Viernes, 31 de Octubre 2025
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Mineral de Copala

Por: EL INFORMADOR

En la sierra Las Ventanas, por donde canta el río Pánuco, se encuentra el maravilloso Mineral de Copala.
Luego de haber disfrutado de Concordia, nos encaminamos por el sendero a Loberas, que es el mismo que lleva a Durango. El camino fue serpenteando y subiendo por hermosos cerros poblados por infinidad de árboles. Después de 40 kilómetros de espectaculares paisajes de follajes, que seguían las sensuales curvas de las colinas, fuimos sorprendidos colosalmente por el Mineral de Copala.

El mineral se asentó sobre un pequeño plan, rodeado de barrancas, hecho que obligó a los españoles a realizar una encantadora traza irregular, se fue haciendo conforme el terreno lo iba permitiendo, y así se fueron conformando calles descuadradas, que suben o bajan con gracia por el dichoso paraje de Copala, pocas son las calles a nivel.

Estacionamos el coche a un costado de la larga plaza, al centro un kiosco de planta octagonal, delimitado por forjas y sombreado por una cúpula, alrededor jardineras y luego bancas, de tres curveadas forjas unidas por tablas con cortes oblicuos. En la calle colindante nos cautivó un romántico portal, delimitado por basas redondas, pilares de madera y capiteles toscanos, por techo; vigas cuadradas, morillos, fajillas de palma y tejas, por piso; ladrillos cuadrados. Espacio donde abría la puerta y se asomaban esbeltas ventanas. La casa contigua nos mostró bonitos marcos azul pastel. A pocos pasos, una casa vecina se levantó sobre un alto cimiento de piedra aparente y presume de una agradable terraza, con una espectacular vista.

Vimos otro encantador portal, con pisos en desniveles, pues el suelo así lo permitió, la calle del referido portal sube hasta topar con otro portal, elemento común en las casas de Copala. Cada calle que anduvimos nos fue brindando hermosas fachadas, cada una con su peculiar detalle, una de dos pisos tenía vanos arqueados en su primer nivel, otra mostraba su muro de piedras con hierbas verdes en el tejado. Apreciamos una fachada con remates dóricos y dentados en sus vanos, y con un insólito giro de 45º en su muro derecho. Entre las casas hay platanares, copales, mangos, aguacates, tabachines, buganvillas, papayos y una que otra palma. Saludamos a un niño que estaba acariciando un burro y a otros que estaban jugando en un primitivo tractor.
Una preciosa callecita nos condujo al corazón del mineral; su imponente iglesia, data del siglo XVI. La puerta principal es en arco de medio punto, con dos columnas estriadas por costado y con un nicho entre ellas, elementos que se repiten en la ventana coral, que atesora un arco trilobulado. Del lado derecho se adosó el insólito campanario  de planta rectangular y de señorial balcón, muy arriba del balcón, apreciamos los dos cuerpos, el primero tiene dos vanos arqueados en sus partes largas y uno en las cortas, el segundo cuerpo tiene un vano por cara, fue rematado en cono y con una almena piramidal en cada esquina.

Luego admiramos una casona con un alto cimiento y una dominante terraza, espacio que se manifiesta en casi todas las viviendas. Ciertos rincones fueron decorados por carros de mina, sobre un tramo de vía con durmientes, uno de ellos decía como reminiscencia: “La Minita Copala, 1665”. Otra casona presumía balcones de hierro forjado y balaustradas sobre su cornisa.

Cominos en un restaurante en altos, donde contemplamos entre la espléndida vegetación, los tejados, las chimeneas, las terrazas y los balcones de varios hogares copalenses.

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