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Sábado, 23 de Febrero 2019
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Un Año con san Pablo: Nuestro Dios es Trinidad

Ciertamente para un cristiano que se precie verdaderamente de serlo, no basta creer en Dios Padre, Creador de cuanto existe y vive

Por: EL INFORMADOR

     “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo; porque nos ha elegido en Él antes de la creación del mundo, para ser santos e irreprensibles en su presencia.
     “En su amor Dios nos eligió de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, según su voluntad,  para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos favoreció en el Hijo amado.
     “En Él también ustedes, después haber oído la Palabra de la verdad --el Evangelio de la salvación--, y de haber creído en Él, fueron sellados con el Espíritu Santo prometido, herencia nuestra, para la redención de su pueblo y para alabanza de su gloria”. De la  Carta de san Pablo a los Efesios 1,3-14.
     Es verdaderamente difícil explicar el misterio de la Santísima Trinidad, y cuando creemos encontrar las palabras apropiadas, nos enfrascamos en un enredo de conceptos que poco aclaran lo que queremos decir.
     Pero san Pablo encuentra la fórmula exacta para manifestar su fe en tan sublime misterio, porque en vez de perderse en elucubraciones complicadas, eleva una oración a través de la cual nos ayuda también a nosotros a entender que la “trinidad” de Dios es muy compatible con su unidad indivisa.
     Ciertamente a ninguno de nosotros se nos pedirá que demos una cátedra explicativa al respecto, pero sí requerimos una adhesión de fe en Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.
     Porque son ellos los que nos ponen en el camino seguro de salvación y de santificación, y eso sí es importante para nuestra salud y tranquilidad espiritual.
     Ciertamente para un cristiano que se precie verdaderamente de serlo, no basta creer en Dios Padre, Creador de cuanto existe y vive; es necesario creer a Jesucristo nuestro Redentor y Salvador; es necesario creer en sus palabras, escuchar su mensaje y vivir conforme a la enseñanza que nos dejó.
     De la misma manera que no es suficiente conocer y medio cumplir los mandamientos de la Antigua Alianza, es necesario conocer también el Evangelio de Cristo Jesús, porque allí está contenida la norma de vida que será para cada uno de nosotros camino que nos llevará a la Vida verdadera, cuando dejemos esta vida pasajera y temporal.
     Pero todo esto quedaría a la mitad, o por lo menos incompleto, si dejáramos de lado al Espíritu Santo que nos da pautas, claridad y fuerza para hacer de nuestra vida una verdadera obra de gracia y santificación, conforme a lo que Dios quiere.
     Es inútil pensar que podemos simplificar las cosas, porque aún en las cosas más simples e intrascendentes vemos que si falta un  elemento, el conjunto queda incompleto.
     Por eso cuando san Pablo encontró en Éfeso unos que se decían cristianos y que ni siquiera sabían quién era el Espíritu Santo, tuvo que hacer una nueva instrucción de catequesis.
     Así lo narra san Lucas en los Hechos de los Apóstoles: (10,1-7)
     “Ocurrió que mientras Apolo estaba en Corinto, Pablo atravesó las regiones altas y llegó a Éfeso y encontró algunos discípulos; les preguntó:
“¿Recibieron el Espíritu Santo cuando abrazaron la fe?”. Ellos contestaron: “Pero si nosotros no hemos oído decir siquiera que haya Espíritu Santo”.
Él replicó: “¿Pues qué bautismo recibieron?”. “El bautismo de Juan”.  
Pablo añadió: “Juan bautizó con un bautismo de conversión, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, o sea en Jesús”.
     “Cuando oyeron esto, se bautizaron en el nombre del Señor Jesús. Pablo les impuso las manos y vino sobre ellos el Espíritu Santo y se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar”.  


María Belén Sánchez fsp

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