Jueves, 16 de Octubre 2025
Suplementos | Nosotros hoy queremos también levantar nuestra voz para proclamar: ¡Ya basta de cristianos tibios, mediocres e indiferentes!

Ya basta de cristianos tibios

Hoy en día y ante la situación que el mundo, y en especial nuestro país, está sufriendo, se escucha y se lee por doquier la exclamación, el grito, el reclamo de ¡“ya basta”!

Por: EL INFORMADOR

    Hoy en día y ante la situación que el mundo, y en especial nuestro país, está sufriendo, se escucha y se lee por doquier la exclamación, el grito, el reclamo de ¡“ya basta”!
     Lo oímos en los círculos sociales en los que nos desenvolvemos; en el ámbito laboral, familiar, cultural; lo oímos y vemos también, y muy frecuentemente, en los medios de comunicación, sin dejar de mencionar las manifestaciones públicas que llevan esas tres palabras como lema.
     Y, ¿cuáles son los principales reclamos que escuchamos y leemos?
Aunque son de todos conocidos, conviene recordar los principales para darle contexto a nuestro comentario de hoy.
      Estos son: ¡Ya basta de violencia! ¡Ya basta de corrupción! ¡Ya basta de injusticias y opresiones! ¡Ya basta de impunidad! ¡Ya basta de abusos y despojos! ¡Ya basta de raterías y engaños! ¡Ya basta de dilapidación de los dineros del pueblo! ¡Ya basta de políticas y políticos incompetentes, prepotentes y melómanos! ¡Ya basta de… ( usted añada los que desee)!
Nosotros hoy queremos también levantar nuestra voz para proclamar: ¡Ya basta de cristianos tibios, mediocres e indiferentes!
     ¿Qué quién soy para expresarme de esa manera tan osada y tal vez, para algunos, atrevida?
     Ante el mundo no soy más que un ciudadano que hace uso de la tan “paseada” libertad de expresión; un ciudadano de edad madura, con capacidad de juicio y con conocimiento suficiente de la realidad, y con discernimiento elemental para comprender, si no todo, mucho de lo que sucede en su entorno.
     Sin embargo, como cristiano, soy uno que se ha comprometido con su vocación surgida de su bautismo; que cree en Dios Trino y Uno,  en el Padre amoroso y creador, en Jesús Salvador y en el Espíritu, Señor y dador de vida; y no sólo eso, sino que le cree a ese Dios maravilloso, y cree en su Palabra y en sus mandatos, como el que San Marcos nos señala en su Evangelio en su capítulo 16, verso 15: “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Nueva a toda la creación”.
     Y yo voy al mundo, es decir, llego a ustedes mis amables, respetables y amados en Cristo Señor, hermanos que me honran al leer estas letras, a través de este medio de comunicación, simplemente para comunicar a todos los bautizados y hombres de buena voluntad lo que, precisamente la Palabra de Dios, que es la Buena Nueva, nos dice en varios pasajes, de forma directa o indirecta.
     En el Evangelio de San Mateo, capítulo 7, verso 21, Jesús nos dice: “No son los que me dicen: ‘Señor, Señor’, los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que cumplen la voluntad de mi Padre que está en el cielo”.
Con ello, el Señor Jesús nos deja muy claro que es preciso hacer la voluntad de Dios Padre para entrar a Su Reino, a ese Reino que como Él mismo lo afirmó, “ya está aquí”, comienza desde este mundo, y podemos ya disfrutar, puesto que es un reino de amor, de paz, de justicia, de verdad, de gracia, de vida y vida en abundancia.
     Siguiendo con San Mateo, en el pasaje que la Iglesia nos propone para este domingo, tomado del capítulo 22, versos 37 al 39, a pregunta de un doctor de la ley, Jesús respondió: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento.  El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
     En este mandamiento está resumida toda la ley y los profetas, es decir todos los mandamientos de la ley del Antiguo y del Nuevo Testamentos. Y es claro que no se puede --como dice san Juan en su primera carta-- amar a Dios a quien no vemos y no amar al prójimo a quien sí vemos; de otra manera somos mentirosos, somos mediocres, tibios.
     Y, finalmente, en el libro del Apocalipsis encontramos el texto más directo y contundente a este respecto: “Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca”. (Ap. 3, 15-16).
     Sí, ¡ya basta! Porque si los cristianos dejáramos de ser tibios, y fuéramos calientes, nuestra realidad sería otra.

Francisco Javier Cruz Luna
cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx

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