Viernes, 10 de Octubre 2025
Suplementos | ''La intimidad con Dios, direcciona los caminos a la única meta para la cual fuimos cre

¿Sabes a dónde vas?

La Palabra de Dios, no sólo es meta, también es camino, es una prueba como un paso obligado hacia la meta, no podremos alcanzar la Meta por digna que sea, si no se recorre el camino y se superan las pruebas

Por: EL INFORMADOR

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LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA:


Génesis 15, 5-12. 17-18

“Abram creyó lo que el Señor le decía y, por esa fe, el Señor lo tuvo por justo, e hizo el Señor, aquel día, una alianza con Abram”

SEGUNDA LECTURA:

San Pablo a los filipenses 3, 17-4, 1


“Nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos que venga nuestro Salvador, Jesucristo”

EVANGELIO:

San Lucas 9, 28-36

“Jesús subió a un monte para hacer oración. Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se hicieron blancas y relampagueantes”.

REFLEXIONANDO LA FE...

Sentido del ayuno


Siendo el hombre alma y cuerpo, de nada serviría imaginar una religión puramente espiritual, para obrar tiene el alma necesidad de los actos y de las actitudes del cuerpo. El ayuno, siempre acompañado de oración suplicante, sirve para traducir la humildad delante de Dios, ayunar equivale a humillar su alma. El ayuno no es, pues, una hazaña ascética; no tiende a preocupar algún estado de exaltación psicológica o religiosa.

En clima bíblico, cuando uno se abstiene de comer un día entero, siendo así que considera el alimento como don de Dios, esta privación es un gesto religioso, cuyos motivos hay que comprender exactamente.

El que ayuna se vuelve hacia el Señor en una actitud de dependencia y de abandono, antes de emprender un quehacer difícil, como también para implorar el perdón de una culpa, para prepararse al encuentro con Dios.

Es una actitud de humildad para acoger la acción de Dios y ponerse en su presencia. Para que el ayuno agrade a Dios debe ir unido con el amor al prójimo y comportar una búsqueda de la verdadera justicia. Pero sobre todo se debe ayunar por amor a Dios.

Subió al monte


Tradicionalmente identificamos la divinidad con la altura, imagen que no es exclusiva de nuestro pueblo, razón por la cual en reiterados textos de la Sagrada Escritura, se identifica el encuentro con Dios, en el movimiento que hace el hombre de subir al monte para orar, uno de los lugares especiales para identificarse con Dios, dejar abajo, no sólo físicamente, el resto de las cosas y preocupaciones para darle su lugar y primacía a Dios, dejando las cosas secundarias para encontrarse con Dios, ascender a Dios es la acción de la oración que se simboliza y representa en la acción de subir al monte.

Jesús acompañado de Pedro, Santiago y Juan, subió al monte para hacer oración. La escuela está y el ejemplo es claro y convincente, Jesús se aparta para ascender a Dios inmerso en la oración, Jesús no sólo hace oración, enseña a orar con su testimonio. La razón de portar consigo a tres de sus discípulos a la altura de la oración, representado en el monte, no es para sorprenderles y dejarles estupefactos. Jesús es el indicador de los frutos y compromisos de la oración, es el camino y la meta. La oración que les enseña a sus discípulos no es la del conocimiento, sino la de la acción, la que se ha de hacer como un itinerario de encuentro con Dios.

La oración es ese ascenso a manera de lucha, en donde vamos dejando lo innecesario para encontrarnos con lo esencial. Mientras Jesús oraba, su rostro cambió de aspecto. El camino ascendente de la oración no es sencillo, pero es necesario, para lograr la transformación para la cual fuimos hechos.

Para orar

La oración como ascenso, no es sólo lo que deseamos decirle a Dios, sino particularmente, estar dispuesto a escuchar con atención lo que Dios debe decirnos para comprender cuál es nuestro destino, hacia dónde hemos de dirigirnos, el camino lo elegimos cada uno de nosotros en nuestra elección vocacional, pero la meta es una: el cumplimiento de la voluntad de Dios, que sólo se descubre y comprende en la oración.

En la oración que Jesús hace en el monte en donde se encuentra en un diálogo íntimo con Moisés y Elías, hablaba de lo que le esperaba en el cumplimiento de la voluntad de Dios: “De la muerte que le esperaba en Jerusalén”. Es el camino del Mesías en redención de nosotros los hombres, y la meta es Dios, cuando la meta es clara, el camino no dejará de ser complicado y doloroso, en algunos casos, pero guardará la certeza del cumplimiento de la voluntad de Dios, que da sentido no sólo al camino sino a nuestro ser.

Transfigurado

Quien se sumerge en el ascenso de la oración, no será jamás el mismo, se da una transformación, porque nadie que se ha encontrado con Dios puede seguir siendo el mismo, la intimidad con Dios, direcciona los caminos a la única Meta para la cual fuimos creados. La transformación de la oración no es una percepción emocional, es y debe ser real y visible para los demás, como lo fue con Jesús y para sus discípulos: “Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se hicieron blancas y relampagueantes”.

En ascenso transformador de la oración, es la única y auténtica transformación de nuestras vidas en plenitud y con ello de nuestra sociedad, porque sólo en la oración descubriremos con certeza hacia dónde hemos de dirigirnos. “De la nube salió una voz que decía. Éste es mi Hijo, mi escogido; escúchenlo”.

DESDE LAS LETRAS

Jaculatoria de la nieve


¡Qué milagrosa es la Naturaleza!

Pues, ¿no da luz la nieve?

Inmaculada

y misteriosa, trémula y callada,

paréceme que mudamente reza

al caer...

¡Oh nevada!:

tu ingrávida y glacial eucaristía

hoy del pecado de vivir me

absuelva

y haga que, como tú, mi alma se vuelva

fúlgida, blanca, silenciosa y fría.

Amado Nervo

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