Suplementos | En la senda de los valores Rescatar la autoridad El respeto en el mundo moderno Por: EL INFORMADOR 22 de agosto de 2008 - 23:31 hs El respeto, la confianza y la obediencia a la autoridad, sea de la naturaleza que ésta sea, es uno de los valores humanos fundamentales, y una virtud desde el punto de vista cristiano. Jesús, a través de su vida, nos mostró lo que ésta era, y con su propio ejemplo nos enseñó a obedecer. Vivimos una época en la que, sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que el sentido auténtico la relación autoridad-obediencia ha venido a menos. Se desconoce lo que una y otra significan para que existan sociedades armónicas, ordenadas, organizadas, productivas. Ya desde el siglo pasado, el cual se destacó por la actitud anti-autoridad de millones de personas, sobre todo jóvenes, surgieron grandes movimientos en esa línea, desde los famosos “rebeldes sin causa”, las “pandillas”, los “hippies”, los “yuppies”, los “cabezas rapadas”. En el mismo ámbito familiar, los hijos han perdido la perspectiva de la autoridad de los padres que, tanto Dios, a través de su Iglesia, como la sociedad civil, les han otorgado, como responsables de su educación, manutención, etc. Hoy, en pleno siglo XXI, esta actitud contestataria de la autoridad se ha visto exacerbada; y no sólo eso, sino que se promueve cuando, con fines comerciales, se trasmiten por la televisión programas que incitan a la rebeldía, haciendo creer a cierto sector de ingenuos e imberbes espectadores que ello está de moda. Nuestra Iglesia no está ajena a ello. A través de los años se ha venido perdiendo el respeto y la reverencia para aquellos que, por voluntad divina, ostentan algún tipo de autoridad, llámense estos Papa, obispos, sacerdotes, diáconos y laicos consagrados, y es muy frecuente ver cómo se les ignora, se les critica y hasta se les ofende y humilla. El concepto en que se tenía a estos servidores del Señor y de la Iglesia se ha depreciado, y aunque son elegidos por Dios, ungidos con su autoridad, que han tenido una preparación y formación académica elevadas, y --con su propia vida y testimonio de sacrificio, entrega y servicio-- se constituyen también en una autoridad moral, se les minimiza, llegando al extremo de no creerles aún cuando hablen en nombre de Dios. Para prueba, ahí tenemos el aborto, la eutanasia, el “matrimonio” entre homosexuales, la resonada píldora del día siguiente, etc. Este fenómeno, al que hemos llamado “anti-autoridad”, ha causado grandes estragos en todos los ámbitos de la vida del ser humano. Muchos de los problemas que aquejan a la humanidad actualmente, se deben a este trastoque de valores, en el que el de la autoridad no sólo está devaluado, sino también tergiversado. En este sentido se hace preciso rescatar, comenzando en la misma Iglesia, ya que ésta ha sido y es sostén de la vida en los demás ámbitos, el valor de la autoridad, ejerciéndola al estilo de Jesús, como un servicio, así como el de la obediencia, practicada también al estilo de Él, como una condición indispensable para vivir y llevar a buen término el plan de Dios. La plataforma para lograrlo tendrá que ser, como todo lo relacionado con la vida cristiana: la fe. La fe en Dios, en su Palabra, en sus designios, en su plan de amor y salvación. El Evangelio de este domingo nos recuerda cómo una parte fundamental de este plan es la delegación de la autoridad de Jesús en un hombre común y corriente, pero elegido por Él: Simón Pedro, a quien encargó su Iglesia, y con él a quienes habrían de sucederlo hasta la consumación de los siglos, dándoles con ello las facultades de “atar en la tierra lo que se ataría en el Cielo, y desatar en la tierra lo que se desataría en el Cielo”, confiando en ellos, ya que --aunque como hombres estarían expuestos a equivocarse-- contarían con el auxilio de su Espíritu, para cumplir con tan sublime e inmensa tarea. Para nosotros los cristianos, los católicos, no hay otro camino que el de esa fe verdadera que nos lleva a una obediencia total e incondicional al Señor, a través de aquellos a los que Él ha elegido y a quienes ha delegado su autoridad. No se trata de una obediencia ciega, irreflexiva, sino a la luz del mismo Espíritu, quien nos da el discernimiento necesario para distinguir lo que es o no de Dios. Francisco Javier Cruz Luna cruzlfcoj@yahoo.com.mx Temas Fe. Lee También Evangelio de hoy: El justo vivirá por su fe Evangelio de hoy: El inmenso abismo Evangelio de hoy: La lógica del mundo y la lógica del Reino Evangelio de hoy: Alegría, signo de perseverancia y misericordia Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones