Suplementos | ¡Volvamos a Dios, nuestro Padre, antes de que sea tarde y provoquemos la destrucción de nuestro mundo ¡Volvamos al Padre! Es realmente inaudito cómo en general la población, y de manera muy especial la juventud, sufre de una verdadera ansia, de una avidez insaciable de diversión... Por: EL INFORMADOR 13 de marzo de 2010 - 11:51 hs Si circulamos durante la noche, a partir de determinada hora --por cierto, no temprana--, por ciertas zonas de nuestra ciudad, es realmente de llamar la atención la abundante "vida nocturna" que hay en la misma, durante todos los días de la semana. Podemos observar cafeterías, bares, restaurantes y no digamos los llamados "antros" con bastantes personas como comensales, especialmente adolescentes y jóvenes, amén de los fines de semana, que es cuando abarrotan. Es lo más común que suelan ingerir bebidas alcohólicas en exceso, y, alarmantemente, el consumo de drogas y enervantes es cada vez mayor entre los jóvenes. Es realmente inaudito cómo en general la población, y de manera muy especial la juventud, sufre de una verdadera ansia, de una avidez insaciable de diversión, de dispersión, de enajenación; tanto, que muchas veces no les importa lo que hacen, lo que beben y otras cosas que suelen fomentar, con tal de salir de sí mismos, de huir de las responsabilidades y de enfrentar su propia realidad. Sobra decir que las consecuencias son por demás nocivas, y en muchos casos fatales; independientemente del daño que producen esos productos en la salud individual, las afectaciones que se dan en las relaciones en el seno familiar y en la misma sociedad; cada vez son más frecuentes los asaltos con violencia, las riñas entre pandillas, y los accidentes tanto automovilísticos como de otro tipo que desgraciadamente siegan vidas de muchos que apenas empiezan "a salir del cascarón", de personas de corta edad, entre los que hay gente inocente; aunque en su mayoría, bástenos escuchar las noticias cotidianas, son muchachos involucrados directamente. Son muchas las voces que se alzan denunciando esta realidad, unos "rasgándose las vestiduras"'; otros cargándole la culpa a las autoridades; otros más planteando sendas soluciones a la problemática, muchas de las cuales, nunca funcionan; otros más la capitalizan para fines políticos. ¿Qué pasa entonces y qué solución podría tener este problema cada vez más grave e incontrolable? Podrá haber muchas respuestas que hagan un diagnóstico, tal vez bien cimentado, válido, pero parcial si en él no se involucra a quien es el dueño de la vida, a Dios. Por ello nosotros afirmamos que en la raíz del problema se encuentra, en primer término, el rechazo o simplemente la no puesta en práctica del plan de amor que Él, al crearnos, estableció para nosotros, sus creaturas, sus hijos; ello se debe a varias razones: un gran desconocimiento del mismo; el egoísmo que hace que centremos nuestra vida en nosotros mismos y no en Dios, y el no querer asumir ese plan porque contraviene nuestros propios intereses y conveniencias, etc. Todo ello va creando en el ser humano un gran vacío, el cual se busca llenarlo como sea, y no es con el amor de Dios, nuestro Padre, que es lo único que puede satisfacer al hombre, con satisfactores humanos, materiales, etc., que jamás lo lograrán. Y en la medida que se buscan dichos satisfactores, más se acrecienta el vacío, y se convierte como en un alud en el que cada vez crece la masa de nieve y precipita al vacío. Son muchos, especialmente, adolescentes y jóvenes, quienes viven esta realidad, porque, al igual que el joven del Evangelio de este domingo, se han sentido autosuficientes, se han alejado de su Padre Dios y nada lo dejará satisfecho hasta que regresen a Él. Y por otro lado, los padres de hoy distan mucho de amar a sus hijos de la manera como lo hace el padre de la parábola. Dijo San Agustín: "Nos creaste para Ti, Señor, y nuestro corazón no estará en paz hasta que descanse en Ti". Y descansar en Él es confiar en Él, en su Palabra, en su plan de salvación para todos los hombres; de otra manera seguiremos viviendo en la infelicidad, en la zozobra, en la infecundidad espiritual. ¡Volvamos a Dios, nuestro Padre, antes de que sea tarde y provoquemos la destrucción de nuestro mundo y la perdición de nuestras almas. Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj(arroba)yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones