Domingo, 26 de Octubre 2025
Suplementos | Por: Sergio Oliveira

Tsuru o no Tsuru. Es la cuestión

Motor de arranque

Por: EL INFORMADOR

Una amiga a la que le gusta los coches, conducía otro día por las calles tapatías cuando vio un auto que le gustó mucho. Aceleró su MINI más a fondo para acercarse a ese carro de líneas atrevidas y deportivas, con marcados y musculosos hombros y calaveras grandes y modernas. Mientras más se acercaba, más le gustaba. Empero, cuando ya estuvo cerca lo suficiente, vio el logotipo que decía:

“Nissan”. En su mente se produjo un shock. “¿Un Nissan? ¿Así de bonito?”, pensó, mientras rebasaba el Altima cupé que la había atraído tanto. Esta reacción es tan común, que la marca se está comenzando a preguntar qué hay que hacer para cambiarla. Lo más curioso es que saben qué hacer, pero no se atreven a tomar la decisión final.

Todo comenzó hace 25 años. En ese ya lejano 1984, Nissan lanzaba en el mercado nacional un auto que representaría un parte importante de la historia de la industria automotriz en México. El Tsuru fue de inmediato abrazado por el público. Era justo lo que todos querían: un coche amplio, económico, asequible y, lo mejor, firmado por una compañía que ostentaba ya entonces una reputación de hacer productos con mucha durabilidad. Todo se probó tan cierto, que hasta hoy el auto existe. El problema es que para vencer la barrera del tiempo, hubo que hacer sacrificios.

En la medida que los años pasaron, otros vehículos, muchos más modernos, fueron llegando al país. La era del subcompacto, por ejemplo, inaugurada con el Chevy en 1994, tomó  a Nissan Mexicana mal parada. El Tsuru, entonces con 10 años en el mercado, era su única opción para combatir un auto que era más chico, casi igualmente espacioso, pero más barato. Los sacrificios comenzaron a desnudar el Tsuru.

Para que el auto pudiera competir en precios, poco a poco le fueron quitando detalles como las barras estabilizadoras; las barras de protección lateral o el recubrimiento anti-ruidos y que protege la parte baja de la carrocería de pequeños golpes de piedras y de la corrosión. Detalles visibles también fueron retirados, como la visera del lado derecho y el espejo retrovisor de mismo lado. Las jaladeras interiores de las puertas pasaron a ser más baratas que las de un closet de casa del Infonavit. La lista sigue y sigue. El auto ya era tan austero, que pasó a venderse casi exclusivamente a flotillas y taxis, motivados por la buena relación entre la inversión inicial para comprarlo, el bajo costo de mantenimiento, la gran economía de combustible, el espacio interior, el valor de reventa y la durabilidad. Esto ha sido suficiente para mantener el  Tsuru entre los autos más vendidos de México, casi siempre en la primera posición.

El precio a pagar por esa estrategia se está reflejando en este momento. Y tiene todo que ver con la imagen que la marca tiene en los ojos del consumidor mexicano, con frecuencia similar a la de la amiga de la que hablo en el primer párrafo.

Nissan Mexicana necesita modernizarse y lo sabe. Ya lo hizo con la camioneta “Estaquitas”, que también estaba algo rezagada. Con el Tsuru, empero, el problema es distinto como ya he dicho en otras ocasiones.
Cuando entramos hoy a un distribuidor Nissan, vemos algunos de los autos más modernos del mercado a nuestra disposición. Ahí están coches como el ya mencionado Altima cupé  o el Maxima, que contienen la que probablemente sea la mejor transmisión CVT del planeta. Ahí también están dos de los mejores crossovers disponibles en México, Rogue y Murano. También podemos encontrar el 370Z, un deportivo que, por una fracción del precio, es capaz de desafiar (y vencer) a un Porsche. Y esto que en México no tenemos el GT-R, para muchos (yo entre ellos), nada menos que el mejor auto del mundo en el momento.

El problema es que los consumidores somos humanos y, como tales, tenemos nuestros “detalles”. Cuando pagamos una fuerte suma de dinero por nuestro coche, queremos que se note. Y a pesar del enorme respeto que entre los expertos y aficionados genere el hecho de que alguien conduzca un 370Z, siempre habrá uno menos informado que dirá, o pensará: “Ahh, bueno, es un Nissan. Es como un Tsuru más equipadito”.

La cuestión, entonces, pasa a ser vital: ¿Tsuru o no Tsuru? Mantenerlo vivo significa seguir ganando un buen dinero por su aún enorme volumen de ventas. Pero también representa mantener la imagen de fabricante de autos populares, austeros y anticuados, justo lo que impide la empresa de vender sus más modernos autos, que dejan un mucho mayor margen de utilidad. Como no hay forma de saber si el dinero generado por las ventas del desnudo Tsuru es suficiente para compensar lo que se deja de vender de los demás modelos, la discusión interna sigue.

En mi opinión, en el futuro no hay espacio para el Tsuru. Claro que en años como este 2009, cuando lo más escaso es el efectivo, dejar de venderlo equivaldría a un suicidio. Pero si las cosas comienzan a ir mejor en 2010 ó 2011, el primer paso de Nissan Mexicana en el camino correcto debe ser darle un merecido retiro. Mantenerlo vivo sería como poner a Hugo Sánchez de titular en la selección mexicana. Todos lo conocen y admiran. Todos saben qué hizo por el país, pero en este momento, en la cancha, iría estorbar más que ayudar.

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