Suplementos | Segundo domingo de pascua Señor mío El Señor dijo: ''Dichosos los que sin ver han creido''. Los que entonces no vieron a Jesús resucitado, los del siglo y los siglos en adelante, han creido, creen y creerán y serán bienaventurados Por: EL INFORMADOR 6 de abril de 2013 - 23:12 hs / GUADALAJARA, JALISCO (07/ABR/2013).- El Señor dijo: ''Dichosos los que sin ver han creido''. Los que entonces no vieron a Jesús resucitado, los del siglo y los siglos en adelante, han creido, creen y creerán y serán bienaventurados “La resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra Fe en Cristo, creída y vivida por la primera comunidad como verdad central; transitada como fundamental por la tradición; establecida en los documentos del nuevo testamento; predicada como parte crucial del misterio pascual, al mismo tiempo que la cruz”. La incredulidad de Tomás, uno de los doce, le daría nueva fuerza al hecho. “pasados ocho días, otra vez estaban dentro los discípulos y Tomás con ellos. Vino Jesús, cerradas las puertas, y puesto en medio de ellos, dijo: “la paz sea con vosotros”. Luego dijo a Tomás: “acerca acá tu dedo y toca mis manos; tiende tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel.” Respondió Tomás: “Señor mío y Dios mío”. Algunos pintores, al expresar este momento histórico han manifestado ese acto de fe, de adoración, de entrega, al poner de rodillas, rendido, al antes incrédulo Tomás. La tradición dice que ese apóstol llevó su fe inquebrantable hasta entregar su propia vida por aquél a quien había visto, oido y tocado. Y el Señor dijo: “Dichosos los que sin ver han creido”. Los que entonces no vieron a Jesús resucitado, los del siglo y los siglos en adelante, han creido, creen y creerán y serán bienaventurados; su fe será, en verdad, regalo divino, y de mayor valor al confesar delante de los hombres que Jesucristo resucitó y vive, y que es su Señor y su Dios. En el domingo de Pascua —domingo, día del Señor, por excelencia el día que hizo el Señor, el primer día de la semana— en ese día de la restauración de todas las cosas, Cristo transmite un gran poder a sus discípulos: “Reciban al Espíritu Santo… a los que les perdonen los pecados, les serán perdonados y a quienes no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”. “El hijo del hombre tiene potestad sobre la tierra para perdonar los pecados.” Desde este momento, los discípulos serán jueces de las conciencias de los creyentes. Ellos tendrán que decidir, y por lo mismo tendrán que conocer las culpas. Esta escena es la base; el fundamento del sacramento de la reconciliación, llamado también sacramento de la penitencia. Mediante este sacramento, el sacerdote practica eficazmente la obra de la redención, y por su medio, como instrumento, devuelve al pecador la gracia perdida, el perdón, la alegría, la paz. José Rosario Ramírez Una oración Señor Jesús que quieres seguir viviendo en el corazón de cada uno de nosotros como el primer amor, como el rey de nuestra vida y el motor de nuestro corazón. Te pedimos que a ejemplo de nuestros compatriotas que un día dieron su vida por hacer resplandecer tu nombre, nos ayudes a restaurar la fe opacada o perdida y a vivir conforme al plan divino de tu santísima voluntad. Amén María Belén Sánchez, fsp Temas Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones