Suplementos | Conviértanse y crean en el Evangelio Se ha llegado el tiempo Muchos grandes convertidos han tenido la valentía de dejar en el olvido un pasado violento, para lanzarse a una nueva vida Por: EL INFORMADOR 23 de enero de 2012 - 07:30 hs . / En este tercer domingo ordinario el evangelista San Marcos narra el inicio, los primeros pasos de la vida pública de Cristo y sus primeras enseñanzas, ya nueva luz, ya nuevo camino, ya como “vino nuevo en nuevos odres”. Antes, en nombre de Dios hablaron los profetas. El pueblo judío recibía por conducto de ellos los mensajes, y por medio de los profetas vivían en la esperanza del advenimiento de un Salvador, un libertador, y le daban el nombre de Mesías: el Ungido de Dios. Y apareció el Verbo de Dios en la tierra donde era esperado, y de la estirpe de David, como hombre. Y después de largos años de vida oculta en Nazaret, ya se ha cumplido el tiempo y en Jerusalén empieza a manifestarse como es: “un profeta poderoso en obras y en palabras”. Quedaban por delante tres años para fundar un Reino, para dejar a la humanidad el mensaje del amor y culminar su misión de amor mediante la ofrenda de sí mismo, con su muerte redentora en la cruz y su gloriosa resurrección. Si ya se cumplió el tiempo, el Reino de Dios ya está cerca... Conviértanse y crean en el Evangelio Son las primeras palabras del mensaje mesiánico. Primero, conviértanse. El pueblo de Israel, pueblo escogido, se había apartado del bien y, confundido o cegado por sus pasiones, iba por sendas del mal. Las palabras de Cristo eran un llamado, una advertencia y exhortación a abrir los ojos y a encontrar el camino del bien, y por allí en adelante caminar con una fe nueva, creer en el Evangelio, la Buena Nueva garantía de salvación. Pero el mensaje de Cristo no está sujeto al tiempo: ahora, en el siglo XXI, tiene la misma fuerza y la misma eficacia. Al hombre de después, en cada época, en cada siglo, en cada año, Cristo sigue llamándolo a convertirse y creer en la Buena Nueva. Convertirse es definirse Anécdota curiosa es la de aquella viejecita devota de San Miguel Arcángel. Llegaba al templo y ante su imagen encendía dos velas: una al vencedor airoso con el pie sobre el pecho de un diablillo negro y feo, y otra para el vencido. Interrogada por el cura respecto a su costumbre, contestó: “Mire, señor cura. ¿Qué tal si un día cambia todo? Por eso también le prendo una vela, por si le toca ganar”. Así, pasa con más de algún cristiano a medias, con un seguimiento no total a Cristo y al Evangelio. La conversión es quemar las naves para lanzarse a una nueva aventura. El capitán Iñigo de Loyola deja ante la venerada imagen de Nuestra Señora de Montserrat, cerca de Barcelona, el elegante uniforme y la espada que lo complementaba. Ya no se vestirá así, ni empuñará ese acero para herir o matar. En algo nuevo empleará su pensamiento, su afecto, sus palabras ysu acción. Así muchos grandes convertidos han tenido la valentía de dejar en el olvido un pasado violento, para lanzarse a una nueva vida. Así sucedió a Saulo de Tarso, el fariseo fanático transformado por Dios en San Pablo, incansable predicador entre gentiles. Convertirse es encontrar la libertad en plenitud Alguien comentó entre amigos: “Enpecé a fumar a los catorce años, y era tanta mi necesidad del cigarro, que llegué a fumarme tres cajetillas diarias. Me costó mucho dejar el vicio. Después de veinte años de fumar, ahora soy libre”. También es posible dejar el alcohol y otros vicios más --vicio es el hábito, la esclavitud a algo dañino. Alcanzar una meta como la de abandonar un vicio de muchos años, permite la satisfacción de sentirse liberado. El pecado es esclavitud; convertirse es dejar el pecado; es, pues, libertad. Siempre es posible la conversión; sin embargo, para convertirse son indispensables no sólo la fuerza de la libertad, sino la firmeza para pedir la ayuda divina y la profunda humildad para reconocer la propia flaqueza. Convertirse es querer ser de veras feliz, saber encontrar una nueva etapa vital: renacer. Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea Eran sus primeros pasos para buscar y encontrar hombres para invitarlos a seguirlo, a comprometerse con Él en su empeño de salvar a todos los hombres. Era el rey, y por servirlo habrían de ir por todo el mundo a comunicar la Buena Nueva del Reino. Jesús no fue a buscarlos entre los poderosos, no fue a las reuniones de los sabios según el mundo; los buscó entre los sencillos, los pequeños a la mirada de los fariseos, de los doctores de la ley. Puso su mirada de predilección en pescadores. Si esto hubiera acontecido aquí cerca, los habría buscado en la orilla del lago de Chapala, con las manos puestas en las redes o en los remos de sus pequeñas barcas. “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres” Seguirán siendo pescadores, pero no de pececillos saltando en sus barcas, sino participar en una pesca espiritual para llenar la barca de Pedro, la Iglesia, de seguidores de Cristo a los cuales llevar a la vida eterna. Una gracia interior los hizo entender la profundidad del llamamiento, y estos primeros cuatro sin titubeos dejaron todo lo que tenían, y durante tres años fueron discípulos atentos a las enseñanzas del Maestro. Juan, el menor, muchacho limpio y dotado de inteligencia para profundizar y sensibilidad para percibir, captó los misterios. Dejó la barca, las redes y a su padre Zebedeo, y siguió al Hijo de Dios. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. En todos sus escritos es el amor, el centro, el punto clave del mensaje del Maestro, y es la verdadera vida, la razón y la esperanza para seguirlo. Ellos fueron los primeros en escuchar la invitación a seguirlo. Día a día y en estos tiempos, Cristo camina por ciudades, pueblos, aldeas y por las orillas de todos los lagos, llamando a que se unan a Él. En la oración del cristiano se ha de agregar una súplica: “Señor, que nunca falten hombres jóvenes y generosos, dispuestos a seguirte”. José R. Ramírez Mercado Temas Religión Fe. Lee También En misa de bienvenida de "La Generala", cardenal pide por una reforma judicial justa "La Virgen me salvó del cáncer de mama", agradecen la vida, salud y bienestar en la Romería 2025 Veinticinco años Evangelio de hoy: Jesús se deja encontrar en nuestro sufrimiento Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones