Jueves, 09 de Octubre 2025
Suplementos | Convertirse es un acto que se debe llevar hasta las últimas consecuencias

Una llamada única a la conversión

Convertirse es un acto que va desde el pensamiento hasta las últimas consecuencias de la vida cotidiana

Por: EL INFORMADOR

Nacimiento de manufactura mexicana, expuesto en el Aula Paulo VI del Vaticano.  /

Nacimiento de manufactura mexicana, expuesto en el Aula Paulo VI del Vaticano. /

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA:

Isaías 11, 1-10

“Brotará un renuevo del tronco de Jesé, defenderá con justicia al desamparado y con equidad dará sentencia al pobre”.

SEGUNDA LECTURA:

San Pablo a los romanos 15, 4-9


“Cristo se puso al servicio del pueblo, para demostrar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas”.

EVANGELIO:

San Mateo 3,1-12

“Una voz clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”.



GUADALAJARA, JALISCO (08/DIC/2013).-
Sigue el Adviento, tiempo de preparación, de esperanza. Ya en el segundo domingo, el evangelio presenta un gran profeta, el último del antiguo testamento y el primero de la nueva alianza.

Juan el Bautista, al que aquí nos referimos, usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero; se alimentaban de saltamontes y de miel silvestre.

Predicaba en el desierto de Judea y a escucharlo acudían los habitantes de Jerusalén y de toda la región cercana al Jordán.

Su mensaje vibrante, fuerte, iba ante todo enfocado a la conversión de los pecadores: “Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos”.

El profeta iba a afondo. No una conversión pronta y pasajera; no una llamarada de entusiasmo de exigua duración. Convertirse es un acto que va desde el pensamiento, hasta las últimas consecuencias en la forma de vivir cotidiano.

El Adviento es una llamada única del año 2013 a la conversión; quien no se convirtió en otros advientos dejó pasar la gracia.  ¿Y quién le asegura que tendrá un Adviento más ? el pasado ya no existe; el futuro todavía no es; su cualidad es la incertidumbre, nadie puede tenerlo por seguro.

El verdadero Adviento es un anhelo, un deseo ferviente del más bello de los encuentros: el del alma con su Señor.

En este irrepetible Adviento de 2013, la invisible presencia de Cristo y su inaudible palabra a los oídos corporales, mas muy clara en las entrañas del alma, hará efectos saludables en muchas almas.

Muchos viven de exterioridades, del mundo de los sentidos. Más allá, en lo profundo, esta la otra Navidad, la verdadera, la de los que dicen, no con sus labios, sino con todo su ser : “Ven, Señor, rey de justicia y de paz”.

José R. Ramírez M.

El nacimiento

Se atribuye a San Francisco de Asís el inicio de los nacimientos. Se cuenta que recorría la región de Rieti, Italia, en el invierno de 1223, cuando la Navidad lo sorprendió en la ermita de Greccio y fue y allí donde tuvo la inspiración de reproducir en vivo el misterio del nacimiento de Jesús.

Construyó una casita de paja a modo de portal, puso un pesebre en su interior, pidió prestado un buey y un asno e invitó a un pequeño grupo de gente a reproducir la escena de la adoración de los pastores.

La idea de reproducir el nacimiento se popularizó rápidamente en todo el mundo cristiano. De la representación con personas, se pasó a la utilización de figuras. De esta nueva forma de conformar el nacimiento, se cree que el primero fue elaborado y montado en Nápoles a finales del siglo XV. El rey Carlos III ordenó que los nacimientos conocidos entonces como “Belenes” se extendieran y popularizaran en todo el reino italiano y español.  

De la representación esencial del nacimiento, compuesta por La Virgen, San José, el Niño y los animales, se pasó al uso de una multiforme aplicación de imágenes y escenarios, dando pie al ingenio y creatividad de cada región, propiciando así el enriquecimiento de las representaciones, tanto en su manifestación artística religiosa como en la gran variedad de materiales y formas, gracias a la habilidad y destreza de los artesanos. 

Convertirnos al Señor

Dios es un Padre amoroso, misericordioso y bondadoso, que continuamente está llamando a sus hijos de múltiples maneras y utilizando todo tipo de medios e instrumentos para hacerlo; y nos llama para invitarnos a renovar nuestra alianza, nuestro compromiso de amor con Él, sellado en nuestro bautismo; sin embargo, son pocos los que verdaderamente escuchan y atienden a este llamado.

El mundo en que vivimos nos envuelve, nos absorbe y llega a enajenarnos, limitando y hasta agotando nuestra capacidad de escuchar, de ver a Dios a través de sus manifestaciones.

La actitud de muchos ante la vida, ante las personas, ante las cosas y los bienes materiales, e, incluso ante la religión, llega a ser un verdadero obstáculo para tener ese encuentro cotidiano con Dios que deberíamos de vivir todos aquellos que nos llamamos cristianos y, por lo tanto, hermanos de Jesucristo e hijos del Padre, lo que, lejos de tener una relación amorosa con ese Padre, llega a producir una vivencia sumamente superficial de la fe.

Es por ello que, aun dentro del ámbito de la Iglesia, de los organismos dedicados a la evangelización, la catequesis, las obras de caridad, etc., son muy pocas personas las que real y verdaderamente llegan a comprometerse en serio, con el Señor, con la Iglesia y la comunidad; compromiso que marque su vida; que cambie el derrotero de la misma; que transforme su mente y su manera de pensar, así como la actitud y las conductas.

Así pues, quienes eluden este compromiso y lo que de él se deriva, que es lo único que puede satisfacer realmente las aspiraciones superiores y trascendentes del ser humano, pasan la vida buscando por caminos equivocados, falsos, ilusorios, esa satisfacción plena de alma, cuerpo y espíritu.

Y lo hacen ya sea en la profesión o empresa; en la búsqueda en los triunfos deportivos, artísticos, militares. etc., que por más importantes y relumbrantes que sean, no dejan de ser muy pobres e intrascendentes, ante la grandeza de la alianza con Dios.

El tiempo que estamos viviendo como preparación a la Navidad, al que se conoce como de "Adviento",

debería ser un tiempo de reflexión, de compartir auténticamente, de esperanza y gozo profundos, de encuentro con el Señor, y no en lo que tristemente muchos han convertido, un tiempo de dispersión, de excesos de todo tipo, de alegría superficial, fincada en lo material.

El Evangelio de hoy, que nos presenta la figura de ese enorme predecesor del Mesías; un hombre que supo comprometerse totalmente, hasta dar la vida por la Verdad, Juan Bautista, nos insta hoy a convertirnos al Señor, creyéndole y haciendo efectiva la mencionada Alianza en nuestra vida cotidiana. Esa es la clave de la vivencia auténtica del Adviento.

FRANCISCO JAVIER CRUZ LUNA

El Cristo Jesús de mi corazón

Al acercarse la Navidad, podemos hacer un momento de silencio y recordar a nuestros compatriotas cristeros de los cuales hemos venido haciendo memoria durante esta año que está a punto de terminar.

Bien podemos pensar que este tiempo de Adviento que es tiempo de espera y de esperanza haya sido de verdad un evocar con cariño a Cristo Jesús que nace perennemente en los corazones y que sigue vivo y presente en nuestro mundo, que sigue siendo perseguido y atacado porque siempre habrá quienes están a favor de su Reino y quienes en contra.

Y nosotros los nuevos cristianos del siglo XXI que nos creemos ya en la cúspide de una civilización tecnológica y progresista, debemos preguntarnos si no hemos perdido el verdadero sentido de la Navidad cristiana.

Hoy es el tiempo de reavivar la fe en el Cristo que viene cada día a salvarnos, en el Cristo que quiere seguir vivo en los corazones.

Este día de Navidad será precisamente el cumpleaños de Jesús nuestro Señor y se nos ofrece el tiempo suficiente para preparar nuestra mente y nuestro corazón, para que esta llegada del Señor a nuestra vida sea verdadera y eficaz.

Así que aún es tiempo, todavía podemos reflexionar y rectificar si nuestros caminos andan desviados, si andamos por sendas de oscuridad o si ya hemos decidido de caminar en la luz de Dios.

ORACION

Señor Jesús, hoy queremos esperar tu Navidad con alegría

con entusiasmo y con amor, queremos

recibirte en nuestra vida a veces tan confusa,

tan oscura y tan llena de conflictos.

Hoy queremos preparar la Navidad

en este Adviento para que Tú seas la luz

que nos ilumine y nos de toda la felicidad

que nos falta y que sin ti ni podremos encontrar.

María Belén Sánchez.

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