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Suplementos | Graciela Ochoa superó la enfermedad y hoy vive feliz y plena

¿Y después del cáncer, qué sigue?

Testimonio de Graciela Ochoa, quien a los 24 años fue diagnosticada con esta enfermedad y hoy vive a plenitud
Graciela Ochoa con sus pequeños. ESPECIAL / Cortesía Dulce Ochoa

Graciela Ochoa con sus pequeños. ESPECIAL / Cortesía Dulce Ochoa

GUADALAJARA, JALISCO (19/OCT/2016).- Aunque le dijeron que el cáncer era sinónimo de muerte, Graciela Ochoa decidió cambiar su suerte cuando se enteró que su seno derecho estaba diagnosticado con cáncer de mama. Tenía 24 años de edad y estaba soltera. Dos semanas después de la detección, Graciela estaba en quirófano enfrentando su nueva realidad, tomando con filosofía este reto y con una visión optimista los cambios que se avecinaban en su vida.

“Al estar bañándome sentí una bolita en el seno y al ir con el oncólogo me dio la noticia que era maligna. El proceso sí fue complicado por la edad que tenía, lo tuve que asimilar. Tuve nueve quimioterapias y dos radiaciones por semana durante un mes, fue muy triste al principio. Lo tomé como una experiencia más porque me decían que el cáncer era sinónimo de muerte, pero lo tomé como un aprendizaje diferente que me ha dejado más cosas buenas que malas. Aprendes a vivir con esto”.

Eso pasó en 2004, ahora con 35 años de edad, Graciela charla sobre las quimioterapias y radiaciones que le cambiaron también su perspectiva de la belleza femenina al verse sin un seno y sin cabello, de cómo se aventuró a la maternidad ante las probabilidades de fallar en el intento y ahora tiene dos hijos, una de ocho años y otro de seis.

“A los tres años de la operación me casé y me embaracé. No permití que mi vida cambiara, estaba muy joven y yo saliendo de las quimioterapias en la noche me iba al antro, hacía mi vida normal con muchos cuidados, estaban sorprendidos los doctores, porque con tanto medicamento te cansas, pero decidí que no estaría encerrada. Todo depende de la actitud que tengas”.

Cada seis meses Graciela continúa en revisiones médicas, para descartar más sustos y aunque ahora enfrenta complicaciones por linfedema — obstrucción en los canales linfáticos—, esta mujer decidió que tirar la toalla no es una opción en su vida.
Progresivamente ha explicado a sus hijos su enfermedad, de por qué hace falta algo en su pecho y que eso no le resta feminidad.

“Estoy feliz, mis hijos son mi vida. Siempre les he hablado con la verdad, me preguntaban por qué tenía un seno más grande y saben que desde hace mucho tiempo enfrenté esta enfermedad, que tuvieron que quitarme un pedacito, les he enseñado fotos cuando estaba sin cabello. Ellos me cuidan, están conscientes de este problema, saben que  ahora sigo luchando con el linfedema”.

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