Martes, 25 de Noviembre 2025
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Valores para la vida

Las palabras son insuficientes para expresar el dolor tan hondo por lo que vemos y oímos que sucede en nuestro México

Por: EL INFORMADOR

Hay momentos en los cuales no se sabe qué decir. Las palabras son insuficientes para expresar el dolor tan hondo por lo que vemos y oímos que sucede en nuestro México. Estamos iniciando un año y los deseos se desbordaban invocando la felicidad soñada.

Hace apenas unos meses celebramos con fiestas solemnes el aniversario de la independencia de nuestra Patria; soñábamos con una nueva etapa de verdadera libertad, y lo que presenciamos no es precisamente alegre ni bueno.

De primer intento lo que viene a la mente preguntarnos es:

¿De dónde procede tanta violencia?

¿Por qué la agresión está tomando una fuerza tan arrolladora?

¿Qué educación están recibiendo nuestros jóvenes?

Infinidad de respuestas se agolpan en la mente, y lamentablemente tenemos que constatar que la familia está fallado al dejar que los jóvenes den rienda suelta a sus impulsos, y la juventud los hace desatarse y no siempre por buenos cauces.

Estamos recogiendo los frutos de un ateísmo práctico que se infiltró en las escuelas, en los hogares y a través de los medios. Antiguamente se enseñaba a los niños que Dios está por encima de toda nuestra existencia, y sabíamos desde pequeños que hay un código de mandamientos, unas leyes que es preciso cumplir si de verdad queremos una vida digna, limpia y por el camino de la excelencia.

Ya han pasado los tiempos en los cuales los pequeños asistían al catecismo, a aprender nociones de ética, moral, civismo y de una religiosidad recta y sincera.

Pues bien, hemos hecho a un lado a Dios y entronizamos el poder, la fuerza,

las prerrogativas humanas, y estamos recogiendo las consecuencias.

Si en vez de armas repartiéramos catecismos, evangelios o libros en los cuales viéramos buenos ejemplos reflejados que inspiraran la vida, la actuación y el cotidiano hacer de cada momento de la vida...

Pero en vez de eso, se propagan películas violentas que muestran paso a paso cómo se asalta, se roba y se secuestra, cómo se lanzan las peores injurias, cómo se prepara y trafica las drogas, o cómo se lleva a niñas y jóvenes a la perdición; se engrandece a los antihéroes y los chicos gastan su tiempo en juegos cibernéticos o electrónicos donde impera la violencia, donde corre la sangre a borbotones.

Estamos a tiempo para rectificar y hacer de nuestra vida algo bueno y mejor.

Es necesario elevar los ojos a lo más alto, buscar a Dios y alimentar una sana espiritualidad, porque el ser humano desde que nace no es sólo instintos e impulsos, hay algo muy superior por lo cual luchar para encontrar la fase divina de la personalidad integral.

Es cierto que a menudo el camino de subida requiere esfuerzo, requiere alguna renuncia y una buena dosis de autocontrol.

Pero todo esto será un ideal posible y alcanzable para las nuevas generaciones, si sus padres y los mayores de la familia son capaces de dar buen ejemplo.

Porque es en casa donde se descubren los valores superiores, donde los principios son guía y directriz para llegar a ser personas exitosas, que pueden lograr la excelencia.

El gobierno, la escuela, las instituciones públicas y privadas, especialmente la familia, todos unidos podemos rectificar antes de que sea demasiado tarde.

Si todos unimos fuerzas y los recursos se orientan hacia lo mejor, sin duda descubriremos ese mundo nuevo que el Señor Jesús nos descubrió que es posible, cuando nos vino a ensear cómmo vivir una vida nueva y divina, fundamentada en la virtud y el amor. Esto es lo que Dios quiere y nos pide para cumplir su voluntad.

Entonces veríamos florecer la tierra y abrirse el cielo nuevo que en el fondo de nuestro ser todos deseamos para nosotros, para nuestros hijos y para nuestra Patria.

ORACION

Señor Jesús:

Tú viniste a este mundo

para enseñarnos el verdadero secreto

de una vida plena, libre y feliz.

Pero nosotros los humanos

no siempre comprendemos

en dónde se encuentra

toda la verdad de tu enseñanza.

Nos dejamos guir tan sólo por lo que nos satisface,

y no nos empeñamos en conocerte,

por saber qué te gusta, qué quieres,

cuál es tu plan divino

para nuestro mundo tan sufrido.

Perdónanos, Señor,

porque nos preocupamos poco

en cultivar aquello que nos acerca a Ti.

María Belén Sánchez Bustos  fsp   

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