Suplementos | Nos toca la última categoría de problemas sociales fundamentales: violencia de género Valores, Moralidad y Ciencia Nos toca la última categoría de problemas sociales fundamentales, la violencia de género Por: EL INFORMADOR 20 de noviembre de 2010 - 12:55 hs El término violencia viene del latín violentia, que se refiere a la acción que se ejecuta con fuerza y brusquedad contra la voluntad de quien la recibe. Se entiende también como un comportamiento deliberado y consciente que puede provocar daños corporales o mentales a la víctima. Luego, la violencia de género es aquella que se ejerce de un sexo hacia otro y, por lo general, se refiere a la violencia contra la mujer, concepto que utilizaremos aquí. En este contexto también se utililizan nociones como violencia machista, violencia de pareja y violencia doméstica. El problema ha tomado tales proporciones, que en 1999 la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 25 de noviembre de cada año como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. A este respecto, la Organización Panamericana de la Salud comenta que “la violencia contra la mujer es causa de muerte e incapacidad entre las mujeres en edad reproductiva, (asunto) tan grave como el cáncer, así como un factor de riesgo de salud mayor que el de los accidentes de tránsito y la malaria combinados”.Ya no es una cuestión doctrinal de si hay pecado o no en los actos de violencia; puede verse que, de acuerdo con las opiniones valiosas de expertos laicos, ateos, o “de izquierda”, la violencia contra la mujer es un mal en sí misma, lo que se traduce en que representa, a todas luces, un antivalor. Dentro del contexto católico no voy a negar que, históricamente, el hombre ha prevalecido sobre la mujer, pero también debe considerarse el giro dado por la Iglesia en tiempos de Paulo VI. Después del Concilio Vaticano II, Su Santidad confirió el título de Doctoras de la Iglesia a santa Teresa de Jesús y a santa Catalina de Siena, y en 1971 instituyó una Comisión especial cuya finalidad era el estudio de los problemas contemporáneos en relación con la “efectiva promoción de la dignidad y de la responsabilidad de las mujeres”. Después, en 1988, en ocasión del Año Mariano, Juan Pablo II dio la carta apostólica Mulieris Dignitatem (MD) en la que encontramos probablemente la mejor respuesta al problema que nos ocupa, puesto que desde la perspectiva cristiana la solución se fundamenta en el reconocimiento de la igual dignidad de todas las personas, hombres y mujeres. El Papa nos recuerda que Jesucristo manifiesta de manera inequívoca un universo de normas y valores en el que el reconocimiento de la dignidad de la mujer es condición para reconstruir las relaciones de reciprocidad entre varón y mujer, queridas por Dios e inscritas en la naturaleza humana (Cfr. MD 12-14). Además, Su Santidad nos invita a un examen de conciencia: “cada hombre ha de mirar dentro de sí y ver si aquélla que le ha sido confiada como hermana en la humanidad común (...) no se ha convertido para él en un objeto, objeto de placer, de explotación” (MD 14). El resultado de este examen de conciencia no puede sino señalar la necesidad urgente de corregir comportamientos y revisar actitudes. Si todo intento de explicar la violencia culpando a las víctimas resulta contrario al sentido común, pretender hacerlo desde el catolicismo contradice la exigencia de justicia y misericordia que N.S. Jesucristo nos hace, como lo recuerda el documento conciliar Lumen Gentium (IV, 32): “En Cristo y en la Iglesia no hay ninguna desigualdad”.Y no sólo eso, la convicción de la igualdad de la dignidad de hombres y mjeres se fundamenta en lo escrito hace más de cuatro mil años: “Creó pues Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, hombre y mujer los creó” (Gen 1, 27). Este versículo encierra la esencia de la antropología cristiana que se encuentra en perfecta armonía con los clamores de las asociaciones y sociedades laicas: que tanto el hombre como la mujer son seres humanos en el mismo grado, principio fundamental de la equidad de género. Así pues, si entendemos el profundo significado de la metáfora de la creación, sabremos que la mujer fue hecha de la costilla de Adán (Gen 2-21-22), bajo el brazo para ser protegida y cerca del corazón para ser amada. Que el Señor nos bendiga y nos guarde. Antonio Lara Barragán Gómez OFS Escuela de Ingeniería Industrial Universidad Panamericana Campus Guadalajara alara@up.edu.mx Temas Religión Fe. Lee También En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones