Lunes, 13 de Octubre 2025
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Un ayudante para perdonar

Las cosas estaban sucediendo muy rápidamente el día que Jesús se levantó de entre los muertos

Por: EL INFORMADOR

     Las cosas estaban sucediendo muy rápidamente el día que Jesús se levantó de entre los muertos, ya que esa misma noche se apareció a sus discípulos, para demostrarles que todas las noticias que habían anunciado su resurrección eran ciertas. Seguramente el Señor sabía que su presencia física entre ellos causaría un gran impacto, y por lo mismo, escogió cuidadosamente lo que les iba a decir y lo que iba a hacer delante de ellos.

     Nos relata San Juan en 20, 19-23 que después de saludarlos con la paz de Dios y mostrarles sus heridas enlas manos y el costado, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos”.

     Las preguntas que vienen a mi mente son: ¿Qué hizo Jesús?, ¿por qué lo hizo? y ¿para qué lo hizo? Debe haber sido algo muy importante, para tomarse la molestia de mencionar el tema del Espíritu Santo. Veamos entonces algunas posibilidades al respecto:

      Jesús sopló sobre ellos para impartir a sus vidas la presencia del Espíritu Santo. Es muy posible que se trató de un acto real y simbólico a la vez: real porque efectivamente, el Espíritu Santo vino sobre sus discípulos, y simbólico porque la palabra “espíritu” tiene el significado en griego de lo que nosotros llamamos “aire” o incluso “aliento”, de manera que Jesús estaba soplando sobre ellos el “soplo” de Dios. A partir de ese momento, la realidad del Espíritu Santo comenzó a manifestarse en sus vidas.

     Luego viene la segunda pregunta: ¿por qué hizo esto Jesús?, y es evidente que su deseo era que el Espíritu Santo quedara con sus discípulos, para enseñarles y recordarles todo lo que Jesús les había dicho. De esta manera ellos no quedarían huérfanos, sino que tendrían a su disposición el poder de Dios para ser testigos fieles a todas las naciones.  

Finalmente, hay otra pregunta interesante: ¿para que hizo eso Jesús? Es decir, ¿hay algo más que podamos aprender de este pasaje? Creo que la clave está en las palabras que el Señor dijo inmediatamente después de soplar sobre ellos: mencionó el tema de los pecados que se perdonan, y los que no se perdonan.

     En ocasiones hay cierta confusión al leer que los pecados pueden ser perdonados o retenidos, y sin duda se han dado diversas interpretaciones a este punto, pero permítame enfocarme en una cuestión de responsabilidad personal respecto a los pecados que los demás cometen contra nosotros. Cuando alguien nos ofende, nos lastima, es decir, hace algo que nos afecta, nos vemos en la disyuntiva de decidir si perdonamos a esa persona o buscamos la manera de hacerle pagar por lo que nos hizo. La voluntad de Dios es que perdonemos siempre, ya que Él nos perdona siempre cuando nosotros lo ofendemos.

     Pero aunque sabemos que la voluntad de Dios es que perdonemos siempre, la realidad es que hay ocasiones en las que no sentimos gracias de perdonar, o de plano deseamos vehementemente una especie de veganza; nnos parece que el perdonar es algo que está más allá de nuestras fuerzas, algo que no podríamos dar. Es ahí donde el Espíritu Santo fue dejado con nosotros, para ayudarnos a hacer lo que agrada a Dios.

     Aunque hay muchas otras cosas que el Espíritu Santo hace por nosotros y a través de nosotros, en las palabras de Jesús aquel domingo por la noche, hay una relación directa entre recibir el Espíritu Santo y tener la capacidad de perdonar todos los pecados que nos han hecho, de manera que no “retengamos” a nadie sus pecados hacia nosotros. El asunto no es decidir entre perdonar y retener, sino recibir la fuerza para perdonar siempre.

Angel Flores Rivero
iglefamiliar@hotmail.com  

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