Suplementos | El asunto de “dar sabor” se puede entender como “afectar para bien nuestro alrededor” Un poco de sal, por favor Hay otra función por la cual la sal es muy apreciada: su cualidad de preservar de la descomposición Por: EL INFORMADOR 5 de febrero de 2011 - 11:59 hs Hace muchos años mi padre estuvo internado en un hospital de Cardiología en la Ciudad de México, previo a una cirugía mayor. Como parte de su preparación, era necesario mejorar sus condiciones generales hasta el mejor nivel posible, por lo que pasó un buen número de días dentro del hospital, sujeto a la dieta prescrita, la cual no contemplaba un grano de sal. Era impresionante ver la cantidad y calidad de comida que le servían, de aspecto delicioso, pero totalmente insípida. Sin duda que el deseo de todos los que estaban hospitalizados era que les dieran un poco de sal. Aunque el sabor de la sal es su cualidad más conocida, hay otra función por la cual es muy apreciada: su cualidad de preservar de la descomposición. Es por eso que cuando un alimento como la carne se somete a un proceso de salinización, se puede mantener en condiciones de ser comido por mucho tiempo. Es muy antigua la costumbre de usar sal para preservar los alimentos. Cuando el Señor Jesús afirmó que sus discípulos eran la sal de la tierra, sin duda que estaba pensando en ambas características del precioso mineral: dar sabor y preservar de la descomposición; pero, ¿exactamente a qué se refería? Podemos suponer que el asunto de “dar sabor” se puede entender como “afectar para bien nuestro alrededor”. Hay muchas formas en que podemos “dar sabor”, tales como ser una persona servicial en medio de una necesidad, regalar una sonrisa genuina a quien no tiene alguna, consolar a quien está afligido, acompañar a quien está pasando por una tribulación, orar por aquel que ya no tiene fe; en fin, las posibilidades son ilimitadas. El asunto que más llama mi atención es acerca de funcionar como preservadores de esta tierra, porque siento que no estamos cumpliendo esa función. En la historia de las naciones, hay registros de tiempos donde la maldad se multiplicó a niveles intolerables, lo que causó consecuencias sobre los pobladores de esos lugares. Siempre ha existido la maldad, pero en la Biblia se describen tiempos extremadamente malos, como el de la torre de Babel, el final de Sodoma y Gomorra, la deportación de los judíos a Asiria y luego a Babilonia, la destrucción de Jerusalén, y otros pasajes; en todos ellos fue evidente que tanta maldad no sólo era reprobable ante Dios, sino que ponía en riesgo la integridad de los pobladores de esos lugares. Después de mirar la historia de los pueblos, miro a mi nación y no puedo dejar de preocuparme, porque es evidente que todo tipo de maldad se está multiplicando. No hay rincón de nuestra sociedad que esté limpio de maldad: violencia, abuso, perversión, dolor, necesidad, conflicto, temor, confusión, rebelión, engaño, se pueden ver en todas partes. Sin embargo, la maldad siempre ha estado presente... La pregunta es: ¿por qué no se ha detenido?, ¿por qué no se ha impedido a la maldad prosperar?, ¿por qué la tierra nuestra no se ha preservado de tanta corrupción?, ¿es que no ha habido sal que preserve, que evite el deterioro de las cosas? ¿no han habido hombres suficientes para criar hijos nobles?, ¿no se han encontrado mujeres que puedan criar hijas de primer nivel?, ¿dónde, dónde, dónde está la sal que Jesús dejó para preservar esta tierra? No tengo respuesta, sólo la sensación de que no estoy logrando ese deseo de mi Señor, que de alguna manera los que nos decimos discípulos de Cristo en el siglo XXI, no estamos logrando preservar nuestra tierra de la progresión de la maldad. ¿Qué podemos hacer entonces? ¿Estaremos a tiempo de hacer algo? Creo que sí, a pesar de lo difícil. Hace unas semanas visitamos un barrio humilde, para entregar a sus habitantes una sencilla despensa y ofrecerles compartirles el evangelio. Tocamos 50 puertas, y en 48 de ellas nos dieron las gracias, pero no quisieron que les habláramos de Dios. En dos casas nos pidieron que volviéramos para hablarles de Cristo. Dos casas de 50. Así está nuestra sociedad... Pero por esas dos casas, vale la pena ser la sal de la tierra. Angel Flores Rivero iglefamiliar@hotmail.com Temas Religión Fe. Lee También En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones