Suplementos | Por: Vicente García Remus Veredas Cañón la Boca Por: EL INFORMADOR 4 de abril de 2010 - 08:23 hs Entre los cerros: Agua Fría y La Boca, se abre paso el encantador cañón nombrado como el segundo cerro. De Ciénega de González, seguimos rumbo oeste por el precioso cañón San Juan Bautista. Nuevo León es rico en hermosos cañones, cañones que comunican a ciertos poblados y con ello, sus senderos nos regalan parajes de bellas formas para nuestro gozo visual. La sierra San Cristóbal y la sierra La Laguna delimitan el cañón San Juan. Pasamos Laborcitas y el Rincón del Lobo, nos detuvimos cerca de un vado a mirar el cañón, valles dorados por hierba seca, los nopales, huizaches y uno que otro pino le daban algo de vida a el suelo arenoso, las arenas blancas contrastaban con la escasa vegetación, los pliegues de la sierra San Cristóbal, unían con gracia el lecho del cañón, con preciosas escarpas completamente a plomo y blancas, y la sierra La Laguna, con pliegues inclinados a 45º y cumbres planas, en su parte baja bonitos robledales. A corta distancia vimos el caserío de San Juan Bautista, diseminado en una loma, había unas casas de madera y con techos a dos aguas. Llegamos a una bifurcación, donde un camino de tierra continuaba por el cañón para enlazar a una ranchería. La carretera por la cual íbamos giró a la izquierda con dirección sur, para adentrarse en el fantástico cañón La Boca. Nos detuvimos a admirar el inicio del cañón, del costado izquierdo la ladera del cerro La Boca, casi vertical y con tres árboles desojados. Y a un reducido trecho, del costado derecho, apreciamos la ladera vertical, del cerro Agua Fría, y a un lado dos atractivas peñas terminadas en punta, Alejandro comento: “parecen la cornamenta de un antílope”. El sendero se perdía en un obscuro túnel, en la boca del antílope. Escuchamos el alegre silbido del viento y el cantar de un arroyo, del arroyo Agua Fría, y vaya que comulgaba con su nombre. Quisimos ver el arroyo, pero se ocultaba detrás de hojarascas y de matorrales, nos acercamos y miramos el blanco arroyo acanalado, de lo contrario el lecho arenoso mermaría gran parte del caudal, vital liquido que es valorado, conservado y utilizado arroyo abajo, el canal serpenteaba al igual que su colindante, una pared rocosa. Entramos emocionados por aquel fascinante túnel natural de completa sombra, creado por el cañón, luego de una curva el camino adquirió color y nos brindó una primorosa cascada, de unos cuatro metros de altura, donde cuatro chorros caían mágicamente por una piedra un tanto esférica, por techo otra piedra de similar figura, pero de grandes proporciones. Nos sentamos sobre una piedra a contemplar la caída, después me aproximé a la fosa a refrescarme del agua zarca. Enseguida de la cascada el cañón se manifestó con paredones puntiagudos, y el arroyo corría con garbo entre piedras, zarzas, manzanillas y robles con heno. Más adelante, las sombras y las luces, se deslizaban a la vez sobre pintorescos perfiles de gran tamaño, en sentidos opuestos, creando sorprendentes espectáculos, en variadas formas, taludes y tamaños, perspectivas con primeros planos sombreados con vegetación y segundos planos iluminados, pero carentes de plantas, desnudos completamente, el contraste que se manifestaba era insólito, ciertos rincones perecían de noche, cuando era medio día. Inclinábamos bastante la cabeza para poder mirar los altos y hermosos acantilados, unos lisos y otros surcados por piedras. Temas Pasaporte Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones