Miércoles, 15 de Octubre 2025
Suplementos | Aunque Juan se resistía al principio, fue el propio Jesús quien le convenció que era adecuado que fuera bautizado

Un Padre complacido con su Hijo

Marcos el evangelista nos cuenta en el capítulo uno de su relato, que un día Jesús se presentó ante Juan para ser bautizado en el río Jordán

Por: EL INFORMADOR

    Marcos el evangelista nos cuenta en el capítulo uno de su relato, que un día Jesús se presentó ante Juan para ser bautizado en el río Jordán. Se trataba de un hecho insólito, porque bautizarse con Juan era una manera de mostrar arrepentimiento por los pecados cometidos, pero en el caso de Jesús no había pecado alguno en su vida.
    Aunque Juan se resistía al principio, fue el propio Jesús quien le convenció que era adecuado que fuera bautizado, ya que así se cumpliría con la voluntad de Dios. Entonces leemos que cuando Jesús salió del agua,  vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en figura de paloma, descendía sobre él. Se oyó entonces una voz del cielo que decía: “Tú eres mi Hijo amado; yo tengo en ti mis complacencias”
    Este es un momento en donde podemos ver a la Trinidad mostrándose claramente a los humanos: el Hijo saliendo del agua, el Espíritu Santo descendiendo sobre Él en forma de una paloma, y el Padre hablando desde el cielo, de tal manera que todos pudieran oírle.
    ¿Qué mensaje era tan importante para Dios, que para decirlo no envió un ángel, sino que Él mismo decidió darlo? Con frecuencia Dios utilizaba a los ángeles para dar a conocer su voluntad, pero en ésta ocasión fue el Padre mismo en persona quien dijo palabras que fueron claramente oídas por los hombres, de tal manera que San Marcos las menciona en su relato.
    Hay dos partes fundamentales en las palabras del Padre: “Tú eres mi Hijo amado” y “Yo tengo en ti mis complacencias”. En la primera parte, Dios está autentificando el hecho de que Jesús era Hijo de Dios de una forma que ningún otro ser humano podía serlo; Jesús mismo afirmó ser Hijo unigénito (o sea, único) de Dios, pero también el Padre lo confirmó.
    En la segunda parte, Dios declara que tiene un contentamiento total con Jesús. ¿Qué significa esto? Significa que no había cosa alguna en la vida de Jesús que el Padre reprobara. Piénselo por un momento: significa que a lo largo de sus treinta años de vida, Jesús nunca tuvo un pensamiento, ni dijo una palabra o realizó alguna acción que fuera desagradable ante los ojos santos de Dios. Jamás, bajo ninguna circunstancia, Jesús hizo algo que pudiera considerarse como una falta ante su Padre.
    Jesús fue tentado en todo de la misma manera que los seres humanos somos tentados, pero la diferencia es que Jesús nunca cayó en la tentación. Él fue criticado, atacado, menospreciado por muchas personas, y ni así Jesús permitió que el deseo de venganza o la autocompasión entrara a su corazón. Le tendieron muchas trampas y nunca cayó en ellas, ni dijo cosa alguna que pudiera considerarse incorrecta; incluso cuando fue martirizado y asesinado, Jesús nunca permitió que el sufrimiento contaminara la pureza de su corazón.
    Él fue perfecto en todo, y el Padre lo sabía; por eso ese hermoso día, los cielos se abrieron y el Padre mismo dio testimonio de que se agradaba de la clase de vida que su Hijo estaba viviendo en la tierra. ¿Pero por qué era necesario que Jesús fuera perfecto en todo y que nuca pecara? Para que pudiera morir en sustitución de todos aquellos que habíamos pecado y que ya no teníamos posibilidad de reconciliarnos con Dios.

                    Angel Flores Rivero    iglefamiliar@hotmail.com

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