Suplementos | Los actos de violencia han rebasado ya los límites de lo increíble Unidos también en la oración Los actos de violencia han rebasado ya los límites de lo increíble Por: EL INFORMADOR 3 de septiembre de 2011 - 12:41 hs Es innegable que en nuestro país se ha llegado a extremos verdaderamente delicados e inaceptables; los actos de violencia han rebasado ya los límites de lo increíble, para ser cometidos por alguien que se precie de ser humano, género que como sabemos, por naturaleza, dignidad, capacidad y misión es incomparablemente superior a los animales. Se ha venido dando una especie de escalada --por su impacto, su barbarismo y su cinismo en su consumación-- de hechos sangrientos, que se venía sintiendo a manera de presión ascendente, de inquietud, de inconformidad, de disgusto y encono generalizado, asemejándose a una bomba de tiempo, que ha llegado a un punto crítico a raíz del acto terrorista cometido en un casino de la ciudad de Monterrey, Nuevo León. Aunque la bomba no explotó aún, permanece una cuenta regresiva que, si no se desactiva, explotará sin remedio y causará un caos de consecuencias inimaginables. Se ha dicho mucho acerca de esto; planas y más planas de periódicos se han impreso publicando las noticias, los comentarios, las críticas, las denostaciones, las previsiones, los reclamos etc., que involucran a esta triste realidad de nuestro país. La radio, la televisión y las redes de Internet han dedicado amplios espacios para tratar el asunto con la capacidad e influencia que caracterizan a estos medios electrónicos. Así como encontramos en prensa y televisión las notas alarmistas, pesimistas, fatalistas, amarillistas, las cuales presentan un panorama verdaderamente obscuro, desalentador, casi desastroso, por fortuna también encontramos las notas objetivas, optimistas, animadoras y realistas, que inspiran mejores expectativas, confianza en nosotros mismos, en nuestra capacidad como ciudadanos y como país en sus instituciones. Fue tal el dolor, el pasmo, la indignación y el hartazgo que suscitó el mencionado acto criminal de Monterrey, que ha empezado a suscitar algo que nos puede dar una luz de esperanza: unidad. Sí, la necesaria, indispensable, anhelada, fundamental, crucial, trascendental unidad. Al tiempo que se levantaron esas voces de indignación, de ira, de pesar, de pena, de reclamo y de un ¡ya basta!, corrió como la electricidad una voz unificada, afirmando que lo que más se necesita en México es la unidad de los mexicanos para poder enfrentar con eficacia semejante situación. Y tienen toda la razón los que se alzaron con esa bandera de la unidad. Sin embargo, para lograrla a plenitud, que será la única manera en que sea eficaz, se deberá buscar y trabajar por la verdadera unidad, aquella que involucra al ser humano de manera total, es decir en todas sus dimensiones: física, psicológica, social, política y también espiritual. Lo cual significa que hemos de estar unidos --aun en medio de una prudente diversidad-- en nuestros pensamientos, en nuestros principios, en nuestra visión humana, en nuestros objetivos y metas, en nuestras convicciones, en nuestras acciones, y también en nuestra en nuestra visión trascendental y sobrenatural; es decir en nuestra fe y esperanza en ese ser superior, omnipotente, omnisciente, en el que cada quien cree, y que para la mayoría de los mexicanos es el Dios de Jesucristo. Una fe y una esperanza auténticas y no nada más de labios para afuera; una fe y una esperanza que se comprometan real y plenamente a quien se precia de tenerlas, que le lleven a creerle a ese Dios, y creerle a su Palabra, a sus mandatos, a sus promesas. Jesús, como nos lo recuerda el Evangelio de este domingo, nos promete que “si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos”. Esta unidad tan aclamada y reclamada se debería dar también en la oración: pero ¡atención!, la auténtica oración, la que nace de un corazón sincero, sencillo y humilde; la que brota de una total pureza de intención y desde lo más profundo del alma, reconociendo un compromiso serio con el Señor y su Palabra, y no aquella superficial, hipócrita, convenenciera. Nosotros, los que creemos y seguimos a Jesucristo, habríamos de emprender una campaña de unidad en la oración, y promover que se extendiera en todo el país; seguramente veríamos cuán bueno y fiel es el Señor, y nuestra amada patria sería muy diferente, para bien de todos. No son cuentos ni quimeras, yo soy testigo del poder de la oración y hay millones que lo son también. Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj@yahoo.com.mx Temas Religión Fe. Lee También En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones