Miércoles, 15 de Octubre 2025
Suplementos | La astucia de los hombres nunca ha podido con la sabiduría de Dios

“Sellados por el César, sellados por Dios”

Un día la crema y nata de los religiosos preparó una pregunta perversa, para atrapar a Jesús en alguna declaración por la cual pudieran acusarlo y desprestigiarlo

Por: EL INFORMADOR

     La astucia de los hombres nunca ha podido con la sabiduría de Dios. Un día la crema y nata de los religiosos preparó una pregunta perversa, para atrapar a Jesús en alguna declaración por la cual pudieran acusarlo y desprestigiarlo. La pregunta parecía una trampa mortal: “¿es lícito pagar impuesto al César o no?”. Si Jesús contestaba que debían pagar impuestos, la gente lo consideraría un súbdito de Roma, y quedaría descalificado en su misión de salvar a Israel; por otro lado, si se negaba a pagar impuestos a los romanos, lo podrían acusar fácilmente de traición al emperador.
    Jesús se dio cuenta inmediatamente de sus intenciones, y antes de responderles directamente, les pidió que le mostraran la moneda que se usaba para pagar impuesto. La moneda tenía la cara y el nombre del César, por lo que Jesús concluyó que si tenía el nombre y la cara del César, entonces deberían dársela a su dueño; en otras palabras, pagar lo que debían a quien debían. Es como si usted encuentra en la calle un documento que tiene la fotografía y el nombre del dueño, ¿a quién debe entregarle ese documento? Obviamente, al dueño del documento. Cada moneda le pertenecía al César, por lo que era lícito darle al dueño de las monedas sus monedas.
    El Maestro aprovecho esta experiencia para enfatizar algo todavía más importante: no solo era necesario darle al César lo que le pertenecía, sino que era primordial darle a Dios lo que es de Dios. Esta fue la enseñanza más maravillosa que Jesús nos dejó en ese momento: lo que es de Dios debe ser devuelto a Él.
    Todos los seres humanos somos propiedad de Dios porque fuimos formados por Él. La Biblia dice que Dios nos formó en el vientre de nuestra madre, razón por la cual cada uno de nosotros le pertenecemos. Si usted visita el taller de un alfarero y mira en una repisa las obras que él fabricó en esa mañana, usted no duda de que cada una de esas vasijas es propiedad del alfarero; sería ridículo pensar que una vasija fabricada por el alfarero decidiera que no tiene dueño y que quiere vivir su propia vida de acuerdo a su soberana voluntad.
          Lo curioso es que la mayoría de los seres humanos piensa que su vida les pertenece exclusivamente a ellos, y no toman en cuenta a Dios para nada, incluso en el momento de tomar decisiones muy importantes. Se olvidan de que tienen un Creador que es el dueño de su vida, y ante quien rendirán cuentas un día. Por eso es tan popular la teoría de la evolución, porque si somos el producto de una evolución, entonces no hay a quién darle cuenta de nuestros actos malvados.
         Aunque todos somos propiedad de Dios por derechos de creación, Él ha querido ampliar su derecho sobre nosotros a través de la redención; es decir, comprarnos de la misma manera que se compra un esclavo para dejarlo libre. Redimir significa buscar a un ser querido que se encuentra esclavizado, pagar su precio en el mercado y liberarlo definitivamente. Muchos hemos sido redimidos de nuestros traumas, adicciones, complejos y pecados, a través del costo de la sangre que Jesús derramó en la cruz.
          Volviendo al ejemplo del alfarero, imagine que el alfarero fabricó un vaso de barro por el que siente especial cariño, pero que por ciertas circunstancias ese vaso pasó a ser propiedad de una persona que no lo cuida ni lo usa adecuadamente; entonces el alfarero busca a esa persona y con su propio dinero compra ese vaso y se lo lleva de nuevo a su taller. Ese vaso es doblemente suyo, no sólo porque lo formó, sino porque lo compró para rescatarlo de un uso incorrecto.
          Lo mismo quiere hacer Dios con los humanos: rescatarlos de su manera de vivir angustiante y frustrante. Démosle a Dios lo que le pertenece.

Angel Flores Rivero     
iglefamiliar@hotmail.com

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