Sábado, 04 de Abril 2020
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Un mar para tomarse con calma

Te proponemos un viaje hasta uno de los paraísos de Jalisco, La Manzanilla

Por: EL INFORMADOR

Cobijada por un cerro, esta bahía se ubica a unos quince minutos de Melaque. EL INFORMADOR / B. Castillo

Cobijada por un cerro, esta bahía se ubica a unos quince minutos de Melaque. EL INFORMADOR / B. Castillo

GUADALAJARA, JALISCO (17/ABR/2016).- No es Manzanillo en masculino, tampoco es La Manzanilla de la Paz (montañosa): es La Manzanilla del mar. Cobijada por un cerro, está bahía se ubica a unos quince minutos de Melaque, y se extiende desde La Manzanilla por Boca de Iguanas hasta Tenacatita.

Ser un pueblo frente al mar, sin grandes desarrollos turísticos, garantiza pasar unos días tranquilos, lejos del ajetreo de la ciudad. Sus restaurantes a la orilla de la playa son un espacio idóneo para pasar todo el día y observar el atardecer. Esta apacible rutina y su agradable clima ha atraído a turistas provenientes de países muy fríos durante el invierno, sobre todo a personas de la tercera edad.

Para turistear un rato, en La Manzanilla encontraremos un cocodrilario ejemplar. Los reptiles que lo habitan nadan en la laguna contigua al mar, y no se preocupe, están bien resguardados. El manglar que alberga a los cocodrilos también ofrece flora y fauna particulares de la región. Otro de sus atractivos son el arroyo y los estanques que se forman en los meses de lluvia.

Gastronómicamente, nuestro lugar costero no está exento de los típicos antojitos de cualquier pueblo en el país: por la noche, alrededor de la plaza pululan los puestos con venta de tacos, flautas o pozole. Por temporada alta (en el caso de La Manzanilla es de los meses de octubre a marzo) hay mayor oferta de otro tipo de comida internacional: entre ellas la francesa, italiana, fusión, debido a la demanda de los extranjeros que pasan largas temporadas en el lugar.

Como era de esperarse, los restaurantes diurnos frente al mar no pueden fallar con los clásicos mariscos frescos, ceviches, pescado dorado, pulpo, camarones, almejas para botanear o el tradicional rollo de mar (filete de pescado relleno de camarones y pulpo, bañado en salsa cremosa).

En un océano de palabras

Entre la diversión y cultura que se encontraremos está el bar Palapas Joe’s, un sitio que incluso ofrece rock en vivo; en otros lugares se dan clases tango, salsa y otros ritmos en temporada alta. Durante todo el año está abierta la galería homónima de la población, que pone a la venta obras de artistas que residen por temporadas en La Manzanilla, o de sus mismos alumnos. Para quienes gusten de la lectura echados en la arena, hay buenas noticias.

A unos pasos de la plaza del pueblo se halla Helping Hands Bookstore, una librería especializada en títulos en inglés, con un poco de francés o español. Esto se debe a la abundante población flotante de angloparlantes. Gracias a que muchos de los visitantes viajan ligero, el sitio se nutre de las donaciones de aquellos lectores que hayan leído un libro y quieran ofrecerlo (el modelo de las donaciones es porque Helping Hands Bookstore apoya a estudiantes locales para que continúen sus estudios).

Gratas sorpresas

Aunque la librería es relativamente pequeña, sus existencias se renuevan con mucha frecuencia: además de que el mercado de los libros usados nos ofrece siempre tesoros por descubrir. Un par de los libros que adquirí en mi reciente visita fueron las versiones en inglés de La botánica del deseo y El dilema del omnívoro, ambos títulos de Michael Pollan. Dejé ocho libros donados y me traje nueve (como buen lector compulsivo).

Pollan es un periodista estadounidense con una amplia bibliografía, incluso con libros etiquetados como best sellers. Recientemente cobró mayor fama gracias a Cooked, un documental de Netflix estrenado el pasado febrero.

La cinta está basada en su libro de 2013, titulado en español Cocinar (hay versiones en español de los tres libros ya mencionados). Pollan participa narrando el documental, lo vemos cocinar y entrevistar a otros cocineros que representan distintas tradiciones culinarias. Durante los cuatro capítulos de una hora analiza y expone las historias detrás del consumo de plantas y los alimentos. Cada una de las cuatro partes de Cooked tiene su equivalencia en los cuatro elementos clásicos, a los que a su vez se les vincula con un tipo de comida: fuego (carne), agua (caldos), aire (pan) y tierra (fermentación).

Igual que en Cooked, con la lectura de La botánica del deseo nos topamos con una tetralogía, esta vez de plantas, pero ahora asociadas a un objeto del deseo humano. Las manzanas con la dulzura, los tulipanes y la belleza, la mariguana y el efecto de la intoxicación, y por último las papas y el deseo de control. En algunos casos puede sonar inaudito, pero Pollan realiza una exposición histórica que avala dichos deseos vinculados a la popularidad de cada una de las plantas de las que habla.

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