Suplementos | Esta forma de pensamiento se ha arraigado fuertemente en la mentalidad actual Relativismo Esta forma de pensamiento se ha arraigado fuertemente en la mentalidad actual Por: EL INFORMADOR 11 de junio de 2011 - 13:14 hs El relativismo, como forma de pensamiento, se ha arraigado fuertemente en la mentalidad actual. Su expresión cultural ordinaria afirma que no existe una verdad absoluta, válida para todos los seres humanos sino que, en palabras del Pbro. Luis Fernando Valdés López, “la verdad se construye en cada época de la historia: no existe la verdad definitiva sobre el hombre, sino que el hombre es lo que cada uno opina, aquí y ahora”. El problema es que, según afirmó el Cardenal Josep Ratzinger, hoy el Papa Benedicto XVI, el 1 de diciembre de 2002, “quien no es relativista --que no es seguidor del relativismo-- parecería que es alguien intolerante” ya que el Relativismo trae consigo la idea de que todo es igual, lo verdadero y lo falso, lo bello y lo feo, lo admirable y lo dañino; que el alumno sabe tanto como el maestro, que la víctima es tan culpable como el delincuente y un largo etcétera. Sólo meras opiniones. Probablemente la cuestión de más envergadura para el tema del relativismo es el concepto de verdad. Enfrentarse al relativismo equivale a ser intolerante e intransigente, puesto que nadie tendría el derecho de imponer o atribuir una verdad sobre el hombre, ya que el fundamento relativista es que tal verdad no existe. Sin embargo, el hombre, dotado de inteligencia y razón, tiene la capacidad de conocer y acceder a la verdad. Las preguntas fundamentales que todo ser humano pensante se hace sobre su origen, sobre sí mismo y sobre su futuro sólo pueden hallar respuestas coherentes cuando existe una y sólo una verdad sobre el ser humano que respete su dignidad de persona. A este respecto cabe aclarar que algunos humanistas y filósofos critican las ciencias naturales por su búsqueda de una verdad, la verdad científica y tecnológica. De acuerdo con sus detractores, la ciencia trata de imponer una verdad capaz de resolver todos los problemas humanos y, fuera de ella, nada tiene validez objetiva. Esta es una lamentable falta de información sobre el quehacer de la ciencia. Ésta busca la verdad, en efecto, pero una verdad que permita, contestar preguntas sobre el mundo sensible en dos vertientes: la primera, el conocimiento de nuestros orígenes, como es el caso de desvelar los secretos de la naturaleza, y el origen y evolución del universo, para poder explicarlos sin necesidad de recurrir a supersticiones. La segunda, conocer el funcionamiento de las cosas para aprovecharlas con el fin de procurarnos bienestar y confort con el desarrollo de la tecnología. Los verdaderos científicos están conscientes de las limitaciones de su ciencia y trabajan en consecuencia. Por su parte, la persona relativista confunde el deber de respetar a la persona que opina y su derecho a opinar con el deber de respetar toda opinión. Todos tenemos el deber de respetar a los demás y también su derecho a opinar. Pero no tenemos por qué respetar todas las opiniones, o, dicho de un modo más adecuado y respetuoso (para no faltar a la caridad), no tenemos por qué aceptar todas las opiniones, por el simple hecho de que no todas las opiniones son válidas. Incluso, hasta tenemos el deber, si las circunstancias lo permiten, de refutar las opiniones falsas y dañinas. Por ejemplo, si un hombre dice que él opina que los maridos pueden abusar de sus esposas, yo tengo el deber de respetar a ese individuo, pero al mismo tiempo tengo el deber de decirle que su opinión es absolutamente falsa y dañina. El relativismo en general fracasa cuando es examinado desde una perspectiva puramente lógica. La premisa básica es que “la verdad es relativa”. Si cada afirmación de la verdad es válida, entonces la afirmación “algunas verdades son absolutas” tiene que ser válida. La afirmación “no existen verdades absolutas” es acertada., de acuerdo al relativismo, pero es una verdad absoluta por sí misma. Estas contradicen el concepto mismo de relativismo, lo que significa que éste es auto-contradictorio. El relativista piensa que el modo de alcanzar la mayor felicidad que es posible lograr en este mundo es evadir el problema de la verdad. Pero esta concepción se encuentra con el problema de que los hombres, además de desear ser felices, tenemos también una inteligencia y deseamos conocer el sentido de nuestro vivir. Así es como cobran vida las palabras de San Juan: Conocerán la verdad y la verdad los hará libres (Jn 8, 32). Que el Señor nos bendiga y nos guarde. Antonio Lara Barragán Gómez OFS Escuela de Ingeniería Industrial Universidad Panamericana Campus Guadalajara alara@up.edu.mx Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones