Domingo, 23 de Junio 2024
Suplementos | La contradictoria historia de José Santos Piedad García

Sobrevivió cuatro días en un canal, porque nunca cayó en él

La historia de José Santos Piedad García llamó la atención por las distintas contradicciones de un hecho insólito

Por: EL INFORMADOR

La historia era sobre un hombre que cayó a un canal en Tlaquepaque. ARCHIVO /

La historia era sobre un hombre que cayó a un canal en Tlaquepaque. ARCHIVO /

GUADALAJARA, JALISCO (05/ENE/2014).- La historia era sobresaliente: un hombre que cayó a un canal en Tlaquepaque a la altura de Toluquilla un lunes, tras una torrencial tormenta, fue encontrado cuatro días después con vida en una presa en San José del Quince, en El Salto. Por alguna razón, un adulto mayor —de 75 años de edad— sobrevivió a ser arrastrado y revolcado inconsciente por un caudal de aguas pluviales durante un trayecto de al menos 9.5 kilómetros (que es la distancia recta entre un punto y el otro)… o al menos eso fue lo que la televisión y distintos medios —incluido éste— contaron el 27 de septiembre, el día en el que José Santos Piedad García fue encontrado por policías municipales en grave estado de hipotermia y deshidratación.

El extravío

Don Santos vive sobre la calle Rubí entre Granate y Zafiro. Para ir al trabajo se levantaba temprano y salía a las siete de la mañana para caminar 15 calles hasta el Periférico, donde tomaba la ruta 380 que lo llevaba hasta su empleo en una fábrica en la colonia Artesanos, en Tlaquepaque. Siempre llevaba una mochila con su lonche; portaba  una cachucha. La mochila traía una etiqueta con su nombre y dirección porque él no sabía leer, bueno, “sí sabía pero ya se le olvidó”, contó María Luisa Adela Piedad Martínez, su hija.

A sus 75 años de edad, don Santos se guiaba por las vías del tren para bajarse en la calle Ferrocarril, cuadras adelante de Aldolf B. Horn. Sus familiares constantemente le pedían que se retirara ya, dada su edad, y por temor a un accidente.

La mañana del 23 de diciembre María San Juanita Margarita Martínez Doñate, su esposa de 64 años de edad, salió a la calle para desearle todos los bienes: “Dicen que la bendición y la maldición de la esposa los alcanza”, advirtió la mujer que permanecía al lado suyo en la clínica del IMSS. Afortunadamente ese día lo bendijo: “¡Ay, Madre Santísima, te lo encargo!”, exclamó mientras partía su esposo a pasos lentos.

Durante toda la semana anterior al 23 cayeron aguaceros que provocaron varias inundaciones, incluso hubo muertes, personas ahogadas, arrastradas por corrientes de canales. Ese lunes también diluvió.

Por la noche, don Santos no llegó a su casa. Doña María San Juanita pensó que como lo agarró la tormenta se había quedado en la fábrica, conjetura que transmitió a sus hijas.

Al día siguiente su marido no llegaba, por lo que la mujer se decidió a llamar a la empresa para preguntar lo que había pasado. La respuesta fue que ni siquiera se había presentado a trabajar el lunes, lo que alarmó a la esposa, a las cuatro hijas y al hijo.

El hallazgo


La mañana del viernes la familia pegaba fotografías y preguntaban en el fraccionamiento Chulavista, en Tlajomulco, cuando una de las hijas, Maribel, recibió una llamada.

María San Juanita estaba a metros de ella cuando vio que se desplomó: recibió la noticia de que habían encontrado a su padre en una presa en San José del Quince. Se encontraba en la unidad de la Cruz Verde de Majadas sin mochila, sin su gorra y sin un zapato.

Estaba muy débil; balbuceaba algunas frases y quedo contestaba los cuestionamientos que le hacían.

Las autoridades se enteraron que había un reporte de desaparición de un adulto mayor en Tlaquepaque por lo que dieron aviso a la Fiscalía, que contactó a los familiares. Poco después se avisó a los medios que un hombre que cayó a un canal fue rescatado vivo cuatro días después, al final de su viaje en la presa de El Ahogado.

No sabía nadar

Don Santos llegó a Jalisco desde el estado de Guerrero donde era campesino. Allá regaba las milpas, limpiaba y cosechaba, contó su mujer. Hace alrededor de una década se trasladaron a la urbe jalisciense no porque Santos quisiera dejar su anterior labor, sino porque la situación así lo ameritó y tenía que sacar adelante a su familia.

La vida era austera y dura en Guerrero, tanto que sus hijos no recuerdan que la familia haya pasado junta unas vacaciones. La playa no la conoce don Santos, aseveró María Luisa: “No sabía nadar”, razón por la cual la hija estaba más que sorprendida de que hubiera pasado cuatro días a la merced de la corriente de un canal.

María San Juanita aseveró que ella nunca lo vio nadar, aunque sí montaba bien a caballo.

Aún convaleciente en la clínica, don Santos despertó y a los pocos minutos pudo dar algunas respuestas poco claras que no explicaban sus días en el canal.

Le dolía la cabeza la mañana del lunes y después habló de personas con las que trabajó y que lo ayudaron:

—Dicen que la gente ya es mala, eso no es cierto.

— ¿Recuerda dónde lo encontraron?

—Para allá es mi tierra.

— ¿Y su cachucha dónde está?

—El agua se la llevó.
Dijo que en esos días se guareció de una tormenta debajo de una roca.

— ¿Y se metió al canal, quiso cruzarlo?

—De menso.

Cosechaba zacate

Alonso Ochoa fue el joven quien hizo el reporte. Junto con su padre, Jesús, y con un vecino, Adrián Meza, supieron de la llegada de don Santos a la calle López Cotilla en San José del Quince y no arribó flotando en canal, sino caminando un día antes por las calles de terracería del norte del poblado.

“Andaba seco”, aseguró Adrián. Desde que lo vieron la tarde del jueves don Santos se la pasó el día entero hincado en los lotes baldíos de la cuadra: “Como que se perdió y en la tarde estaba cortando zacate al otro lado del corral, sacaba el zacatito y agarraba más y así se la pasó”, dijo Alonso.

Adrián se extrañó de ver al hombre empeñado en su tarea y le preguntó ya tarde que de dónde era; don Santos le contestó que él era de por ahí y prosiguió sin inmutarse en su cosecha de zacate. Casi por la noche, Adrián se volvió a acercar: “Oiga, ¿qué anda haciendo? Ya ni la amuela, véngase”, y lo encaminó hacia el norte a la calle Lázaro Cárdenas en la misma colonia a la espera de que hallara su rumbo. Él ya no lo vio ese día.

“En la noche se vino un tormentón”, contó Alonso. Fue que su padre le preguntó por el señor que cosechaba zacate tras lo que se asomaron y no lo vieron, por lo que supusieron que se había ido.

Ya por la mañana cuando limpiaban el desorden de la tormenta vieron a la orilla de la presa en donde se supone que cruzan Prolongación Revolución y López Cotilla a don Santos en medio del lodazal: “Estaba bien tieso, tiemble y tiemble”. Le sacaron una chamarra y le dieron un vaso de leche recién ordeñada mientras esperaban el arribo de las autoridades, relató Alonso. Lo llevaron canchado un par de cuadras hasta el cruce con Obrero para que ahí lo recogieran pues por el fango que había no habrían podido entrar los vehículos hasta donde estaba. De Obrero se lo llevó el oficial Gilberto Macías: “¿Pero eso por qué no lo reportaron?”, cuestionó el policía a Alonso. La cachucha quedó colgada en el corral como recuerdo del paso de don Santos por el establo.

Al trasladarlo a la clínica 86 del IMSS los médicos no encontraron rastros en los pulmones del hombre de que hubiera respirado agua. Eso sí, le hallaron algunas magulladuras y laceraciones en el pie que no tenía zapato y le diagnosticaron un estado de salud en general delicado por los cuatro días que pasó fuera de su hogar y en los que terminó a casi 10 kilómetros de donde se bajó del camión. En su estancia le hicieron radiografías y análisis diversos, el último fue para ver el estado de sus riñones y si esto tenía alguna relación con la pérdida de memoria.

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