Viernes, 05 de Diciembre 2025
Suplementos | Es verdad que no escuchamos con atención la Palabra de tu Hijo Jesús

Una súplica a nuestro Padre Dios

El delito, la corrupción, las envidias y la muerte han venido a ser noticias habituales como el pan de cada día

Por: EL INFORMADOR

¿Por qué, Señor, parece que no escuchas nuestras voces suplicantes en estos momentos en que nos acosan tantos males?

¿Es que nos hemos alejado tanto de tu amor, que ya no alcanza a llegar a tus oídos la plegaria angustiosa con la cual te pedimos que acudas en auxilio de nuestro dolor?

La violencia sigue cundiendo como un río de lava incandescente y arrasa pueblos y ciudades, segando e inoculando con virus de perversidad a miles de vidas jóvenes que son promesa del futuro y signos de esperanza.

El delito, la corrupción, las envidias y la muerte han venido a ser noticias habituales como el pan de cada día. Las escuchamos con gusto, las seguimos con interés, en las películas, en los medios. Y no nos percatamos de que con eso estamos contribuyendo a que el mal, el crimen, la crueldad, la traición y el pecado en general aumenten y se propaguen en nuestro mundo.

Y de todo esto, Señor, nos reconocemos culpables... o al menos cómplices.

Es verdad que no escuchamos con atención la Palabra de tu Hijo Jesús, que en tantas formas y medios nos llama y nos invita a seguir sus caminos.

Creemos saber más nosotros, cuando nos dejamos llevar por los instintos y  por lo más fácil, sin escuchar la razón que nos dice que hay algo infinitamente más elevado y sublime.

Escuchamos con más agrado y credibilidad, mentiras, falsedades y publicidades que llenan los ojos de fantasía y de avidez por lo material, que nunca podrá llenar el corazón.

Estamos esperando la Navidad y nos preocupamos más por la fiesta, el árbol, los arreglos, la comida y los regalos, que por la salvación que el nacimiento del Señor Jesús nos trae.

En la propia realidad

Todo esto y mucho más tendría que ayudarnos a elaborar un serio examen de conciencia, para ver cómo y por dónde podemos comenzar a contribuir para que vuelva a reinar la paz en el corazón de cada mexicano, y que la maldad no  siga destruyendo lo más valioso que poseemos.

El temor, el miedo, la angustia que oprimen el corazón, no dejan ver la vida con objetividad, claridad y optimismo, que es lo que el Señor Jesús vino a enseñarnos.

Acaso también nosotros hemos olvidado que tenemos mucho en común, que nacimos bajo el mismo cielo, que contemplamos a diario el mismo paisaje, que rendimos homenaje a la misma bandera nacional y que hay mucho que nos vincula y nos impulsa a sentirnos como hermanos.

Y lo que es peor, nos olvidamos de enseñar esto a los jóvenes, y resulta que a veces ni los mismos hermanos de sangre cultivan el amor que Dios ha sembrado en sus corazones.

El Señor Jesús nos promete la paz, pero nos pide que de espadas y lanzas se hagan arados y rozaderas, que en vez de armas haya instrumentos de progreso, y que reine el amor en vez de odios y venganzas.

Estamos en Adviento

Aún es tiempo, porque estamos en Adviento. Hoy podemos invitar al Rey de Justicia y Paz, podemos abrir nuestro corazón para que Él siembre brotes de fe donde pueda germinar el verdadero amor, que no haya en nuestro corazón y en la mente, elementos de guerra, violencia, odio.

Jesús viene y quiere traernos elementos que nos ayuden a expresar lo mejor de nuestro propio ser humano, y a deshacernos de vicios y defectos que rebajan la persona a niveles infrahumanos.

Todavía es tiempo de pedir perdón y de preparar una Navidad verdadera, donde el Señor Jesús nazca en nuestros corazones con su amor y su gracia.

Una Navidad donde brillen la esperanza y el deseo de ser mejores y de renovar nuestro mundo desde el pequeño ambiente donde vivimos.

Una Navidad que llene de gozo el corazón de cada uno y eleve la propia persona a niveles de excelencia, promoviendo y viviendo valores superiores, y dejando caer las apariencias que envuelven y enmascaran el verdadero yo y para nada ayudan a ser lo que Dios quiere de cada uno.

Que el Señor Jesús nos ayude a vivir una hermosa Navidad.

María Belén Sánchez  fsp     

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