Suplementos | 11 de abril 2010 Tiempo de fe para avivar la esperanza Cuando nos damos oportunidad de sentir la fe, es fácil que despierte la esperanza Por: EL INFORMADOR 11 de abril de 2010 - 11:47 hs Cuando nos damos oportunidad de sentir la fe, es fácil que despierte la esperanza. Vivimos momentos difíciles, no podemos negarlo ni ocultarlo. En la fiesta de Pascua, parecía que todo hablaba de alegría de algo nuevo y esperanzador, todo nos hacía evocar la vida. No obstante, miramos nuestro entorno y nos percatamos que hay muchos signos de muerte; miramos las noticias y se nos habla hasta la saciedad de violencia, de agresividad, robos asesinatos… en fin, muerte en todo sentido. Nos miramos a nosotros mismo y preguntamos a nuestro corazón si hay algún signo de cambio, de progreso, de mejoría, y tal vez nos sentimos inmersos en una situación inerte, donde campea la desesperanza… todo va a seguir igual. No obstante, la fe nos invita a salir a abrir nuestros ojos y mirar el horizonte. Los discípulos de Jesús también se encontraban anclados en su pesimismo, porque después de la muerte tan trágica y violenta de su Maestro, no veían ninguna puerta de salida a esa situación tan negra… Y de pronto aparece Jesús, y con su presencia en un momento restaura la alegría, la esperanza, el ánimo… en resumidas cuentas, trae consigo todos aquellos signos de vida, que los discípulos, al igual que nosotros, estaban dispuestos a sepultar definitivamente. La lección del Señor es de confianza y de alegría: todavía es posible resurgir, todavía hay espacio para la esperanza. Todavía hay flotando en el ambiente muchos signos de vida que pueden hacernos resurgir. Todavía es posible mirar a través de las lágrimas, una nueva primavera, todavía son posibles el reencuentro y el perdón, la amistad y la vida. No vamos a quedarnos anclados en esa situación de desamparo o de imposibilidad. La muerte de Jesús nos invita a abrirnos a una nueva dimensión de la fe y a darnos una vez más la oportunidad de lo nuevo, de la misma manera que los apóstoles de aquella primera hora del cristianismo, tuvieron la posibilidad de dar un paso hacia lo nuevo por medio de la Pascua del Señor. También a nosotros, los pobladores de este siglo XXI, tan lleno de contradicciones, en este ambiente que pudiera parecernos tan sólo desolación, hoy se nos presenta una ocasión favorable para vivir nuestra propia “Pascua” sobre el modelo de la de Jesús. Hoy nosotros podemos dar el paso del pecado a la gracia, de la desesperanza a la fe, de lo antiguo a lo nuevo, de lo rutinario a lo inédito, de la decepción al optimismo… Hoy podemos pasar de una cultura de muerte a una experiencia de vida; pero ciertamente, tenemos que decidirnos a dar el paso; decidirnos con valentía a abrir los ojos a la fe en Cristo Jesús muerto y resucitado. decidirnos a ser los primeros en cambiar. Los primeros en reconocer que a pesar de todo cuanto nos oprime y angustia, todavía podemos vivir la fe grande que el Señor nos quiere regalar con su presencia de vida y decirle con voz alta, que todavía queremos abrir el corazón a la esperanza. No es una opción fácil, pero sí alentadora y plena, que puede llenarnos la vida de esa alegría consistente y duradera, que nos hace exclamar como el apóstol Tomás: “Señor mío y Dios mío, Tú eres el dueño de la vida, de todo cuanto queremos y esperamos, del mundo nuevo que anhelas para implantar tu Reino, para seguir presente entre nosotros dando luz y alegría, optimismo y fortaleza para que sigamos caminando en tu amor hasta el final”. María Belén Sánchez Bustos fsp Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones