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Martes, 19 de Febrero 2019

Suplementos

Suplementos | Arroyo Alpisahua

Veredas

Por: Vicente García Remus

Por: EL INFORMADOR

En la ladera suroeste del cerro La Palma, nace el encantador arroyo Alpisahua.

Luego de haber apreciado los bonitos detalles de la capilla de Santa Gertrudis, fuimos a San Isidro de las Atarjeas, estancia que antaño perteneció a Carlos Vizcaíno y tenía una extensión de mil 783 hectáreas, seguimos la brecha de la estancia con el animo de ver el casco viejo, pero no encontramos nada, a cambio le dimos gusto al gusanito de saber del casco.

Regresamos a Cuantlancillo, y al encontrarnos ante el sendero de Alpisahua, nos sedujo un fantástico bosque de higueras, y no dudamos en desviarnos por aquel sendero, que fue bordeando el bosque, paramos el automóvil para caminar entre los gruesos árboles.

Dimos algunos pasos con gran regocijo de hallarnos con las higueras. Pero el bosque no estaba solo, lo acompañaba y lo embellecía el maravilloso arroyo Santa Gertrudis, en realidad ambos se embellecían y hacían que el valle donde se encontraban fuera un tanto peculiar.

Anduvimos por la vera del arroyo un buen tramo, disfrutamos árbol por árbol y cada trecho del arroyo, que zigzagueaba con donaire. Nos sentamos sobre un tronco a admirar el agua y su entorno.

Los arroyuelos van formando arroyos y éstos ríos. Por Atarjeas de Covarrubias, corre el arroyo Las Atarjeas, y en el cerro El Astillero nacen los arroyos: Los Tepames, La Huerta y San Rafael. Los arroyos referidos se van uniendo, para formar el arroyo Santa Gertrudis.

Continuamos por el camino de tierra, que siguió por la arbolada, por un buen espacio, y se fue separando para traspasar un llano, que en su extremo lo delimitaba un cordón de árboles centenarios, al acercarnos fuimos sorprendidos por el arroyo Alpisahua, que murmuraba alegría y manifestaba sosiego.

Elegimos unas piedras para sentarnos placidamente, donde saboreamos unas ricas tortas y unas frías bebidas. El caudal apenas se movía, era un fascinante espejo, en el cual se reflejaban, piedras, troncos, ramas y pájaros. Contemplamos el pintoresco arroyo, cuesta arriba y cuesta abajo, hecho que nos vigorizó el humor. Los arroyos que acariciamos, son afluentes del río Tonaya.

Luego del fabuloso día de campo, vimos el nuevo puente, que en poco tiempo estará en uso, Pasamos un vado para conocer el poblado Alpisahua, vimos sus casas, su capilla y su anillo para jaripeos.
¡Que delicia tan excelsa fue el habernos asomado al cañón de Tonaya!  
 

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