Lunes, 27 de Enero 2020
Suplementos | Que la Iglesia Católica sea católica significa que ha existido todo el tiempo, desde el Domingo de Pentecostés hasta hoy

Una, santa, católica y apostólica

El católico pensante e instruido ve con claridad que Jesús fundó su Iglesia con los obispos como sucesores de los Apóstoles

Por: EL INFORMADOR

Tercera parte

     La palabra “católica” significa, como se mencionó en el primer artículo de la serie, que abarca todo y proviene del griego, y que al igual que en latín, también significa universal. Que la Iglesia Católica sea católica significa que ha existido todo el tiempo, desde el Domingo de Pentecostés hasta hoy. Y además de ser universal en el tiempo y universal en la doctrina, también es universal en extensión, ya que, para seguir el mandato de N. S. Jesucristo, ha llevado su mensaje a –casi–  todas las naciones. Está en todos los países que han permitido entrar a sus misioneros, y no se considera la Iglesia de un país en particular; no es propiedad de una nación, raza o nadie más. La Iglesia de Cristo es  para todas las personas en todo el mundo.
     La apostolicidad significa, simplemente, que desciende de los Apóstoles, cimientos sobre los que Jesús edificó su Iglesia. La apostolicidad se verifica muy fácilmente, pues se cuenta con la lista de todos los obispos de Roma, desde Benedicto XVI hasta San Pedro en línea continua e ininterrumpida. Los demás obispos, sucesores de los Apóstoles, son los eslabones de la larga cadena construida a lo largo de más de veinte siglos. Desde el día en que los Apóstoles impusieron las manos sobre Timoteo y Tito, Marcos y Policarpo, el poder episcopal se ha transmitido por el sacramento del Orden Sagrado de generación en generación, de obispo a obispo.
     Por otro lado, Dios ha dotado al hombre de razón y, como en la parábola de los talentos, quiere que la usemos correctamente. Hay dos modos de abusar de esta facultad. Una es no utilizándola, como quienes toman como verdad absoluta todo lo que escuchan o ven en películas altamente comerciales y, como consecuencia, todas sus opiniones han sido prefabricadas por alguien más, conocedor de esta debilidad humana. En el otro extremo está quien hace de la razón un dios; es quien no cree en nada que no vea y comprenda por sí mismo, o que sólo cree lo que se ajusta a su reducido mundo de incipientes experiencias.
     Es cierto que no todos los católicos tienen una comprensión adecuada de su fe, lo cual se aprecia en actitudes como que la fe es una aceptación ciega de las verdades religiosas. Sin embargo, para el católico pensante, la aceptación de las verdades de la fe es una aceptación razonada, inteligente. Por supuesto que la virtud de la fe en sí misma –la facultad de creer– es un don de Dios. Pero la fe adulta, la fe madura, se construye sobre la razón.
     El católico pensante e instruido ve con claridad que Jesús fundó su Iglesia con los obispos como sucesores de los Apóstoles, con el poder de enseñar, santificar y gobernar espiritualmente en su nombre. Esto último tiene que ver con el atributo de autoridad que lleva a la doctrina de la infalibilidad. Esta cualidad significa simplemente que la Iglesia, ya sea en la persona del Papa o de todos los obispos junto con el Papa, no puede equivocarse cuando proclama solemnemente que cierta materia de creencia o de conducta ha sido revelada por Dios y debe ser aceptada y seguida por todos. La promesa de Cristo “Yo estaré con ustedes hasta la consumación del mundo” (Mt 28, 20) no tendría sentido, si su Iglesia no fuese infalible. Además esta promesa conduce a otro atributo, la indefectibilidad, lo que significa que la Iglesia permanecerá hasta el fin de los tiempos.
     Pero con la amenaza de tantos mensajes en su contra, como películas, novelas y declaraciones de figuras públicas, no podemos quedarnos impasibles ante el peligro que representan. Una de las responsabilidades de todos los católicos es lograr la conversión de otros, hacer crecer y madurar la Iglesia de Cristo. Pensar que un día, en el Juicio Final, nos  presentásemos ante Dios y nos pregunte “¿dónde está tu hermano?” y no supiésemos qué decir, debería de hacernos estremecer. Dios quiere que todos pertenezcan a su Iglesia y que ésta sea un solo rebaño con un solo pastor. Tomemos en serio nuestra fe y preguntémonos “¿qué puedo hacer para que se reconozca la verdad de la Iglesia Católica?”. El Espíritu Santo vive en la Iglesia permanentemente, mas yo debo facilitarle la entrada en el alma que está a mi lado. Que el Señor nos bendiga y nos guarde.


Antonio Lara Barragán Gómez OFS
Escuela de Ingeniería Industrial
Universidad Panamericana
Campus Guadalajara
alara (arroba)up.edu.mx

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