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Sábado, 16 de Febrero 2019

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Suplementos | Cristóbal Durán

Triste cumpleaños del Puente de Arcediano: 115 años

El puente vino a resolver un problema de tipo económico y tecnológico

Por: EL INFORMADOR

Hace ciento quince años, el 7 de junio de 1894, al fondo de la barranca, al norte de nuestra ciudad, se reunieron varias personas para realizar las pruebas de una construcción que apenas había sido concluida: el Puente de Arcediano.

 Se trataba de verificar la resistencia de la construcción, la cual ahorraría tiempo y dinero a los comerciantes, arrieros, viajeros y demás personas que tuvieran que atravesar la barranca para ir hacia los poblados de Yahualica, Teocaltiche y otros rincones de Zacatecas.

Fue obra del ingeniero Salvador Collado Jasso, oriundo de Guadalajara, quien también trabajó en los planos originales del templo Expiatorio por aquellos mismos años. El puente vino a resolver un problema de tipo económico y tecnológico, pues ante la demanda de productos para el consumo en la ciudad, muchos de ellos eran traídos desde el otro lado de la barranca; además, la condición en la que se encontraban nuestros caminos nacionales, no era algo que pudiésemos presumir.

El ingeniero Collado Jasso se enfrentó a una obra inédita en nuestro país, pues se trataba del primer puente colgante en México, el cual uniría dos regiones separadas por una profunda barranca que en su fondo corría un caudaloso río en temporal de lluvias, a 400 metros por debajo del nivel de la ciudad.

Barranca y río sólo pudieron ser superados con la obra que Collado realizó con materiales de la región, excepto el cable de acero que se trajo de Estados Unidos, de la misma fábrica que construyó el puente de Brooklyn, Nueva York, en 1883.

Poco menos de quince mil pesos y diez meses se invirtieron en la obra; la prueba final e inaugural transcurrió sin incidente alguno. Bestias de carga, arrieros y demás personas (alrededor de 500) fueron dirigidos hacia el puente; el sudor de más de alguno debió haber sido tal vez por el miedo y la inseguridad de que la construcción se pudiera venir abajo. Pero nada pasó, la leve curva que el puente experimentó por el peso fue muestra de que la ingeniería había sido perfectamente aplicada.

La bendición a cargo de los eclesiásticos concretó la obra, y a partir de ese momento Jalisco era orgullosamente poseedor de un puente único en su tipo en todo el país.

El barandal de madera fue sustituido en los años en que la revolución (1920) recorrió los caminos de la república; en 1952 fue reconstruido debido a que el grueso cable principal se dañó, pero luego de su reparación el puente siguió ofreciendo sus servicios como lo había hecho desde sus inicios, hasta que en 2007 fue desmantelado y se encontró con la sorpresa que debajo de sus cimientos estaban los restos de un puente colonial, lo que hace su historia aún más apasionante y valiosa.

Se tuvo la promesa gubernamental de reubicarlo a ocho kilómetros río abajo por motivos de la polémica construcción de la “presa de arcediano”. En su cumpleaños número 115 (mañana domingo) no será posible ver el puente en pie, y muchos esperan verlo de nuevo funcionar en algún rincón de la barranca. Si bien es verdad que ha sufrido cambios al pasar de los años, precisamente para garantizar su supervivencia, este portento de la tecnología local constituye en sí un homenaje a la historia de la ciencia en nuestra entidad.

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