lícito y bueno es festejar la Navidad, y más teniendo presente que ese nombre significa el nacimiento del Hijo de Dios, de Dios infinito, omnipotente y eterno, quien, al tomar voluntariamente la naturaleza de hombre, se vuelve pequeño, débil y mortal.
     Cuatro semanas de preparación, con todos los afanes para que nada falte y todo salga bien el día de la fiesta.
     Y el motivo de la fiesta es Cristo, nacido hombre entre los hombres.

Es tiempo de disponer el
interior de cada cristiano

     Los primeros en preparar todo para la Navidad son los comerciantes, al poner a la venta atractivos objetos, decoraciones y lo apetitoso al gusto, golosinas y bebidas plenas de variedad y colorido.   
     Luego los medios de comunicación, para atraer a las multitudes, ofreciendo con ingenio productos y servicios en abundancia.
     La Iglesia, Madre y Maestra, va con otra escala de valores: quiere un alegre despertar; pretende reavivar las virtudes teologales.
     La fe, al dejar en claro la presencia del mismo Dios en la historia de la humanidad, en la que es parte al tomar la naturaleza del Verbo de Dios.
     La esperanza, porque se profundiza en el gran misterio de que Dios descendió del cielo para hacer subir a los hombres.
     Y la caridad, porque la Navidad es misterio de amor. El Hijo de Dios amó, se anonadó, se empequeñeció hasta habitar en el seno de María y nacer en el portal de Belén, para, a su tiempo, poder entregarse a la muerte, y muerte de cruz.

El Adviento es abrir

     Abrir la puerta a quien viene, para recibirlo amorosamente en la casa que es nuestro corazón.      
     Pero antes hay que limpiar esa casa, de todo pecado; de la influencia del  demonio; de todas las basuras del mundo; de las debilidades de nuestra frágil carne.
     Antes, también, debemos colocar en la casa los mejores adornos, que son la práctica constante de las virtudes por todos los cristianos que en ella habitan.
     Ser más comprensivos, más tolerantes con propios y extraños. No estar irritado ni usar estrepitosamente la bocina del automóvil con significado de una grave ofensa.
     Ser más pacientes, saber perdonar, para llegar a la Navidad sin arrastrar las pesadas cadenas del odio y el rencor.
     Igualmente adornar la casa --nuestro corazón-- con obras de misericordia, teniendo como base de nuestra conducta que cuanto bien se hace al prójimo, es como si se hiciera al mismo Cristo.

Responsables y vigilantes

     Aunque todo momento es el momento de Dios por su presencia perpetua, invisible y operante, se manifestó en la historia con su llegada primera hace dos mil ocho años y desde entonces motiva enorme gozo.
     Más Cristo volverá con gran poder y majestad. Vendrá como juez, el mismo pequeño que nació en una aldea de pastores llamada Belén de Judá, en una apartada provincia.
     A nadie le agrada ser sorprendido. Y para no ser objeto de sorpresa alguna, es menester el ser siempre responsable y vigilante.
     Ésta ha de ser una actitud constante del buen cristiano, a pesar de lo fácil que resulta ser presa de los atractivos del mundo, que por doquier se presentan para provocar distracciones y desviaciones.

“Velen, pues no saben
a que hora va a regresar
el dueño de la casa”

     El Señor, buen maestro, tiene por estilo enseñar los misterios profundos mediante sencillas parábolas.
     Para este primer domingo de Adviento y enfocando la idea de la vigilancia, presenta la parábola de “un hombre que se va de viaje y deja su casa encomendada a sus servidores”.
     Cristo volverá. Y quiere encontrar todo en orden, limpio y agradable, y a sus servidores bien dispuestos para obedecer sus órdenes.
     Velar significa no caer en amodorramiento, en tibieza, en descuido.
     Un empresario, un comerciante, ocupa un tiempo de su quehacer en hacer balance de su negocio. Así tiene conocimiento de si marcha bien, regular o mal; también sabe cómo y con qué recursos continuar o enmendar.
     Y el mayor de los negocios es, sin duda, la propia salvación. Pero
-- es triste pensarlo-- a veces no se le da la importancia que y el tiempo de atención que esto requiere.

Conciencia de la honda
necesidad de Cristo

     Una Navidad sin Cristo no tiene sentido.
     Una vida sin Cristo es caminar sin usar los ojos, sin percibir la luz, sin camino qué seguir y a punto de perder la vida.
     El desconocer u olvidar a Cristo es un peligro mil veces mayor que el más grave problema financiero, por el que tantos pechos han dejado escapar lamentaciones. Se afligen, lloran ante los dioses falsos que son las finanzas, los billetes de banco, las monedas.
     Cristo es a nosotros como la luz del sol. ¿Qué sería de la humanidad el día en que el sol se apagara?
     Todos aquellos que pretenden apagar la luz de Cristo, no podrán hacerlo.
     Éste Adviento ha de mantener vigilantes a quienes en Él creen, para que Cristo brille no sólo en el portal de Belén, sino en los corazones de todos.

Pbro. José R. Ramírez      

 

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