Viernes, 07 de Noviembre 2025
Suplementos | 1er. Domingo de Pascua

Un Dios que vive

Al despertar el alba estalló el milagro: el que era la vida, se encontró con la vida. La más alta cumbre de la fe del cristiano y el fundamento de toda su fe están en este hecho histórico

Por: EL INFORMADOR

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GUADALAJARA, JALISCO (31/MAR/2013).-
 
“Todo había terminado”,

ésa era la creencia;

en la cruz, asesinado,

se segó tu existencia.

Campeaba el desconsuelo,

moría la esperanza,

todo aquel revuelo,

se perdía en lontananza.

Se volvía a la calma,

a retomar la rutina,

con tristeza en el alma,

el fiel se recrimina.

Se siente un cobarde,

porque él te abandonó;

a pesar de que aún arde,

su corazón te traicionó.

Lo tiene muy abrumado,

lo dicho por Isaías,

te creímos castigado,

y así te extinguías.

Mas, Tú, Jesús, aguardabas

el momento señalado,

mientras tanto rescatabas

al que vivía confinado.

Al justo que esperaba

en el seno de Abrahán,

la gloria anunciada

en tu maravilloso plan.

Como gracia especial,

en los tuyos prevaleció,

la confianza excepcional,

que al final los convenció.

Cuando al resucitar

y manifestar tu poder,

nos quisiste corroborar

que nuestro Dios quieres ser.

Un Dios santo, que vive

y nos ama sin medida,

eternamente pervive

y nos regala su Vida.

Francisco Javier Cruz Luna

Resucitar con Cristo


Puntual se presentó Jesús a la cita, se encontró frente a frente con la muerte allí arriba, en la cumbre del calvario, a la hora exacta y desde el madero.

Con siglos de anticipación, los profetas señalaron lugar y día. Allí Jesús llegó puntual. Allí había de ser glorificado.

Era el punto final a esa historia. Por último Jesús fue colocado en una sepultura cavada en las rocas tapada con una enorme piedra, con el sello del gobernador y un pelotón de soldados romanos alertas allí, vigilantes.

Muy larga y triste era la espera. Cayó la noche del viernes envuelta en sombras y bañada en llanto. Las horas del sábado fueron lentas y tristes. Por fin el sol, allá en el ocaso, escondió sus últimos rayos y las estrellas fueron asomándose para ser testigos del prodigio en aquella noche, la más bella de todas las noches.

Al despertar el alba estalló el milagro: el que era la vida, se encontró con la vida. Un corazón antes frío y quieto comenzó a latir; unos ojos apagados se abrieron a la luz. Rodó la piedra y Cristo resucitado mostró ante la humanidad su majestad divina. “Yo doy mi vida para tomarla de nuevo”. Así había anunciado. Allí estaba, al tercer día, reconstruido el templo que la maldad se empeñó en destruir. La más alta cumbre de la fe del cristiano y el fundamento de toda su fe están en este hecho histórico.

Por eso el cristiano se alegra, se regocija con la resurrección de Cristo, porque en la resurrección está el fundamento de la fe, celebra un día de cada siete ese gozo, ese triunfo.

Para resucitar con Cristo hay que buscar las cosas de arriba.

No puede cantar el himno de la victoria por cristo resucitado, el hombre que todavía está atado al dinero, al poder, a las vanidades, los placeres.

El hombre creado para ser feliz ha de buscar las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha del padre.

José Rosario Ramírez

Una oración


Señor Jesús, tu resurrección es la máxima alegría que ha vivido la humanidad porque representa para todos nosotros el triunfo de la vida: la muerte ya no tiene la última palabra;  la gracia es más grande que el pecado, y tu amor supera todas las vicisitudes y sufrimientos que nos agobian.

Permítenos seguirte Señor, en esta vida y recíbenos contigo en el Reino eterno donde nos invitas a participar de la Gloria que mereciste para ti y para todos nosotros.

Amén.

María Belén Sánchez, fsp

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