Suplementos | Los intereses de Dios van siempre contra el mundo, el demonio y la carne Un llamamiento a la acción Los intereses de Dios van siempre contra el mundo, el demonio y la carne Por: EL INFORMADOR 5 de febrero de 2011 - 12:03 hs . / El mensaje del domingo quinto ordinario, tomado del capítulo quinto del evangelio de San Mateo, es un llamado a los cristianos, los seguidores de Cristo, a sacudir la pereza, a dejar atrás esa actitud meramente pasiva y a veces de inútiles lamentaciones, y si se ve al mal activo aquí y allá, ponerse en marcha para vencer al mal a fuerza de hacer el bien. El cristianismo es la Iglesia en Marcha ; no se puede concebir una institución cualquiera con una imagen estática. Un maestro de vida espiritual propone esta imagen: el cristiano va nadando río arriba; dejar de nadar es retroceder, porque la corriente arrastra. La Iglesia debe de nadar siempre río arriba, porque los intereses de Dios van siempre contra el mundo, el demonio y la carne. Así que el quietismo, cerrar los ojos y dejar hacer, no debe ser la actitud del cristiano. El Señor quiere discípulos en acción, y por eso a los de entonces y los de ahora los motiva a salir, a caminar y les dice: Ustedes son la sal de la tierra Primero, darle sabor a la vida. La sal es emblema de sabiduría. Darle sabor a la existencia significa entender y sentir la vida, para luego vivirla con alegría en las alegrías y con fortaleza y valentía en las inevitables tormentas. En su caminar, el hombre no ha de encontrar solamente el rostro alegre de la dicha. Por ejemplo, un futbolista veterano y con amplia experiencia comparaba su propia vida con su puñado de recuerdos de cuando fue deportista destacado, hasta el nivel de la selección nacional, y decía: siempre hay que gozar la alegría de los triunfos, y siempre saber aceptar las derrotas. Y un torero, cuando lo entrevistaron sobre sus actividades en el ruedo, ante el toro y ante el público, respondió con sentido de humor: “Orejas y rabos cuando triunfo, sangre, dolor y cicatrices, son testimonio de mi pequeñez y de la bondad de Dios, porque, mírenme, aquí estoy con vida”. Sal para darle sabor a la aparición de cada uno en el gran escenario de la vida. Una única vez se vive, y hay que darle sabor cuando se presenta la irrepetible oportunidad. Ustedes son la luz del mundo Cada seguidor de Cristo ha de ser una antorcha encendida. Una noche de fiesta por la gran explanada junto a la basílica de Nuestra Señora de Fátima, en Portugal, miles de fieles en solemne procesión cantaban, rezaban, lloraban conmovidos mientras, también entre luces, otros llevaban en andas la imagen blanca y fina de la virgencita. Esa procesión era de una sola hora. El cristiano, si de veras lo es, ha de ir muchas horas y días y años con la luz en alto; luz no de una vela, sino el testimonio de una vida en armonía, en congruencia en el binomio de fe y vida. Bien ilumina, no quien bien predica con palabras frágiles que arrastra el viento; bien predica quien bien vive. Dice el adagio: “las palabras mueven, los ejemplos arrastran”. Dice mucho y es lamentable la carencia de valores en los jóvenes, en los adolescentes. ¿No será porque a los jóvenes les han faltado hombres rectos cual modelos a quienes imitar? ¿No podrán los adultos, los padres de familia, sentirse culpables? ¿De dónde, sino de los de más arriba, han de esperar los jóvenes los ejemplos para luego imitar? “Brille la luz de ustedes ante los hombres” Iletrados y plebellos fueron aquellos doce enviados por el Maestro con un mandato sin límites, sin fronteras: “Vayan por todo el mundo, prediquen, bauticen...”, y el mundo se llenó de luz. Un escritor de Roma escribió en el siglo segundo: “Somos de ayer y ya lo llenamos todo”. Veinte siglos después, en este XXI de prisas, de ansias, de tensiones, hay oscuridad --y más aún, oscuridades, así en plural-- en muchos rincones a donde no ha llegado la luz: Cristo, el sol de justicia, que debe llegar a la existencia humana. Los obispos de la América Latina y del Caribe se reunieron en mayo de 2007 en Aparecida, Brasil. Juntos oraron, planearon, estudiaron y su mensaje conjunto fue no esperar, sino acudir con dinamismo y acción ante todos los habitantes de este continente, creyentes o no. La conclusión fue: Todos discípulos de un solo Maestro: Cristo, y todos --sí, todos-- misioneros. Es misionero quien siente que le han encomendado llevar un mensaje, y lo ha de llevar. Por eso Cristo dijo que se enciende la vela no para ponerla debajo de la cama, sino en alto, donde ilumine a todos. No han de ser misioneros solamente los que visten sotana, ni los y las que se cubren con ropas de religiosos y religiosas. El presente es el siglo de los laicos, y tan misioneros son los laicos como el Papa Benedicto XVI, con el peso de su cruz por haber sido elegido para serel primer discípulo y el primero de los misioneros. Los que han perdido el sol y la luz En este mundo --ahora empequeñecido por la abundancia y la eficacia de las técnicas de la comunicación y el ir y volver de las gentes por la redondez de este globo cada vez más caliente-- circulan también las corrientes del pensamiento, las ideologías y las “religiones”. Y no todo es bueno, ni todo es sano, ni todo saludable al espíritu. Circulan ideologías secularizadas; abundan las profundas motivadoras a vivir atraídos nada más por los intereses materiales; se percibe un epicurismo no al estilo de los griegos, sino ingenuo y falto de sentido; de sólo disfrutar, y con un total olvido del ser espiritual que es cada ser humano. Ahora gozar, ahora aprovechar, medrar. Pero llegará un final, y para entonces hay que llegar con las manos llenas de buenas obras. Por eso en la primera lectura está la clave. Comparte tu pan con el hambriento Vivir las obras de misericordia, no letra muerta. Eso es sal, eso es luz. En la actualidad es necesario, es urgente, que el cristiano no sea un mero espectador, sino que baje a la arena de la vida y que valiente proclame a los cuatro vientos no con palabras, sino con sus obras. Si es discípulo y es misionero, que proclame así un mensaje de amor y de justicia humana en donde hace falta la sal, en donde aún se camina a oscuras. Luz para la economía, la propiedad privada, los medios de producción, las obligaciones sociales, la justicia distributiva, la familia ahora rudamente atacada por el mal llamado progreso. Es la hora de la acción, es la hora de la luz. José R. Ramírez Mercado Temas Religión Fe. Lee También En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones