Suplementos | los humanos estaríamos condenados a ser esclavos de la tecnología. Tapatiez La vida fácil, cortesía de la tecnología para toda ocasión... Por: EL INFORMADOR 19 de julio de 2008 - 16:04 hs Decían las malas lenguas, allá a finales del siglo pasado, que en un futuro no muy lejano los humanos estaríamos condenados a ser esclavos de la tecnología. En retrospectiva, y ahora que nos encontramos del otro lado de la moneda, sólo nos queda lamentarnos de aquellas palabras (acertadas) proferidas por alguien que, muy seguramente, era misántropo, tenía más de 80 años o estaba próximo a dejar esta triste vida que ahora depende de los enchufes y del internet. Con el temporal de lluvias, los que vivimos en zonas en las que apenas al caer las primeras gotas la energía eléctrica se esfuma de la colonia entera, podemos concordar en lo mismo: es imposible tener una vida más o menos coherente, divertida y hasta práctica si no hay luz en casa. Qué horrible. ¿Cómo hacían, entonces, para sobrevivir aquellos a los que les tocaron épocas en las que no había ni celulares ni iPods ni computadoras? Si siguen vivos, probablemente ni se acuerden. Ésa es un hórrida capacidad de la tecnología: borrar la memoria previa a la existencia de los gadgets. O recordar esos tiempos con horror, como si éstos hayan sido periodos cavernarios. Pero ignoramos que, por aquellas fechas, la gente era más cordial, amable y útil. Viajaban en el camión o andaban por la calle sin audífonos en las orejas, y el pertenecer a un círculo social y afectivo requería de la presencia, y no de una computadora como intermediaria. La compañía más grande de telefonía celular en México lanzó desde hace un año, más o menos, una campaña publicitaria en la que los usuarios dicen “Yo soy” seguido del nombre de la marca. Lo triste es que es cierto (casi todos lo somos, no se hagan). Pero lo sorprendente radica en que, en uno de esos espectaculares, aparece un niño no mayor a 10 años diciendo la frase ahora célebre, pero que concluye con un “y mi abuelito también”. A mediados de la década pasada era imposible pensar en que un crío cargara con uno de estos artefactos. Hoy es de lo más común. Lo mismo pasa con los adultos mayores que, aferrados a sus raíces conservadoras, pero movidos por una supuesta necesidad de comunicación, ahora cargan con teléfonos que sirven para una infinidad de cosas. Y hasta para hacer llamadas. Sabrá Dios qué siga. Probablemente nos convirtamos en seres autistas en virtud de una vida fácil -cortesía de la tecnología-. O de plano, midamos el progreso de la existencia con una de esas barras verdes que indican la velocidad de descarga de un archivo de internet. Oprobio Temas Tapatío Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones