Suplementos | La verdadera libertad sólo puede construirse en el propio hogar Reflexiones para tiempos de libertad En el pasaje del Evangelio que nos presenta la versión de San Lucas, vemos a un padre con dos hijos, uno de los cuales anhela independizarse para vivir su libertad plenamente Por: EL INFORMADOR 11 de septiembre de 2010 - 13:14 hs La verdadera libertad sólo puede construirse en el propio hogar, allí donde nos aman y nos ayudan a conocer y a ser. Habitualmente en esta columna hacemos alusiones a las ya milenarias enseñanzas que Cristo Jesús nos dejó en su Evangelio, trayéndolas a la realidad para aplicarnos a nuestra vida actual. Es sumamente interesante constatar que a pesar del tiempo transcurrido, de los medios tan precarios con que contaban en aquellos tiempos y de los recursos literarios tan rudimentarios, el Evangelio sigue siendo un texto de vigente actualidad, que nos da pautas muy claras y exactas para iluminar nuestro hoy. Es también notable que las modernas corrientes psicológicas tomen como tema las lecciones de nuestro Señor Jesucristo, para decirnos dónde está la solución de nuestros problemas y la clave de esa felicidad que tan afanosamente buscamos. Pues bien, en estos días estaremos repitiendo hasta el cansancio nuestro anhelo de libertad, que a través de la independencia hemos vislumbrado, pero que acaso aún no hemos podido realizarlo plenamente, porque eso es muy semejante a la escuela. Una generación escolariza a otra enseñándole la sabiduría recogida a través de los tiempos, y al cabo de una vuelta ya hay otra generación de jóvenes que necesitan aprender desde lo más elemental del lenguaje, es decir a leer y escribir, como puerta que les da acceso a la sabiduría colectiva recopilada a través de los siglos. Pues bien, en el pasaje del Evangelio que nos presenta la versión de San Lucas, vemos a un padre con dos hijos, uno de los cuales anhela independizarse para vivir su libertad plenamente. Pero no es todo, también necesita medios económicos y pide la parte de herencia que le corresponde. Cuando consigue lo que quiere, se da cuenta muy pronto de que aquello no es la gloria, y que en lo que proyectó como libertad plena había más trampas de esclavitud que lo llevaron por derroteros muy poco agradables, tanto que hasta deseó comer lo que daban de alilmento a los cerdos que inevitablemente tuvo que cuidar. Y vaya que para la mentalidad de aquellas gentes de ese tiempo, los cerdos eran lo peor; ellas no sabían de comer taquitos de chicharrón, o carnitas fritas o costillitas. Así pues, después de enfrentarse con la dura realidad, decide volver a su casa, porque llega a reconocer que en últimos términos, solamente allí es donde puede encontrar la verdadera independencia y una libertad que se ata fuertemente con lazos de amor, que al fin de cuentas esos no duelen, ni se sienten como esclavitud; aunque lo parezca, la esclavitud del amor es liberadora. Por eso, en estos días de Fiestas Patrias es muy oportuno reflexionar sobre algo que a veces olvidamos: que la Patria empieza para cada uno en su casa, en su hogar, allí donde cada quien ha elegido vivir lo mejor de su vida, o donde Dios le ha sembrado para que empiece a crecer y a desarrollarse, mientras llega el tiempo de formar la propia familia y el hogar que cada uno decida. Un hogar que no se debe improvisar, sino que hay que preparar con esmero, porque la oportunidad de ser felices es una sola, y es precisamente en casa donde germina lo bueno y lo bello que queremos ver en la sociedad. En la familia, en el hogar, es donde hay que cultivar lo bueno y lo mejor, para que sea de verdad el nido acogedor donde más se antoja llegar después de las actividades cotidianas. Allí donde nos sentimos valorados, comprendidos, donde saben disculpar nuestras pequeñas o grandes fallas, donde nos ofrecen lo mejor... como al hijo que regresó abatido y desilusionado y lo recibieron con júbilo y fiesta. El hogar es un lugar donde nos sentimos felices, contentos, libres, donde los lazos del amor no son dependencias molestas o esclavizantes, donde podemos sentir que también podemos dar lo mejor de nosotros mismos. Desde allí podemos salir a las calles, a las plazas, por todo nuestro México y hasta por todo el mundo, elevando una voz de libertad que nos hace cantar a voz en cuello, diciendo que este es nuestro mejor lugar para vivir y ser felices. María Belén Sánchez fsp Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones