Suplementos | Hoy meditamos en el pasaje de la higuera en la cual Jesús busca fruto y no lo encuentra ¿Qué hago hoy de mi vida? La Cuaresma es un tiempo especial privilegiado, que nos invita a reflexionar en las cuestiones esenciales y más importantes de la propia vida Por: EL INFORMADOR 7 de marzo de 2010 - 07:42 hs 7 de marzo 2010 La Cuaresma es un tiempo especial privilegiado, que nos invita a reflexionar en las cuestiones esenciales y más importantes de la propia vida. Son momentos en los cuales entramos a lo más íntimo de nuestro ser, allí donde nos encontramos con Dios y donde podemos hallar la respuesta a tantos interrogantes que a diario nos planteamos y que muchas veces no sabemos ni cómo responder. Los últimos acontecimientos internacionales –de Haití, de Chile y de otros lugares que han sufrido desastres por las inclemencias naturales– nos han impactado sobremanera, y alzamos los ojos al cielo pidiendo al Señor nos explique el porqué de tanto dolor. Y en medio de tanto sufrimiento, lo único que podemos mirar es la racha tan grande de solidaridad que como una corriente de amor sale de los corazones y que hace un enlace del cielo con la tierra. Allí donde los que sufren, encuentran una expresión clara y palpable del consuelo y la misericordia de Dios. Pero estos acontecimientos y estas manifestaciones, no son para que nos quedemos en el sentimiento epidérmico y superficial de una compasión humana muy natural; aquí lo que necesitamos es establecer una relación sana entre lo que sucede y lo que vivimos personalmente cada uno de nosotros en lo concreto de cada día. Hoy meditamos en el pasaje de la higuera en la cual Jesús busca fruto y no lo encuentra. ¿De que sirve una planta que no da fruto? ¿De qué sirve una vida estéril? La moraleja es mirar a la propia persona, para ver qué calidad de planta somos en la viña del Señor y qué tipo de frutos estamos produciendo, primeramente para el bien de nuestra familia y de nuestra Iglesia, de nuestra sociedad y, desde luego, también en beneficio de nuestro mundo. Todo esto también nos llevaría a preguntarnos: ¿Cuánto tiempo me queda todavía por vivir? ¿Qué me falta por realizar según el plan de Dios? No podemos quedarnos tranquilamente esperanzados en un mañana que ni siquiera sabemos si llegará, o en una reencarnación futura que, desde luego, el Señor no nos ha prometido. Lo que ciertamente se nos ha prometido es un futuro de eternidad, que iniciará con la resurrección y que ha comenzado ya en este presente, que es nuestra única y verdadera oportunidad. Por eso es necesario centrar nuestra mirada en el presente, en el hoy concreto de nuestra propia realidad, y no tratar de culpar a Dios por los desastres naturales ocurridos y que muchas veces son también ocasionados por los mismos seres humanos, a causa de tantas agresiones a la naturaleza. También sería el caso de mirar otros sufrimientos que son verdaderamente culpables y de los cuales deberíamos pedir perdón a Dios. Bastaría mirar tan sólo una de las últimas guerras que ha cobrado muchas más vidas inocentes que los más recientes terremotos. De estos desastres causados por los seres humanos en contra de su prójimo, directa o indirectamente somos culpables cuando no hemos sabido sembrar la paz y la concordia, cuando dejamos que en nuestro corazón germinen pequeñas guerras que luego, poco a poco, se vuelven grandes. Cuando vamos esparciendo semillas de divergencias, de descontento y de malos entendidos, donde luego crecen el odio y las rencillas. Que el Señor nos ayude, en este tercer domingo de cuaresma, a encontrar la verdadera realidad de nuestra vida y a enderezar lo que no anda bien y a preparar nuestro paso definitivo al futuro. María Belén Sánchez fsp Temas Religión Fe. Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones