Suplementos | Erika Marcela Zepeda Montañez Una de presentaciones Una reflexión sobre las ceremonias de presentación de libros Por: EL INFORMADOR 20 de marzo de 2009 - 21:51 hs Me pregunto (por mera ociosidad) cuándo o a quién se le vino a ocurrir eso de las presentaciones de libros. Después de asistir a una recientemente, y de cerciorarme que todos los lugares comunes de estos eventos no tienen cambio alguno, se me dio por reflexionar sobre el tema. Recapitulemos. En una presentación promedio (ya sea un libro de literatura, historia, física o superación personal) ¿cuáles son los estados de ánimo más comunes de los asistentes? La autora (o autor): regularmente al borde del desmayo (tragado por los nervios no sabe qué decir o a quién agradecer primero), los fotógrafos y reporteros escuchan algunas palabras y toman nota para escribir el reportaje en cuestión (en el fondo están pensando en dónde dejaron el coche estacionado para salir corriendo a la redacción), editores con una gran sonrisa en el rostro (pero pensando que esa será una de tantas presentaciones a la que asistirán esa semana), autoridades invitadas cuidando que su lectura sea la mejor de toda la mesa (y preocupados por salir con su mejor ángulo en la foto) y estudiantes tomando notas en sus cuadernos (pero que fueron obligados por sus maestros a asistir y no tienen idea ni les importa el tema del libro). Resultado: sólo los colados (claro) son los que realmente disfrutan el evento. Llegan tarde, son los primeros en acercarse a la mesa de bocadillos y no tienen que hacer charla con nadie si no les da la gana. Con todo esto, no se entienda que mi único deseo es que algo tan caduco y cursi (como las presentaciones de libros) desaparezca de la faz de la Tierra. No malinterpreten mis palabras, yo misma he estado en el incómodo lugar de la mesa de presentaciones (y no dudo que volveré alguna vez). Lo que me preocupa en verdad es que muchos organizadores están convencidos que esta es una manera de “atraer” lectores a los nuevos textos literarios o científicos (tarea que a todos los involucrados en la presentación de un libro le debe preocupar). En un hecho que sólo en poquísimas presentaciones, los organizadores son capaces de inventar algo atractivo (llámese presentaciones en cañón, un poco de teatro o cuentacuentos en las presentaciones de libros infantiles), algo que no provoque los irremediables bostezos o la salida en masa de los estudiantes, que saldrán pensando en cualquier cosa (el estreno de alguna serie en la televisión abierta, por ejemplo), excepto el libro del que acaban de escuchar. Para finalizar, sólo me queda esperar que la próxima ocasión que asistan a una presentación recuerden algo de esta brevísima reflexión y decidan ahorrarse muchos bostezos y tiempo. Temas Tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones