Suplementos | “A usted lo único que le hace falta es Dios” Tengo que pedir perdón Dios es el amor más grande y pleno en la vida de todo ser humano Por: EL INFORMADOR 6 de febrero de 2012 - 06:33 hs Hoy tengo que pedir perdón, y me parece que es urgente hacerlo. Primeramente pedirlo a Dios, porque me parece que le estoy fallando: cada vez que abro una página para hablar de Él, me quedo a la mitad del camino. No sé hacerlo bien, ni con la competencia debida y deseada. No logro explicar la infinita bondad deDios y el inmenso amor con que nos envuelve. Estoy fallando a ustedes, mis lectores, y también tengo que pedirles que me perdonen, porque tal vez esperan recibir aunque sea una tenue luz de esperanza y mis humildes palabras no alcanzan a transmitirla. Si alguna vez me encuentro con alguna persona que sufre y se angustia por mil y un conflictos que le aquejan, o que se encuentra como en un callejón sin salida por algún problema sin aparente solución, lo único que me parece oportuno decirle es: “A usted lo único que le hace falta es Dios”. Y no es fantasía, porque cuando encontramos un amor, parece que el mundo está completo y con eso lo tenemos ya todo, que ya no nos falta nada. Dios es, sin lugar a dudas, el amor más grande y pleno en la vida de todo ser humano que pasa por este mundo. Lo que sucede es que muy pocas veces --o muy pocas personas-- tenemos un verdadero encuentro con Dios. Porque es menester reconocer que no todo lo que a veces llamamos Dios, es el verdadero Dios. En ocasiones vamos en pos de teorías fantásticas, y otras veces nos formamos una imagen falsa de Dios a través de lo que hemos visto y oído, o de lo que erróneamente nos han enseñado. Hay también muchas personas que se quedan con las primeras nociones de lo que les enseñaron en el catecismo, antes de hacer la Primera Comunión. Es como si creyeran que es suficiente con lo que aprendieron en el primer año de escuela, donde les enseñaron a leer y ya. Si no vuelven a la escuela, se quedan con una instrucción elemental, infantil. Así sucede a quienes no se siguen instruyendo en las cosas de Dios: se quedan con una fe infantil, enanita, que no alcanza para superar los retos que enfrenta la edad de un joven o de un adulto. Pero Jesús nos dijo que Dios es Padre bueno; padre y madre, porque es un conjunto indivisible. Y a Dios lo vamos a conocer en la vida, por reflejo, por analogía o por contraste. Lo primero, cuando vemos los atributos de Dios Padre reflejados en nuestros padres; y lo segundo, cuando buscamos en Dios lo que nos ha faltado en nuestra vida en los primeros tiempos. Primero los niños Ésta es una idea que me golpea fuertemente desde hace algún tiempo; es como si una exigencia superior me la estuviera dictando. Es cierto: si los niños no logran descubrir la imagen de Dios, difícilmente la encontrarán en la edad adulta. Alguien dirá: “pero si ya tengo casi cincuenta años...”. Entonces, será oportuno recordar que Jesús dijo a todos que es necesario, y posible, que nos hagamos como los niños. Ciertamente, no hacernos como niños en lo ingenuos y carichosos, sino en esa actitud abierta, sencilla, receptiva que tienen, donde es posible conocer la fe y donde la genuina esperanza puede germinar. Es sumamente importante reflexionar estas cosas, porque de allí deriva la responsabilidad de los padres y madres de familia, primeramente para crear hijos felices, jóvenes centrados y adultos realizados. La plenitud que puede darnos una vida sólo la encontramos en el sentido de Dios, y éste no se aprende en la escuela, sino en la familia, en donde también se aprenden los valores genuinos que nos acompañarán a lo largo de los años y determinarán las actitudes que harán posible la felicidad. María Belén Sánchez fsp Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones