Suplementos | Pedro no sólo hizo una confesión de su boca, sino que aceptó el compromiso de reconocer públicamente que había descubierto al Mesías “¿Quién dicen que soy yo?” Mesías es una palabra tan específica, que no hay forma de que se usara equivocadamente, puesto que se usaba para describir a una sola persona Por: EL INFORMADOR 28 de junio de 2008 - 11:45 hs Cuando Jesús preguntó a sus discípulos acerca de los comentarios que habían escuchado entre la gente, sobre la identidad del Maestro, ellos le contestaron que había diferentes opiniones respecto a quién era Él: unos pensaban que Él era Juan el bautista, y que había resucitado de entre los muertos; otros pensaban que se trataba de Elías, Jeremías o algún profeta, y que sus poderes eran el resultado de ser un espíritu que había vuelto después de la muerte. Este tipo de respuesta reflejaba una profunda convicción de que esa gente creía en Jesús como alguien fuera de serie, incluso con poderes sobrenaturales, los cuales podían explicarse a la luz de que se trataba de una especie de espíritu re-encarnado, pero nada más. Decir que se trataba de Elías o Jeremías resucitado, no comprometía mayormente a quien lo dijera, ya que se trataba de personajes altamente estimados por la sociedad israelita. A todos les agradaba la idea de que un gran profeta como Elías volviera para estar entre ellos, justo ahora que vivían tiempos tan angustiosos por la dominación romana. Un libertador siempre será bien recibido. Respuestas como las anteriores son un ejemplo de lo que actualmente muchas personas piensan acerca de Jesús: creen que se trata de un ser iluminado, un gran Maestro con poderes sobrenaturales, a quien es recomendable escuchar, pero cuyo mensaje no requiere mayor compromiso para seguirle. Por lo tanto, ponen a Jesús a la altura de otros supuestos “iluminados”, tales como Buda, Confucio, Mahoma, Gandhi, etc. Por otro lado, llegó el momento en que Jesús desafió a sus propios discípulos para que ellos dieran su opinión personal acerca de Él, y fue entonces cuando Pedro hizo la famosa declaración: “Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”. Cuando Pedro hizo tal declaración, Jesús lo llamó dichoso, porque tal revelación no le fue dada por hombre alguno, sino por el Padre que está en el cielo. Evidentemente Pedro había recibido una revelación espiritual acerca de la verdadera identidad de Jesús, por lo que definió a Jesús con una palabra que no tenía la más remota posibilidad de ser malentendida: le llamó el Mesías, el Hijo de Dios. Mesías es una palabra tan específica, que no hay forma de que se usara equivocadamente, puesto que se usaba para describir a una sola persona: el bendito, el ungido, el único Hijo de Dios, el Salvador, quien vendría en algún momento para liberar a Israel de sus enemigos y establecer el reino más glorioso que los judíos hayan visto jamás en toda su existencia. Aunque muchos caudillos se levantaron para liberar a Israel, tales como Moisés, Sansón, Gedeón, Josué o David, a ninguno de ellos se le consideró, ni remotamente, como el Mesías esperado. La gente sabía muy bien que, en algún momento del futuro, vendría el Mesías, el verdadero y definitivo Salvador. Por eso la declaración de Pedro es tan importante, porque confesó públicamente que creía que ese Maestro de Nazaret era el Mesías, el único Hijo de Dios. Esta declaración constituía un compromiso total, ya que se podía considerar una blasfemia digna de muerte a quien se atreviera a reconocer como Mesías a un impostor; de hecho a Jesús le costó su propia vida aceptar que Él era el Mesías, delante del sanedrín que lo juzgaba. Pedro no sólo hizo una confesión de su boca, sino que aceptó el compromiso de reconocer públicamente que había descubierto al Mesías, aunque ésta confesión le costara la vida. Realmente esta confesión le costó la vida, pero muchos años después. Angel Flores Rivero "mailto:iglefamiliar@hotmail.com" Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones