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Viernes, 24 de Noviembre 2017
Suplementos | Cristo ha resucitado y nosotros con Él

Racimos de uvas para compartir

Jesús nos dice así en este domingo de Pascua: 'Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese dará frutos abundantes'

La Palabra del Domingo     

     Cristo ha resucitado y nosotros con Él. Cristo está vivo y su vida se derrama sobre todos los hombres, para que demos frutos de vida eterna. Jesús nos dice así en este domingo de Pascua: “Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese dará frutos abundantes”.
     Esta hermosa metáfora de la vid y los sarmientos nos ayuda a entender la hondura del mensaje de Cristo. El Señor Jesús resucitado es el tronco fértil de la vid, y nosotros somos las ramas, los sarmientos que, unidos a Cristo, recibimos la savia fecunda que se transforma en racimos de uvas.    
     Esta comparación, sencilla y hermosa, nos explica cómo, por Gracia de Dios, nos integramos a la vida misma de Cristo.
     Celebrar la Pascua es no sólo alegrarnos del triunfo de Cristo, sino incorporarnos a su nueva vida de Gracia. Estar unidos a Cristo como la rama florida y fecunda de la vid, nos exige dar frutos para Dios Padre, el viñador, y para aquellos a quienes Dios ama, es decir, a todo el género humano.  
     La madurez de la fe nos debe conducir a distinguir la uva auténtica, o sea que debemos distinguir la falsa piedad que no conoce más que prácticas sin vida interior. En cambio, es necesario vivir en gracia, consciente y creciente, luchando por realizarnos como humanos y como cristianos, haciendo vida nuestros deberes de piedad, estudio y acción.
     El fruto más rico de la vida en gracia es el amor. Amor que no sólo es vertical hacia Dios, sino también horizontal hacia el prójimo. Integrarnos con Cristo es integrarnos con nuestros semejantes. Estar unidos a Cristo tiene exigencias que no se pueden suplantar con prácticas piadosas rutinarias. El cristianismo es vida, y hay que vivirla y compartirla con los hermanos, especialmente con aquellos que están más necesitados.
     Vivir unidos a Cristo, como el sarmiento a la vid, exige soportar podas y purificaciones. Cuesta mucho el dominio de las bajas pasiones, pero todo se puede con la gracia de Dios. Ser sarmientos en la vid no nos servirá para lograr triunfos egoístas, ni para encontrar lafalsa comodidad y seguridad de los instalados, sino para tomar nuevas responsabilidades, compromisos, renunciamientos y aún la muerte.
     Y todo esto en dimensión de comunidad. No podemos dedicarnos egoístamente a salvar nuestra alma. La salvación de Cristo es para todos los hombres y hay que partirnos el alma para constrir el nuevo pueblo de Dios. No te vas a salvar como una uvita aislada, consentida; nos vamos a salvar en racimos, llevando consigo a cuantos Dios puso en nuestro camino.
     Amiga, amigo: Jesús estará siempre con nosotros en la Eucaristía. Su Cuerpo y su Sangre nos vitalizarán para que, con su gracia, podamos dar frutos de vida eterna.  

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