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Viernes, 22 de Febrero 2019

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Suplementos | Vicente García Remus

Veredas

Santa Gertrudis

Por: EL INFORMADOR

Al Sureste del Cerro Rincón del Tigre, se levantó la hermosa capilla de Santa Gertrudis.

De Cuatlancillo seguimos nuestro alegre andar por el cañón de Tonaya. Salimos por el sendero del chacuaco, que va a Santa Gertrudis. Pasamos el crucero de Alpisahua y nos detuvimos en un claro a mirar el cerro Rincón del Tigre, pequeño pero atractivo, y a lo lejos, los imponentes cerros: El Astillero, La Huerta, La Palma y El Aguacate. Después de haber gozado los parajes del cañón seguimos nuestro pasear y a corta distancia, repentinamente fuimos maravillados por el campanario de la capilla de Santa Gertrudis, que se dejaba ver entre los doseles de viejos palos.

Quisimos encontrar una calle que nos acercara a la capilla, porque la calle que estábamos recorriendo nos iba alejando y en eso, Diego vio un callejón que conducía al ábside, y para pronto estacionamos el coche y nos dirigimos con desbordante emoción al callejón, de unos dos metros de ancho, que bajaba entre huertas de ciruelos. El callejón termina en una puerta que abre al atrio, la abrimos y fuimos sorprendidos por la fachada lateral, que ostenta una exquisita portada de bellas formas.

La puerta es arqueada en medio punto, con columnas dóricas, enmarcada por dos columnas redondas por lado, con capiteles dóricos, le siguen columnas en relieve y planas, entre ellas óvalos, sobre las columnas capiteles del mismo orden, unidos por una cornisa, sobre los capiteles, se repiten las columnas, los capiteles, rematando con almenas piramidales.

En el eje de la puerta, posa sobre la cornisa una bella escultura de San Francisco de Asís, con una calavera en su mano izquierda, la hermana muerte, que algún día la tendremos que abrazar. La escultura es delimitada por un triangulo equilátero, con almenas aledañas, arriba del triangulo surge una fascinante voluta que con gracia remata la portada. Del lado izquierdo vimos una ventana vertical envuelta por un grueso muro de ladrillo.

Dimos unos pasos para admirar la encantadora portada principal, donde la puerta es en arco de medio punto, con capiteles dóricos, y embellecida por dos medias columnas por lado, con un óvalo labrado entre las columnas. Arriba de la puerta hay un adorno, con un óvalo por costado. Una sencilla cornisa delimita al primer cuerpo, en el segundo cuerpo apreciamos la ventana coral, es vertical, arqueada, con marco de cantera y con forja, enmarcada por columnas y cornisa, con almena en cada esquina. De las segundas columnas surge el remate, semicircular y con una base para santo.

Del lado derecho, observamos el cautivador campanario, de planta cuadrada y de un solo cuerpo, con un vano arqueado por cara, y con una columna dórica en cada esquina. Cada arco tiene por remate un frontón triangular y en las esquinas se encuentra una almena. Por techo una cúpula con obelisco y en su cresta, una cruz, y almenas en su desplante.

En el porfiriato la hacienda Santa Gertrudis era de los hermanos, Juan y Matías R. Villa, y sumaba 2,040 hectáreas.  

Cortamos unas ciruelas coloradas y otras amarillas, y las saboreamos en una banca, impregnándonos de bizarra arquitectura.       

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