Lunes, 20 de Octubre 2025
Suplementos | V Domingo de Pascua

''Y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos''

La caridad es el amor operante, es el signo práctico y testifical de la incorporación al reino

Por: EL INFORMADOR

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GUADALAJARA, JALISCO (28/ABR/2013).- Lo esencial, lo básico y característico del cristianismo, es la vida según el espíritu de la fe, la esperanza y la caridad. En esta última serán conocidos los auténticos cristianos. Es un amor teologal.

La fe actúa por caridad. San Pablo en su himno al amor —a la caridad— afirma: “Aunque tenga plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy”

El Papa Pío XII decía: “Las gentes de este tiempo tienen malos oídos para escuchar sermones, pero muy buenos ojos para observar las obras de caridad que se hacen. Y si ante sus ojos se presenta alguien que demuestra con sus obras que en verdad ama a los demás, eso les impresiona más que una predicación de alta oratoria”

El amor operante, el manifestado en obras, es el signo práctico y testifical de la incorporación al reino. Es la identidad del cristiano; identidad difícil y profunda.

La nueva ley es la unificación de las dos direcciones del amor; el amor a Dios ha de manifestarse en el amor al prójimo. “Amar al prójimo en Cristo”.

El hombre nuevo, el de la nueva alianza, será reconocido no por las vestiduras externas, no por los títulos obtenidos, ni por signos de esos que se llevan al cuello o al pecho. El signo evidente del cristianismo es para ser visto sólo por Dios; y si en algo se manifiesta, será en las obras que inspire el amor.

Esa es la antigua, la actual, la permanente condición del cristianismo.

Nunca se encontrará un santo ajeno a estas dos virtudes.

Podrá carecer de otras virtudes, pero sin caridad, no sería cristiano; sin humildad, no alcanzaría la abundancia de las gracias divinas, sin las cuales nadie puede llegar a Dios.

Cristiano sin amor, aunque sabio en letras divinas y humanas, no es cristiano. En esto conocerán que son discípulos: en el amor.

José Rosario Ramírez M.

Nuestra respuesta a su mandato

Los detractores de la Iglesia Católica se ensañan en presentarla, a través de los medios de comunicación, como una organización en la que la mayoría de sus dirigentes y pastores son corruptos, mentirosos, avaros, degenerados, etcétera, generalizando los poquísimos casos que en realidad se dan, dada la condición y naturaleza débil y pecadora de sus integrantes.

El presentar realidades como éstas sin ver y considerar, para un juicio o calificación, la otra cara de la moneda, manifiesta o una incapacidad de discernir o bien una declarada mala intención de desacreditar o descalificar, cuando con ello los descalificados son ellos. Sin  embargo, existen muchas personas que  faltas de criterio, de conocimiento o de ese discernimiento tan necesario, son fácilmente influenciables —sobre todo si quien lo escribe o lo dice, lo hace con intención y estrategia manipuladora—, y son tan crédulos que caen en el garlito.

Es una realidad que a través de la historia, muchos miembros de la Iglesia Católica se ha distinguido por sus grandes obras a favor de los más necesitados, a los que han ayudado de manera muchas veces heroica, a multitudes, en muchos campos, tales como la salud: grandes hospitales, como el caso del Hospital Civil de Guadalajara, fundado, financiado y operado por mucho tiempo por Fray Antonio Alcalde, y ahora a cargo de la Universidad de Guadalajara; la gran obra de PAIPID, fundada por la madre Bertha López, quien no solo atiende a los enfermos terminales de VIH, sino que los trata con tal amor y dignidad que terminan sus días como verdaderos seres humanos.

En el campo educativo, excepcionales instituciones que han formado grandes seres humanos, gracias al servicio y sacrificio de los educadores católicos, ya sean religiosos, sacerdotes o laicos.

Qué decir en la asistencia social y obras de caridad, con cuyas obras ayudan a miles y miles de hermanos necesitados; obras como Cáritas y tantas que en últimos tiempos han surgido encabezadas por laicos verdaderamente entregados y en nombre de Jesucristo, por ejemplo el albergue de “Las Cuadritas” de Galilea 2000.

Todo esto y mucho más que no podríamos detallar, dada la inmensa cantidad de obras de la Iglesia Católica en todo el mundo, no es otra cosa que la respuesta al nuevo mandamiento de Jesús de amarnos los unos a los otros como Él nos amó, el que hoy el Evangelio nos recuerda.

Todos estos detractores y enemigos de la Iglesia deberían recapacitar y saber que al que atacan también es a Aquél que dio todo, incluso su propia vida también por ellos: “Lo que hagan con estos mis pequeños, lo hacen también a Mí”, y a los que también ama y perdona por igual, a través de su Iglesia.

Francisco Javier Cruz Luna

Una oración


Señor Jesús, te invocamos como el primero y el único amor de nuestra vida, nuestro Maestro, Pastor y Rey del Universo, y te pedimos que nos ayudes a ser como San Margarito, jóvenes llenos de ideales que nos impulsen a trabajar por la salvación de todos y por el bien de la juventud.

María Belén Sánchez, fsp

Para cualquier aclaración o comentario puedes escribirme a: mariabelens9@gmail.com

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