Suplementos | Pobres quienes nunca han visto a Jesús “Señor, quisiéramos ver a Jesús” Desde hace semanas, por la visita de Benedicto XVI, hay alegría, entusiasmo y también la inquietud de emprender viaje, de sufrir incomodidades por ir a ver al Papa Por: EL INFORMADOR 26 de marzo de 2012 - 06:35 hs En este quinto domingo de cuaresma, Juan Evangelista narra que por la fiesta de la Pascua, había multitud de creyentes y no creyentes en Jerusalén, y que algunos griegos se acercaron a Felipe, el de Betzaida de Jerusalén, y le pidieron ver a Jesús. Esos griegos, tal vez paganos, tuvieron noticia de lo que decía y hacía Jesús, y de ahí su curiosidad e interés por verlo. Desde hace semanas, por la visita del Papa Benedicto XVI a León, Guanajuato, hay alegría, entusiasmo y también la inquietud de emprender viaje, de sufrir incomodidades por ir a ver al Papa. Un motivo, el más fácil de entender, es la simple y sencilla curiosidad, la novedad de ver, de oír y de estar cerca de un personaje con nombre y fama mundiales. Otro motivo más profundo es la fe. Quien tiene conciencia de su condición de formar parte del Reino, de la Iglesia, quiere dar testimonio de su fe ante el Vicario, es decir el representante de Cristo. En más alto nivel, es mirar con plenitud de fe, ver al mismo Cristo en la persona de ese hombre vestido de blanco. El cristiano debe ir como tal a ver al Pastor; el Pastor a quien Cristo le ha dado un mandato: “Apacienta mis ovejas”. Pobres quienes nunca han visto a Jesús Unas estadísticas --tal vez un tanto optimistas-- dicen que de la población mundial, sólo uno de cada tres seres humanos ha tenido noticia de Cristo. Es por ello que el actual es el momento de pensar, y en serio, sobre el verdadero conocimiento de Cristo. Si de veras conocieran a Jesús, muchos no andarían entregados a vicios, a maldades. Por eso los que viven en tinieblas deben despertar en los creyentes un doble sentimiento: primero, compasión porque son dignos de lástima; ¡pobres, no ha llegado a sus oídos, a su alma, la Buena Nueva!; segundo, la obligación del bautizado, de llevar la luz a quienes están en la oscuridad. El documento voz de los obispos de América Latina, fruto de su reunión en Aparecida, Brasil, es una motivación a una verdadera misión de los discípulos a ser misioneros. No haber recibido la gracia de la fe, que es luz, para limitarse a esconderla debajo de la cama, sino para llevarla a lo alto y que ilumine a todos. Por eso mismo la Iglesia es misionera y los bautizados están obligados a no tener los dones recibidos sólo para sí mismos, sino que practiquen, en la bella solidaridad, la caridad cristiana de compartir. Ver a Jesús El grande gozo de María y José fue contemplar al niño recién nacido, envuelto en humildes pañales, recostado sobre las pajas del pesebre; verlo cuando crecía en edad y gracia delante de Dios y de los hombres; seguirlo María con la mirada, cuando brotaban en Jesús los raudales de sabiduría y sus milagrosas manos abrían los ojos de los ciegos, limpiaban la podredumbre de los leprosos, devolvían la salud y la dicha a los enfermos y a los tristes. Y ella, la Madre, contemplarlo en la cumbre del amor; ella al pie de la cruz hasta el momento supremo, cuando Jesús expiró. Los santos lo han visto no en el breve paso de su vida en la historia, sino en la continua historia de los veinte siglos de la Iglesia. Han visto a Cristo en los sacramentos, singular y devotamente en la Divina Eucaristía; lo han visto al escuchar su palabra en la Iglesia, en sus representantes. Lo han visto con los ojos del amor y la caridad, en el pobre, en el oprimido, en el sufriente (”tuve hambre y me diste de comer”). Y también en las imágenes. El arte ha dejado esos signos, auxilio para los sentidos, para ver por esos signos lo invisible. San Martín de Porres, sin prisas, a pesar de sus deberes en el convento, pasaba horas --gratas para él-- frente a una imagen de Cristo crucificado. Y San Francisco de Asís tanto y tanto contemplaba a un Cristo clavado de pies y manos, que sin él quererlo, también de sus manos y pies chorreó la sangre. Para la contemplación defendió la Iglesia el culto a las imágenes, cuando brotó la herejía de los iconoclastas. El Cristo clavado en la cruz no es un vencido; el amor lo llevó a las más altas cumbres del amor. Por eso Él mismo lo ha dicho: “Ha llegado la hora de que el Hijo del hombre sea glorificado” Un poeta nuestro, Alfredo R. Plascencia, escribió un atrevido poema a Cristo clavado en la cruz. A primera vista podría parecer rebeldía o baldón, pero es amor; es un himno a la divina ceguera del amor. Ciego Dios Así te ves mejor, crucificado. Bien quisieras herir, pero no puedes. Quien acertó a ponerte en ese estado no hizo cosa mejor. Que así te quedes. Dices que quien tal hizo estaba ciego. No lo digas; eso es un desatino. ¿Cómo es que dio con el camino luego, si los ciegos no dan con el camino? Convén mejor que mi ciego era, ni la causa de tu afrenta suya. ¡Qué maldad, qué error, ni qué ceguera...! Tu amor lo quiso y la ceguera es tuya. ¡Cuánto tiempo hace ya, Ciego adorado, que me llamas y corro y nunca llego...! ¡Si es tan sólo el amor quien te ha cegado, ciégueme a mí también, quiero estar ciego! Si el grano de trigo sembrado en la tierra muere, producirá mucho fruto Jesús, el Verbo de Dios, nació para morir. No le entendían o no querían entender los discípulos, cuando les anunció no una, sino seis veces, que iba a subir a Jerusalén para ser rechazado por los ancianos, los escribas y los principales del templo; que iba a ser sentenciado con injusta sentencia, condenado a muerte y levantado en alto clavado en la cruz, y que a los tres días resucitaría. Él era el grano de trigo sembrado en las orillas de Jerusalén, en un sepulcro nuevo. Las espigas cargadas de granos han sido la alegre cosecha de cuantos con la muerte y resurrección de Cristo han encontrado por Él y en Él la vida eterna. Queremos ver a Jesús porque su pasión, su muerte, su resurrección son la vida para los que con amor lo miran. José R. Ramírez Mercado Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones