Sábado, 18 de Octubre 2025
Suplementos | XII Domingo ordinario

Tres grandes revelaciones

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame

Por: EL INFORMADOR

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• Una oración

Señor Dios Padre de todo cuanto existe, Tú quieres que cada uno de nosotros cumpla con fidelidad una misión para que al llegar a tu presencia podamos decir: “He cumplido con todo aquello que me encomendaste…”

Por intercesión de san José Isabel Flores Varela, hoy te pedimos nos enseñes a amar nuestra vocación y a cumplir con perfección la profesión o el oficio que nos ayudan a cumplir tu voluntad. Amén

María Belén Sánchez, fsp

• Tres grandes revelaciones


Aunque han pasado 20 siglos, muchos hombres no han considerado la profundidad de la grandeza del misterio de Cristo, el hijo de Dios que se hizo hombre para fracasar, para perder, según los parámetros de los hombres: “No vino a ser servido, sino a servir, y se entregó”.

No se podrá entender a la persona de Cristo, sin las paradojas de todo lo que a Dios y a sus misterios se refiere. El Papa San León Magno, allá a mediados del siglo V, escribió: “Baja, si quieres subir; pierde, si quieres ganar; sufre, si quieres gozar; muere, si quieres vivir”.

Para reconocer a Cristo como el hijo de Dios que es, y aceptar que al hacerse hombre vino a tomar parte en la historia de la humanidad, hay que aceptarlo en la fe, porque su derrota es triunfo  y su muerte es vida para todos.

Seguir a Cristo es poner la propia vida según el plan de Dios.

Realizar el plan de Dios es la respuesta de vida, el fin para el cual el hombre fue creado, decía el antiguo catecismo de Ripalda: “Para amar y seguir a Dios en esta vida, y luego verlo y gozar de él en la eterna”.

Ser cristiano es, no una mera actitud de admiración de la persona de Cristo. Ser cristiano es una condición difícil, con tres notas que exigen compromiso: “Niéguese a sí mismo” .  Esto es cambiar la mentalidad egoísta y el afán desmedido de dominio, de cosas materiales, de comodidades y de permitir ser arrastrado por los engaños de los sentidos.

Es luchar por liberarse de las redes del mal, numerosas y sutiles, con las que el mundo —siempre enemigo de Cristo y del hombre— ha tendido trampas en todos los senderos de la vida moderna. A donde quiera que se vuelven los ojos, hay engaños, mentiras, siempre hábilmente disfrazados, maquillados para seducir.

“Tome su cruz”. No ha habido, no habrá, un solo hombre sin sufrimiento; y entre más pensante, mas sufriente. Las virtudes teologales vividas hacen llevadera de la cruz; llevarla con fe, con esperanza y su maravillosa plenitud llevarla con amor, como Cristo cargó la cruz de todos.

“Y que me siga”. Este seguimiento es más seguro todavía, que si se viera a lo lejos la luz de un faro. El seguimiento es porque Cristo no está lejano.

Está cerca e invita, si el camino, a caminar en su compañía.

Tres grandes revelaciones hizo Cristo ese día.

José Rosario Ramírez M.

• Ser cristinao no es fácil


Decía uno de los grandes pensadores cristianos de los primeros siglos de nuestra era: “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”. Y así ha sido a través de los siglos. Sin embargo, es a nosotros,  los que hemos sido bautizados, a quienes  corresponde serlo no nada más de nombre, sino auténticos, coherentes, de forma tal que seamos testigos fidedignos de Jesucristo, de su amor, de su Evangelio.

Como sabemos, la vida del cristiano no es nada fácil; de hecho, el sólo decirlo, implica una contradicción. La vida cristiana es una vida llena de constantes y grandes desafíos, porque el seguimiento de Cristo y la fidelidad a sus principios, su doctrina y sus mandatos, son una afrenta para la cultura que prevalece actualmente, que es una cultura, en primer lugar, hedonista, es decir, que privilegia el placer, por el placer, que procura que todo lo que el hombre obtiene, lo haga de la manera más fácil y placentera. En segundo, es una cultura individualista y egocentrista, en la que lo único que interesa a los individuos es su propio bienestar. Y en tercero, es una cultura que vive cada vez más,  un ateísmo práctico, lo que quiere decir que, si bien dicen creer en Dios y realizar prácticas religiosas, su religión no incursiona en su vida cotidiana, ni mucho menos la ilumina, sino que al contrario, muchas veces les estorba, y por ello la sacan de esos ámbitos, y sus actitudes y acciones están muy lejos de ser las que deberían, de acuerdo a la misma fe que dicen profesar, y terminan por vivir una vida sin un sentido trascendente, o prácticamente sin sentido, que es lo que más puede destruir el ser espiritual de una persona. Todo cristiano tendrá que afrontar, durante toda su vida, la disyuntiva que hoy nos recuerda el Evangelio, y a la que ha de responder generosamente, si es que realmente quiere ser de los de Jesucristo; el mismo Jesús presenta dicha disyuntiva con estas palabras: “Si alguno quiere seguirme,  que se niegue a sí mismo, que tome su cruz de cada día y me siga...”  Disyuntiva que nos coloca ante la decisión ineludible de renunciar al “hombre viejo”, es decir al hombre que vive para sí mismo, buscando satisfacer sus egoístas preferencias, sin importarle los demás, para revestirse del “hombre nuevo”, aquel que se ha negado a todo ello y vive para Dios y para los demás, y no vivir añorando las cosas del pasado.

Cuánta seriedad y cuánta trascendencia reviste para nuestra vida presente y futura, esta disyuntiva y la decisión a tomar, porque en realidad lo que ponemos en juego, no es cualquier cosa; se trata de la vida eterna, aquella que nunca se acaba, y que dependiendo de nuestra respuesta, será de inconmensurable felicidad o de sufrimiento inimaginable e indescriptible.

Francisco Javier Cruz Luna

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